
La desnutrición en la primera infancia es un problema con obligaciones explícitas para el Estado y con mediciones oficiales que permiten dimensionar su alcance y sus brechas, de acuerdo con la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y la ENSANUT Continua 2024 de la Secretaría de Salud.
En México, el 14.1% de niñas y niños de 0 a 4 años presenta baja talla para la edad en el periodo de 2020 al 2024, con diferencias marcadas por lengua indígena, bienestar, territorio y región.
La ENSANUT Continua 2024, publicada por la Secretaría de Salud, reporta que 14.1% de la población de 0 a 4 años presenta baja talla para la edad en 2020-24.
Este indicador corresponde a desnutrición crónica, asociada con desmedro o retardo en el crecimiento lineal, y puede afectar el desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
En el marco jurídico, el artículo 50 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes establece el derecho a la protección de la salud y al más alto nivel posible de salud (Art. 50).
Asimismo, ordena la coordinación entre autoridades de distintos niveles de gobierno para, entre otras acciones, combatir la desnutrición crónica y aguda (Art. 50).
En materia de igualdad sustantiva, la ley señala que las autoridades deben diseñar, implementar y evaluar programas y políticas públicas mediante acciones afirmativas para eliminar obstáculos que impiden la igualdad de acceso y oportunidades a la alimentación (Art. 37).
La baja talla baja respecto de 1988, pero repunta frente a 2012
Los datos de ENSANUT Continua 2024 muestran una reducción de largo plazo en baja talla para la edad: en 1988 el porcentaje era de 26.9%, frente a 14.1% en 2020-24.
Sin embargo, entre 2012 y 2020-24 el indicador aumenta 0.5 puntos porcentuales, al pasar de 13.6% a 14.1%. En la comparación entre 2018-19 y 2020-24, la cifra pasa de 14.2% a 14.1%.
Lengua indígena, ICB, ruralidad y región concentran las brechas
En 2020-24, los hogares donde se habla lengua indígena registran una prevalencia más alta de baja talla para la edad en niñas y niños de 0 a 4 años, frente a hogares donde no se habla lengua indígena: 28.2% contra 12.6%.
Por condiciones de bienestar, a nivel nacional la prevalencia es mayor en el 33.3% con menor Índice de Condiciones de Bienestar (ICB), con 18.9%, que en el 33.3% con mayor ICB, con 9.3%.
Por ámbito, en 2020-24 la baja talla es ligeramente mayor en localidades rurales (16.7%) que en urbanas (13.2%).
Por región, el mayor porcentaje se observa en Península —Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán— con 21%, y en Pacífico-Sur —Guerrero, Morelos, Oaxaca y Puebla— con 20.3%. Pacífico-Norte —Baja California, Baja California Sur, Nayarit, Sinaloa y Sonora— reporta 5.9%.
Durante 2020-2023, la prevalencia disminuye conforme aumenta la escolaridad de la madre: 15.6% cuando la madre tiene educación básica o ninguna, frente a 9.4% cuando cuenta con nivel superior o mayor.
Bajo peso para la edad: 4.1% en 2020-24 y brechas persistentes
La ENSANUT Continua 2024 también mide la desnutrición global mediante bajo peso para la edad. En 2020-24, 4.1% de niñas y niños de 0 a 4 años presenta bajo peso para la edad.
La cifra disminuye frente a 1988 (10.8%), pero es superior a 2012 (2.8%) y baja respecto de 2018-19 (4.8%).
En hogares hablantes de lengua indígena, el porcentaje sube a 7.6% en 2020-24, mientras que en hogares no hablantes se ubica en 3.7%.
Por ICB, la prevalencia es de 5.1% en el 33.3% con menor índice y de 3.1% en el 33.3% con mayor índice. Por ámbito, el bajo peso es ligeramente mayor en localidades rurales (4.7%) que en urbanas (3.9%).
Durante 2020-2023, el indicador es de 5% cuando la madre tiene educación básica o ninguna, frente a 3.7% cuando tiene nivel superior o mayor.
Por región, los mayores porcentajes en 2020-24 se registran en Pacífico-Sur (6.5%) y Península (6.1%), mientras que el menor corresponde a Pacífico-Norte (1.7%).
Emaciación: 1.3% en 2020-24 y contrastes regionales
La desnutrición aguda se mide como bajo peso para la talla, indicador de emaciación. En 2020-24, la prevalencia de emaciación en la primera infancia es de 1.3%.
El dato es inferior al observado en 1988 (6.2%), menor que en 2012 (1.6%) y similar al de 2018-19 (1.4%).
En hogares hablantes de lengua indígena, la emaciación se ubica en 2% en 2020-24, frente a 1.2% en hogares no hablantes.
Por ICB, se observa 1% en el 33.3% con menor índice y 1.7% en el 33.3% con mayor índice. Por ámbito, 1.5% en localidades rurales y 1.3% en urbanas.
Por región, en 2020-24 el mayor porcentaje se registra en Pacífico-Centro —Colima, Jalisco y Michoacán— con 2.5%, mientras el menor corresponde a Pacífico-Norte con 0.8%.
REDIM plantea ajustes en programas alimentarios y estrategias de educación
Sobre acciones para reducir la desnutrición, la REDIM señala que existe un nivel alto de carencia por acceso a una alimentación variada y nutritiva, con afectaciones más marcadas en niñas y adolescentes mujeres y en población indígena.
Entre las medidas que plantea están revalorar la calidad de productos vinculados a programas públicos que atienden carencias alimentarias —como despensas, huertos familiares o comedores comunitarios— y promover una cultura alimentaria adecuada, nutritiva y culturalmente pertinente mediante estrategias de educación y comunicación que impulsen el consumo de alimentos saludables.
La red también plantea estrategias gubernamentales orientadas a garantizar la disponibilidad y cercanía de alimentos nutritivos y variados, particularmente en contextos indígenas.