Una gala llena de rostros conocidos, anécdotas personales y un objetivo compartido: que más personas se animen al consultorio antes de que la enfermedad les gane la partida. Así fue la sexta edición de la Noche Azul, organizada por Fundación GEDYT el martes 15 de septiembre. El encuentro no fue solo glamour y recaudación. Los números recolectados esa noche —290 millones de pesos— cuentan una historia más profunda: la de una enfermedad silenciosa que se puede frenar si se la detecta a tiempo.
El cáncer colorrectal avanza sin dar aviso. Afecta el colon y el recto, y en sus primeras etapas suele pasar desapercibido. Por eso los controles preventivos funcionan como un radar anticipado, identificando lesiones antes de que se conviertan en tumores o atrapando la enfermedad cuando todavía hay margen para actuar.
Puertas adentro: lo que mostró el trabajo en los barrios
La estrategia no es solo de laboratorio y consultorio. Fundación GEDYT aprendió hace tiempo que llegar a las personas donde viven hace toda la diferencia.
“Fuimos a los barrios. Puerta a puerta. A buscar a personas que nunca se habían hecho un estudio. Distribuimos más de 300 tests gratuitos. El resultado fue que el 92% de esos test volvieron para poder ser analizados. La voluntad de las personas está. Lo que tenemos que construir es un sistema capaz de llegar”, precisó Emilia Caro, directora de Fundación GEDYT y presidenta global de Women in Global Health.

Ese dato del 92% no es un número cualquiera. En contextos donde los obstáculos para acceder a la salud son reales —distancias, costos, desinformación—, casi nueve de cada diez personas que reciben un test se comprometen con su salud. El mensaje es claro: las barreras no siempre son de voluntad, sino de acceso.
Cuando la detección llega a tiempo
Los números cambian todo cuando la enfermedad se atrapa en sus primeras etapas. Fundación GEDYT reporta una tasa de recuperación de hasta el 90% en pacientes diagnosticados a tiempo. La comparación es brutal: cuando el cáncer colorrectal llega a etapas avanzadas, ese porcentaje cae dramáticamente.

“Detrás de cada uno de esos resultados hay algo mucho más importante que un número: hay una persona que tuvo la oportunidad de llegar a tiempo”, sostuvo Luis Caro, presidente de la fundación, durante la gala.
Ese mensaje resonó entre los asistentes. Médicos, empresarios, figuras públicas y tomadores de decisión escucharon historias de pacientes que superaron la enfermedad porque un control oportuno lo permitió. También hubo silencio para recordar a quienes no pudieron.
La patología afecta principalmente a mayores de 45 años, aunque los especialistas advierten sobre un fenómeno preocupante: cada vez hay más diagnósticos en personas más jóvenes. Por eso la prevención no espera edad.
Un plan federal de alcance territorial
Lo recaudado en la Noche Azul no es dinero que se disuelve en el aire. Los recursos de ediciones anteriores ya se transformaron en estudios realizados, profesionales capacitados y programas territoriales en marcha. Este año, la apuesta es más ambiciosa.
La Fundación anunció un Programa Federal de Prevención del Cáncer Colorrectal pensado para llegar donde los sistemas de salud convencionales tienen dificultades. El plan incluye expansión a provincias, capacitación de profesionales y acceso a estudios de detección.
Además, existe un proyecto en la Comisión de Salud del Congreso de la Nación que impulsa convertir la prevención del cáncer colorrectal en política pública. El objetivo es ambicioso pero realista: que el Estado reconozca la importancia de anticiparse a la enfermedad como estrategia de salud pública.
Con redes que ya suman más de cien instituciones colaborando, la fundación sienta las bases para una verdadera transformación territorial. No solo en Capital y Gran Buenos Aires. También en las provincias donde llegar al consultorio es, todavía, un lujo.




