Javier Milei, anoche, en cadena nacional

En el Gobierno planearon meticulosamente el modo en el que Javier Milei volvería, a través del anuncio por cadena nacional, al terreno que mejor le sienta: el del conflicto. Ahora se viene la confrontación”, dijo, con satisfacción, un importante colaborador del Gobierno esta mañana, luego de leer las críticas de los medios ingleses y las reacciones opositoras duras. Es lo que esperaban: una ola de choques, con un “nuevo” enemigo en común.

El choque con el kirchnerismo, si bien aún sirve a los intereses libertarios, empezó a dejar de mostrar eficacia en términos de mantener -ni siquiera sumar- adhesiones. Si bien están fuertes entre los jóvenes, vienen perdiendo votantes de los sectores más humildes, y la performance empeoró en el sector de los mayores de 40 y entre las mujeres, reconocen.

De hecho, una parte central del discurso del jefe de Estado anoche, rodeado de su Gabinete, fue la que mencionaba la búsqueda de “unidad nacional”. Por lo bajo, admiten en la Casa de Gobierno, donde arrecian los desentendidos, también necesitan unidad interna, y creen que Malvinas servirá también a esos fines.

Hay entusiasmo genuino entre los libertarios desde que el Presidente logró retomar el control de la agenda en los últimos días, con la causa de soberanía nacional. Convencidos, en privado aseguran que la última cadena nacional equiparable a la de anoche desde el retorno de la democracia fue el “Felices Pascuas, la casa está en orden” de Alfonsín tras el levantamiento carapintada, en 1987. “No hay otra causa como esta”, se entusiasmaron en Balcarce 50.

De todas formas, se muestran indignados cuando alguien señala que hay un grado de oportunismo -por no decir “demagogia”, entre otras palabras utilizadas por la oposición en las últimas horas- en el abrazo a la bandera de Malvinas. “Todo el que diga eso es un pelotudo”, sostuvieron, al estilo de Caputo. En la Casa Rosada aseguran que la causa es “genuina” y les restan importancia a los evidentes cambios de opinión del Presidente y del canciller, Quirno, sobre la causa Malvinas.

El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, distante pero con diálogo con el gobierno nacional a través de Diego Santilli, señaló como positivas las medidas, pero señaló esta transformación en las posturas. En el Gobierno no se encargaron de participar a la administración de la provincia a la que pertenecen las islas y donde se instalará la base naval anunciada por Milei. Dicen que la falta de comunicación fue porque dan por sentado que recibirán todo el respaldo que necesiten. “No tienen margen para hacer otra cosa”, dijeron.

Algunos están ansiosos por empezar a responder las reacciones internacionales y del arco opositor. Otros, algo más cautos, señalan la importancia de cuidar la diplomacia. “No podemos salir a decir armemos a los pibes y recuperemos las islas. Hay que tener un nivel”, acotó un importante asesor. En esas filas más conservadoras interpretaron y entendieron la respuesta de la petrolera Sea Lion como un modo de cuidar a sus inversores y sus acciones en bolsa. Pero añadieron: “Desde ya que va a haber consecuencias materiales”.

Tras el esplendor de los primeros meses del mileismo en el poder, con el “Pacto de Mayo” o la ley Bases, el mensaje de ayer fue leído como el regreso de Santiago Caputo a un tema de la política central después de un corrimiento que, dicen en Balcarce 50, es sólo aparente o, en todo caso, circunstancial. “Nunca se fue”, aseguran en la cúpula nacional. Así, el largo apagón mediático de sus alfiles terminó ayer, cuando salieron a “apropiarse”, en el plano de la interna con los Menem, del mensaje de Milei. Tanto la SIDE como la Cancillería que en los papeles conducen Cristian Augadra y Pablo Quirno son controladas por el asesor presidencial.

El asesor presidencial Santiago Caputo tuvo un rol protagónico detrás del discurso del Presidente

Detrás del mensaje del Presidente, en los días previos, bajó la orden de generar un silencio total. La primera plana nacional se replegó con los dientes apretados para evitar que se filtraran detalles de la medida. Y en especial en el sector de Santiago Caputo bajaron al mínimo las expresiones sobre este y cualquier tema, en off y en on.

Se generó un pacto de silencio luego de la decisión de que nadie dijera nada. “El anuncio era demasiado importante para spoilear algo”, sostuvo un alfil del sector. Sólo volvieron a la carga en la previa de la cadena, con una organizada red de mensajes repetidos, hashtags, entre imágenes del Presidente y del mapa de las islas con los colores de la bandera.

Desde entonces, en las redes, ante cualquier crítica, la respuesta por default es que cualquiera que cuestione las medidas del Presidente en torno a Malvinas está financiada por la embajada británica. Parecen creerlo, también: en las altas esferas del Gobierno están convencidos de que las versiones periodísticas de que la Argentina podía ser expulsada del Mundial y que la Selección había “aceptado” perder la final fueron parte de “el último ataque de la inteligencia británica”.

Por lo pronto, reina el disimulo sobre las especulaciones electoralistas. “Lo nuestro es pura convicción, todo lo otro son análisis políticos ajenos a nuestro gobierno”, es el discurso oficial. Detrás hay otros cálculos.