Durante décadas, Francia arrancó 12.000 kilómetros de setos para agrandar los campos. Entonces descubrió para qué servían cuando llovía

Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, la modernización agrícola transformó radicalmente Bretaña: pequeñas parcelas rodeadas de setos y taludes fueron agrupadas para crear campos mayores por los que pudieran circular tractores y maquinaria pesada. Aquello permitió construir una de las regiones agrícolas más productivas de Francia, pero también eliminó aproximadamente el 70% de su histórico bocage. 

El tiempo. Décadas después, la ciencia ha permitido comprender mejor algo que aquel proceso infravaloró: los setos no eran simplemente divisiones entre propiedades. Formaban una gigantesca infraestructura natural capaz de frenar la lluvia, favorecer su infiltración y evitar que suelo, nitratos y pesticidas acabasen rápidamente en los ríos.

Reino Unido está viviendo una invasión sin precedentes: en seis meses han capturado más pulpos que toda la flota gallega en dos años
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