Ruth E. Hernandez Beltrán
Nueva York, 6 sep (EFE).- Las consecuencias del 11S siguen presentes un cuarto de siglo después: 4.257 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) han sido diagnosticados con cáncer y 12.161 con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center.
Aquella soleada mañana del 11 de septiembre de 2001, Nueva York se convirtió en un escenario de destrucción, miles de muertos y heridos, incertidumbre, terror y llanto, mientras la ciudad quedaba tomada por soldados y agentes federales.
Pero también afloró la solidaridad de miles de bomberos y rescatistas que acudieron a la Zona Cero para salvar vidas, sin saber que muchos pagarían con su salud años después.
Con los años llegaron las enfermedades y, para algunos, la muerte: "Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día", asegura a EFE Joe Conzo, entonces técnico de emergencias médicas y uno de los miembros del Departamento de Bomberos diagnosticados con cáncer.
Alrededor de un millar tiene más de un tipo de cáncer, entre ellos Conzo, que en 2019 enfrentó un cáncer de hígado y después otro de páncreas por su exposición a las toxinas, lo que le llevó a retirarse.
"Llevo siete años en remisión", comenta satisfecho el extécnico de emergencias médicas, hoy dedicado a la fotografía, que aprendió de niño en El Bronx.
Después de los atentados, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aseguró que, tras un "riguroso monitoreo", el agua potable y el aire en el Bajo Manhattan eran seguros.
Pero según un reciente informe, 12.161 miembros del Departamento de Bomberos han sido diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas durante su trabajo en el World Trade Center.
Unos 4.496 miembros están certificados por al menos una afección de salud mental, y 10.562 por una afección de salud física.
Tras escuchar que un avión se había estrellado contra una de las torres, Conzo y su compañero se dirigieron al lugar, donde vieron a "miles de personas que salían corriendo y solo policías y bomberos iban en dirección contraria".
"Al entrar a un edificio, oí un ruido que parecía un tren y mi amigo corrió". El edificio se derrumbó y generó una enorme nube de polvo y humo que envolvió el Bajo Manhattan, y Conzo fue alcanzado por los escombros.
Poco después lo sacaron de allí: "Busqué agua, me lavé la cara, llamé a mi madre y busqué a mi compañero para saber si estaba bien", recuerda.
Una vez recuperado, permaneció en la Zona Cero hasta el día siguiente, ayudando a sobrevivientes, muchos trasladados a hospitales de la vecina Nueva Jersey.
"Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos", lamenta.
Izzy Miranda, entonces instructor en la academia de bomberos y posteriormente presidente del sindicato de técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del Departamento de Bomberos, tampoco olvida.
"Esos recuerdos -dice- están guardados como en una 'cajita' en tu cerebro".
Tan pronto supo del avión, salió de la academia junto a otros técnicos, bomberos y policías. Detuvieron un autobús de la ciudad, desalojaron a sus pasajeros y se dirigieron al lugar en medio de una inmensa congestión.
"Llegamos antes de que se cayera el primer edificio. Solo se veía humo y lo que parecían papeles cayendo, pero cuando mirabas bien, era gente tirándose. El primer bombero que murió allí fue porque le cayó una persona encima y lo aplastó", recuerda.
Mientras estaba en el edificio impactado en busca de sobrevivientes, escuchó "como un terremoto". Era el edificio que se estaba derrumbando, por lo que se alejó del lugar.
Pero la inmensa nube de polvo le alcanzó: "Parecía como algodón en la boca y no podía respirar. Me tiré debajo de un camión y usaba un pañuelo para proteger mi boca y nariz. Los ojos ardían".
Tras unos 15 minutos, entró a un edificio para lavarse y regresó.
"Antes de caerse las torres, sacábamos gente que trabajaba ahí. Después, la mayoría eran cuerpos desmembrados. Miraba si tenían tatuajes, una sortija o alguna joya" que ayudara a identificarlos, recuerda Miranda, quien también trabajó en la morgue improvisada que se levantó en el lugar.
Miranda luchó desde el sindicato por beneficios médicos para los miembros afectados, pero tampoco escapó a esa realidad: fue diagnosticado con apnea del sueño por problemas en las vías respiratorias y ha sido operado dos veces de la nariz por la exposición a los químicos.
De acuerdo con el Departamento de Bomberos, más de 600 miembros del FDNY han muerto por enfermedades que se sospecha están relacionadas con el 11S. EFE
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