El 81% de los hogares evaluados en el Corredor Seco depende de la agricultura de subsistencia, una condición que deja a miles de familias de Guatemala, Honduras y El Salvador expuestas a los efectos de la sequía asociada al fenómeno de El Niño durante 2026.
El informe de Oxfam señala que la falta de lluvias y las temperaturas elevadas golpearon los cultivos de maíz y frijol, que sostienen la alimentación y los ingresos de las comunidades rurales. La situación afecta además el acceso al agua, el trabajo agrícola temporal y la crianza de animales de patio.
En el Pacífico centroamericano, las precipitaciones no superaron el 60% del promedio histórico desde julio. El inicio tardío del invierno, las canículas prolongadas y la ausencia de lluvias suficientes para recuperar la humedad del suelo redujeron la capacidad de los hogares para enfrentar un nuevo ciclo agrícola.
La sequía dejó pérdidas de maíz en 9 de cada 10 comunidades
La evaluación abarcó 354 comunidades del Corredor Seco en Guatemala, Honduras y El Salvador. De ese total, el 80.8% registró al menos dos períodos de déficit de lluvia durante la siembra de primera, entre mayo y agosto. El 39.3% informó tres períodos secos.
La escasez de agua fue identificada como la principal causa de pérdida de maíz en 315 comunidades, equivalentes al 89% de las zonas consultadas. En contraste, el 84.5% no registró períodos de exceso de lluvia, lo que confirma un patrón de déficit hídrico sostenido.
El maíz tuvo pérdidas en 70,342 hogares y en 55,322 casos, los daños alcanzaron entre el 75% y el 100% de la producción. El frijol también sufrió afectaciones: 14,374 hogares reportaron pérdidas y 9,397 de ellos perdieron al menos tres cuartas partes de sus cultivos.
Para las familias campesinas, la cosecha representa alimento, semilla para la siguiente siembra y una fuente de recursos para comprar fertilizantes, medicinas o productos básicos. Cuando falla el cultivo, se reducen al mismo tiempo las reservas y las opciones de ingreso.

La postrera enfrenta menos siembras y hogares endeudados
La caída de la producción de primera ya condiciona el ciclo de la postrera, que se extiende entre agosto y diciembre. Más de 73 mil hogares sembraron maíz durante la primera, pero solo unos 27,500 prevén hacerlo en el segundo ciclo.
El descenso equivale a una reducción del 62% en el número de hogares que planean sembrar maíz y del 67.3% en el área cultivada. La falta de semillas propias, las deudas por la compra de insumos y la incertidumbre climática aparecen entre las principales razones.
En algunas zonas de Lempira, Honduras, la postrera no ofrece una alternativa para todos los productores por las condiciones del territorio y la falta de riego.
Un habitante de ese departamento resumió la situación en el informe: “Las familias que han producido más en la zona sembrando maíz ya no tienen reservas; toda la comunidad está consumiendo harina”.
La sequía también redujo las oportunidades de jornaleo agrícola, una actividad que complementa los ingresos de numerosos hogares. A esto se suman el aumento de precios de alimentos, la disminución de remesas y el retorno de migrantes que no lograron enviar recursos a sus familias.
El acceso al agua agrava la presión sobre las comunidades
La crisis se extiende a los sistemas de abastecimiento de agua. Entre los hogares que dependen de chorros públicos o sistemas comunitarios, el 67.3% informó una reducción del servicio, la proporción más alta entre las fuentes evaluadas.
La menor disponibilidad afecta el consumo doméstico, la higiene, la producción agrícola y el cuidado de animales. También aumenta la carga de trabajo de mujeres y niñas, que suelen encargarse de buscar, almacenar y administrar el agua en los hogares.
Las aves de corral fueron el activo pecuario más afectado. El 73,1% de los hogares que crían aves registró pérdidas, debido a la falta de agua, alimento y al calor. En comunidades rurales, estos animales aportan proteína y pueden venderse ante una emergencia.
Choluteca y El Paraíso, en Honduras; Morazán y San Miguel, en El Salvador; y Chiquimula y Jalapa, en Guatemala, figuran entre los territorios con prioridad muy alta por la combinación de pérdidas agrícolas, menor empleo, alza del maíz y afectaciones pecuarias.
El informe registra que 62,302 hogares priorizaron la necesidad de alimentos, mientras 58,074 solicitaron transferencias monetarias.



