La instalación de Georges Rousse en ArtexArte solo se revela como una imagen completa desde un punto preciso marcado en el piso.

El artista francés Georges Rousse presenta El espacio infinito, su primera instalación en Buenos Aires, en la galería ArtexArte, donde más de cuarenta años de obra dialogan con el universo literario de Jorge Luis Borges. En la planta baja del espacio cultural, un punto marcado en el piso invita al visitante a detenerse. Desde ahí, y solo desde ahí, la intervención de Rousse se revela como una imagen perfecta: un juego de colores plenos y formas geométricas que la pintura directa sobre paredes, pisos y objetos convierte en una ilusión óptica total. Cuando el espectador abandona ese punto y avanza, la ilusión se deshace. Lo que queda es el rastro del proceso, el espacio intervenido tal como es.

Georges Rousse nació en París en 1947. A los nueve años recibió una cámara Kodak de regalo y desde entonces la fotografía no lo abandonó. Estudió medicina en Niza, pero derivó hacia las técnicas de fotografía y revelado hasta abrir su propio estudio de fotografía arquitectónica. Fue el contacto con el Land Art y con las pinturas abstractas de Kazimir Malevich —en particular el Cuadrado negro sobre fondo blanco— lo que lo llevó, a fines de los años setenta, a intervenir directamente los espacios que fotografiaba. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1981 en la Galerie de France, en París.

Desde entonces, ha expuesto en los grandes museos del mundo —el Grand Palais de París, el Hirshhorn Museum de Washington y el Museo Nacional de Arte de China, entre otros— y ha participado en las bienales de París, Venecia y Sídney. Fue residente de la Villa Médicis en Roma (1985 y 1987), ganó el Premio del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York en 1988 y el Gran Premio Nacional de Fotografía de Francia en 1993. En 2008, sucedió a Sol LeWitt como miembro asociado de la Real Academia de Bélgica. Su obra forma parte de colecciones públicas en Europa, Estados Unidos y Japón.

De esa instalación, Rousse toma también la fotografía que cuelga en la pared: el registro definitivo de la obra, el único ángulo en que la imagen existe completa. Es el método que practica desde los años ochenta, cuando comenzó a intervenir fábricas, casonas y edificios abandonados en distintos lugares del mundo para crear piezas que solo la cámara puede capturar en su totalidad.

Georges Rousse presenta

Cuarenta años de obra atravesados por Borges

El espacio infinito, curada por la franco-peruana Marisa Sanabria Sequeiros, estructura el recorrido en cuatro ejes que conectan la obra de Rousse con los temas centrales de Borges: objetos imposibles, espejos, multiplicidad de formas y geometrías, nociones de infinito. Las obras de las salas del primer y segundo piso —fotografías de gran formato tomadas en Marsella, Vitry y otros puntos del mundo— permiten seguir la evolución del artista desde las intervenciones más densas de principios de los ochenta hasta las formas depuradas que caracterizan su trabajo hacia 2018.

La elección de los espacios nunca es azarosa. La predilección de Rousse por los lugares abandonados —fábricas vacías, casonas en desuso— produce piezas en las que un círculo de color o de papel de diario interviene y transforma entornos cargados de historia. En Vitry, en 2007, un círculo de fuego suspendido en una nave industrial vacía condensa esa tensión entre lo monumental y lo efímero,

El trabajo de Rousse nació como práctica fotográfica, pero la irrupción del retoque digital lo llevó a incorporar las instalaciones como parte del proceso. “Después de la irrupción del photoshop, me obligué a hacer instalaciones para mostrar cómo se trabaja. Para que la gente pueda comprender cómo se hacen las fotografías”, explicó el artista en un encuentro con periodistas en ArtexArte.

En un contexto saturado de imágenes generadas o alteradas por inteligencia artificial, esa dimensión artesanal adquiere un peso particular. Cada obra de Rousse se construye a mano, sin intervención digital, con las propiedades físicas del espacio, la luz y el color. “Si la fotografía es una reducción de la realidad, busco que las personas puedan entrar adentro de las mías. Habitar el espacio de las imágenes”, señala.

*El espacio infinito puede visitarse hasta el 7 de noviembre de 2026 en ArtexArte (Lavalleja 1062, CABA), de martes a viernes de 14 a 20 y sábados de 15 a 20 hs. La entrada es libre y gratuita.

[Fotos: gentileza ArtexArte]