El brote de ébola declarado a mediados de mayo en el este de República Democrática del Congo (RDC) ha rebasado ya los umbrales de los 6.800 casos y los 3.300 muertos, según han confirmado las autoridades, en medio de las alertas por el riesgo de que la propagación de la enfermedad supere totalmente las capacidades de respuesta, apoyadas por la comunidad internacional.

El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) ha indicado en su último boletín que hasta la fecha se han detectado 6.843 contagios y 3.310 fallecidos, incluidos 86 casos y 43 muertos durante las últimas 24 horas, especialmente en la provincia de Ituri, el epicentro del brote.

Asimismo, ha manifestado que hasta la fecha 1.611 pacientes se han recuperado de la enfermedad, mientras que 833 siguen hospitalizados o en aislamiento. De esta forma, la tasa de letalidad es del 48,4%, mientras que el seguimiento de contactos asciende al 86,5% en estos momentos.

Ituri acumula el 79,8% de los casos registrados en las seis provincias afectadas --Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé, Bajo Uélé, Tshopo y la propia Ituri--, con 61 de las 151 zonas sanitarias en estas regiones ya impactadas por la propagación del virus, según los datos del INSP.

El brote en RDC es ya el más mortífero en la historia del país, superando el registrado entre 2018 y 2020, con las proyecciones apuntando a que podría llegar a superar al registrado entre 2014 y 2016 en África occidental, que dejó 28.616 casos y 11.325 fallecidos en Guinea, Liberia y Sierra Leona, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

RDC --que en diciembre de 2025 decretó el fin de otro brote, en este caso en Kasai-- es considerado el país con más experiencia del mundo en el manejo del virus del ébola, habiendo enfrentado más de una docena de brotes desde que se identificó el virus en 1976 en un doble brote que tuvo uno de sus epicentros en la localidad congoleña de Yambuku, a orillas del río Ébola, del que tomó el nombre la enfermedad.