“Santos Godino que estás por los suelos, sacrificado sea tu nombre; venga a nosotros tu sino. Hágase tu crueldad así en la tierra como en sus dueños. Que se pudra en nuestras bocas el pan ajeno de cada día”. Así arranca la oración maldita que ocupa la contratapa de El petiso orejudo (ediciones Futurock), la sorprendente novela gráfica firmada por el cineasta uruguayo-argentino Israel Adrián Caetano y el artista plástico Juan Giribaldi. Una lujosa historieta, o libro dibujado, como dice el autor, que cruza palabras y colores, recursos gráficos e imágenes furiosas como la historia que relata.
El 31 de octubre se cumplen 130 años del nacimiento de Cayetano Santos Godino, el Petiso Orejudo. Un joven asesino y uno de los mayores sociópatas de la historia argentina, según wikipedia. Responsable del asesinato de cuatro niños, siete intentos de homicidio y el incendio de siete edificios. Si viajan a Ushuaia, su fantasma es una de las principales atracciones turísticas: terminó sus días en la llamada Cárcel del Fin del Mundo, donde entre otras cosas sufrió la mutilación de sus orejas, supuesto origen de su maldad.

Que Caetano haya hecho un cómic con su historia, en lugar de una película, responde precisamente a su extrema crueldad. “Siempre leí muchos cómics. Cuando era adolescente, antes de imaginarme haciendo películas me imaginaba haciendo cómics”, dice a TN.
“La historia de Petiso Orejudo siempre me venía para hacer una película, o un audiovisual, pero era muy cruel. No sé si me bancaba una película sobre él, ni sé si me bancaba hacerla. Es muy cruel toda su vida: lo que le pasó, todo lo que hizo y todo lo que le hicieron.
“Toda su vida es como una cosa espantosa, de locura pura. No tiene respiro la vida de este pibe. Ni la tuvo para los demás. Es muy cruel lo que hizo y lo que le hicieron”.
En pandemia, cuando todos pensábamos que no íbamos a hacer más películas ni series ni nada, me encontré con este amigo, con el que había trabajado en El otro hermano, en Sandro y Apache. Empezamos a pensar en un libro, luego en una serie animada, y al final se fue transformando en esto, en un libro de dibujos, una novela gráfica, que es lo que más le sienta”.

Las palabras tachadas como con bronca, los cambios bruscos de tipografía y diseño de páginas, los colores que irrumpen o desaparecen, todo fue un trabajo conjunto, cuenta el director. “Es como si hubiera dirigido un cómic en lugar de una película. La idea era lograr esa cosa medio espeluznante y desquiciada que tiene todo el universo de Godino. Toda su vida es como una cosa espantosa, de locura pura. No tiene respiro la vida de este pibe. Ni la tuvo para los demás. No lo estoy eximiendo de culpas pero creo que hay una comprensión un poco más amplia que intentamos en este libro”.

Volver a atravesar la historia del Petiso Orejudo implica, como siempre, cierta sensación de ahogo. “No tenía salida y nadie se preocupaba porque la tuviera”, dice Caetano. “Estamos discutiendo la baja de imputabilidad cuando a él a los 14 años lo metieron preso. La condena prematura fue algo que existió durante muchos años, con catorce uno podía ir preso. Con el Petiso, todo el mundo tenía la misma visión de él. un asesino horrible que mataba niños. Me parece que hay algo más complejo que eso. Nada lo exime de su culpa pero era una persona con una discapacidad mental severa, muy maltratada sistemáticamente por todos lados, y sin ningún tipo de contención para que no cometer los crímenes que cometió ni para tratar de encauzarlo de otra manera. Lo más ingenioso que se les ocurrió fue cortarle las orejas, una mutilación, y después se las pegan. Para mí es un experimento social. O un exponente de la sociedad de esa época que no difiere mucho de la de hoy, parece. Hoy estamos todos muy enajenados, celebrando y justificando cualquier cosa. Hay un gran retroceso”.

“Creo que todo crimen es muy particular”, continúa Caetano. “Me preocupan las medidas que son para todo el mundo, sin una discriminación de las cosas. Convertir una anomalía en una regla. Se busca el camino más fácil. Y en el caso de Godino también, estuvo en una cárcel junto con Radowitzky. Me causa mucho pavor toda su historia, me parece una desgracia gigantesca. Todo lo que él hizo, todo lo que vivió, todo lo que le hicieron, todo el entorno que le tocó, nunca hubo nada de luz. Un páramo sin sentimientos”.
“Estamos discutiendo la baja de imputabilidad cuando a él a los 14 años lo metieron preso. Una persona con una discapacidad mental severa, maltratada sistemáticamente y sin ningún tipo de contención”.
El director de la fundacional Pizza, birra y faso, de Bolivia, Un oso rojo y Crónica de una fuga, firmó también grandes éxitos televisivos: entre otros, Tumberos, El Marginal, Sandro de América y Apache, la vida de Carlos Tévez. En pandemia, se instaló en su Uruguay natal y dirigió el primer film uruguayo para la plataforma Netflix, Togo, además de incursionar en teatro con La gallina degollada de Quiroga, nada menos. ¿Cuándo vuelve a filmar aquí?
“Siempre estoy pensando en volver y extraño mucho filmar acá, pero pasó algo muy loco y es que desde 2018 no me han convocado”, cuenta. “Está difícil, no se filma mucho. Es un mal momento para los directores; estamos en manos de los productores, de las plataformas. Y al no tener tampoco subsidios como para generar cultura, es más difícil. Siento que la cultura está en desuso. Sólo está el entretenimiento, comiéndose todo, pero un entretenimiento bastante banal.
“La cultura está en desuso. Sólo está el entretenimiento, comiéndose todo, pero un entretenimiento bastante banal. Y es un mal momento para los directores; estamos en manos de los productores, de las plataformas”.
Es un momento raro. La pandemia fue fatal y se manejó de manera pésima. Siendo un país espacioso y gigante se podrían haber dado clases al aire libre, escalonadamente, de otras maneras. Es como con el tema de la baja de la imputabilidad: se dieron soluciones fáciles sin pensar en las consecuencias. En Uruguay estoy con proyectos, estuve haciendo teatro, hice una película y ahora empiezo una serie para el canal público de Montevideo.




