Circuito del Gran Premio de España de Fórmula 1. (Alejandro Higuera López)

Madrid ya ha vivido su fiesta de la Fórmula 1. Fernando Alonso, Antonelli, Verstappen, Norris, Hamilton o Carlos Sainz ya han pasado por el nuevo circuito madrileño pero, mientras Madring disputaba su carrera particular, también se corría otra en paralelo: la de las cifras.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, han repetido que la F1 no costaría “ni un euro de dinero público”. La organización recae en IFEMA, que firmó un contrato de 10 años para entrar en el calendario y que también ha defendido que la inversión se ha hecho con fondos propios.

Según los datos públicos, IFEMA ha movido 125 millones de euros para levantar el circuito. A esa cifra hay que sumar el canon que hay que pagar a Liberty Media, la empresa que ostenta los derechos de la Fórmula 1, y contrastarla con los 467 millones de impacto económico que recoge el informe de PwC.

Pero “impacto económico no es beneficio neto”, aclara Benito Pérez, doctor en Economía del Deporte, en conversación con Infobae. El experto reconoce que no es un gran sabio del motor, aunque sí es de los pocos economistas que se dedican a medir con datos lo que dejan en una ciudad los grandes eventos deportivos, como la Media Maratón de Madrid, estudio del que es coautor.

Lando Norris. (REUTERS/Albert Gea)

La lección de Valencia

Cuando pensamos en Madring, resulta inevitable echar la vista atrás y recordar el Jarama o el circuito de Valencia. Este segundo, el último en acoger un GP de España junto a Montmeló. “Era un circuito donde no había adelantamientos”, recuerda.

Y es que, para Pérez, una de las claves para que la F1 en Madrid tenga éxito es que guste: “Si la pista gusta, si los pilotos salen y dicen: ‘Esto es una pasada’, esta curva Monumental con 24 de peralte gusta. Si hay adelantamientos, si el Gran Premio se vive con pasión, va a haber 80 millones de telespectadores”.

Es decir, si la carrera funciona para la próxima década, es porque la gente quiere viajar a Madrid. Sin embargo, si pasa lo contrario y no gusta, “puede pasar lo de Valencia”, advierte: un asentamiento chabolista a la espera de un proyecto urbanístico para construir viviendas.

Circuito de Valencia. (REUTERS/Bruna Casas)

467 millones que no son beneficio

Uno de los puntos a aclarar es la gran cifra de impacto económico, que ha ido variando conforme se acercaba la cita. IFEMA llegó a presentar una previsión inicial de más de 450 millones de euros anuales para Madrid y más de 8.200 empleos vinculados al evento. La cifra más reciente, la que maneja el informe de PwC, eleva el impacto a 467 millones de euros, con unos 8.850 empleos asociados y cerca de 83 millones de euros de retorno fiscal.

Un aficionado que llega a Madrid, duerme en un hotel, come en un restaurante y compra una entrada genera un gasto directo. Después aparece el efecto indirecto. “Tú te gastas en el restaurante, pero el restaurante se ha gastado en comprar la carne, en pagar la luz, en pagar el gas”, explica Pérez. Ese movimiento de dinero entre empresas y trabajadores explica el multiplicador que utiliza PwC, de 3,9 euros de actividad económica por cada euro de gasto directo. “Es una cifra incluso a la baja”, apunta el experto.

Y otra cosa es lo que gane el Madring con el evento. Los 467 millones, por tanto, no pueden restarse de los 125 invertidos por IFEMA para concluir que el circuito ya ha sacado rendimiento económico. Quedando además, como destaca Antonio Ibáñez, coordinador de la Plataforma Stop F1, a este medio, los gastos ocultos de seguridad, movilidad y transporte público reforzados durante el fin de semana. Por tanto, según Constantino Blanco, portavoz de la misma plataforma, “el coste cero ya no existe y lo sabían”.

El “impacto negativo” del ruido

Hay una última cuenta que tampoco entra en los 467 millones de impacto: la de las molestias. El rugido de los motores se escuchó a varios kilómetros del circuito, afectando a 7.000 personas, señalan desde la plataforma y, especialmente, a los que viven más cerca, quienes muchos de ellos han optado por irse estos días.

Esto es un impacto negativo que hay que tener en cuenta”, subraya Pérez. Es una externalidad negativa, matiza, pero limitada a tres días al año, y la compara con otras tradiciones muy arraigadas, como las fiestas patronales. “Si tuviéramos en cuenta estas cosas, simplemente, no habría fiestas”, matiza.

El contrato de Madring con la Fórmula 1 se extiende hasta 2035. Pérez cree que, con las cifras conocidas, la inversión parece susceptible de amortizarse en “unos cuatro o cinco años”. “Los inversores arriesgan en función de previsiones”, concluye. Ahora, con la carrera ya disputada, se empezará a medir el impacto real, los datos reales de gasto y si Madrid acertó o no con la inversión.