
Bruno Vellas sostiene que la discusión sobre la longevidad saludable ya no pasa por sumar años, sino por retrasar el deterioro funcional desde mucho antes de la vejez. El geriatra francés afirmó a La Vanguardia que hoy “una persona de 70 años presenta una capacidad intrínseca comparable a la que tenía alguien de 60 hace apenas dos décadas”, y planteó que el objetivo médico debe ser preservar funciones físicas y mentales antes de que aparezca la dependencia.
La propuesta del especialista no se limita a una reformulación conceptual. Vellas defendió empezar a evaluar la función de las personas desde los 50 años y explicó que, en Francia, el programa ICOPE, impulsado por la Organización Mundial de la Salud, ya sigue a unas 150.000 personas mayores para detectar de forma precoz la pérdida de capacidad funcional.
Bruno Vellas, geriatra y director de centros de investigación sobre Alzheimer y envejecimiento en Toulouse, dijo que la clave es medir antes la capacidad funcional y la edad biológica. La tensión de fondo, según planteó, es que los sistemas sanitarios todavía continúan más enfocados en tratar enfermedades que en evitar la pérdida de autonomía.

Profesor de Medicina, fundador del IHU HealthAge de Toulouse y referente europeo en investigación sobre envejecimiento, Vellas situó esa estrategia en un punto de cruce entre salud pública, prevención clínica y riesgo neurodegenerativo. Su planteo es que la fragilidad no debe abordarse cuando ya se ha consolidado, sino en la etapa previa, cuando todavía puede prevenirse.
El médico también vinculó esa transformación con el avance de la medición de la edad biológica. A su juicio, cuando esa variable pueda evaluarse con precisión, será posible entender mejor por qué aparecen enfermedades asociadas al envejecimiento y diseñar tratamientos para prevenirlas o tratarlas.

Pasar de tratar enfermedades a preservar capacidades
Vellas describió un cambio de fondo en la manera de entender el envejecimiento. Según explicó, la medicina ha empezado a desplazarse desde un modelo centrado en tratar patologías hacia otro orientado a conservar capacidades esenciales como la visión, la audición, la movilidad, la memoria, el bienestar psicológico y la vitalidad.
Ese enfoque coincide con la definición de envejecimiento saludable de la Organización Mundial de la Salud. Para el especialista, el punto central es mantener la posibilidad de seguir haciendo aquello que cada persona valora en su vida, con una mirada integrada sobre funciones físicas y mentales.
En esa línea, sostuvo que la longevidad saludable puede terminar convirtiéndose en una nueva especialidad médica. “Creo que la longevidad saludable acabará convirtiéndose en una nueva especialidad médica, del mismo modo que ha ocurrido con la obesidad”, dijo Vellas, aunque advirtió que ese desarrollo debe asentarse en un marco “académico y científico” y no quedar solo en el terreno comercial.
Añadió que la expansión de este campo requiere bases formales de evidencia. Por eso señaló que, a principios de 2026, la Academia Nacional de Medicina de Francia publicará un informe de recomendaciones para fijar los fundamentos científicos de esta disciplina.
La fragilidad aparece antes de la dependencia
El geriatra colocó a la fragilidad en el centro del problema sanitario del envejecimiento. La definió como el paso previo a la dependencia y remarcó que sigue siendo una condición prevenible si se la identifica a tiempo.
“Porque la fragilidad es el paso previo a la dependencia y, lo más importante, todavía podemos prevenirla”, afirmó. Según detalló, durante años el sistema identificó a las personas cuando ya superaban los 80 años y acumulaban múltiples problemas de salud, una fase en la que intervenir resulta mucho más difícil.
Frente a ese esquema, defendió el programa ICOPE, impulsado por la Organización Mundial de la Salud, que propone monitorizar la evolución funcional con herramientas digitales como ICOPE Monitor. “Actuar precozmente es mucho más eficaz que esperar a que aparezcan la fragilidad o la dependencia”, sostuvo.

La edad biológica aparece como la nueva frontera para prevenir Alzheimer y otras enfermedades
Vellas vinculó el envejecimiento saludable con la investigación en Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Su tesis es que la edad biológica, más que la edad cronológica, permite explicar por qué algunas patologías emergen antes y con mayor agresividad.
“Cuando seamos capaces de medir correctamente la edad biológica, comprenderemos mucho mejor por qué aparecen las enfermedades relacionadas con el envejecimiento”, afirmó. Indicó que ya existen biomarcadores plasmáticos, aunque aclaró que todavía hacen falta muchos más antes de incorporarlos de forma rutinaria a la práctica clínica.
El especialista señaló que las tecnologías ómicas, la bioinformática y la inteligencia artificial impulsarán avances en ese campo en los próximos años. Para él, esa combinación permitirá pasar de una observación general del deterioro a una comprensión más precisa de sus mecanismos biológicos.
En el plano cognitivo, fue todavía más directo: “La edad biológica es, con diferencia, el principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de Alzheimer”. Sumó a esa explicación procesos como la inflamación asociada al envejecimiento, la alteración de la función mitocondrial y la acumulación de células senescentes como posibles dianas terapéuticas.

Biomarcadores, envejecimiento y límites del sistema sanitario
Durante su participación en el BCNPit de Barcelona, un encuentro sobre salud cerebral y enfermedad de Alzheimer, Vellas se refirió al impacto clínico de los nuevos biomarcadores. Afirmó que ya hay marcadores plasmáticos para enfermedades neurodegenerativas, aunque el desafío ahora es entender cómo influye el envejecimiento en su aparición y qué papel cumplen factores como el estilo de vida.
En ese punto mencionó el programa INSPIRE, que desarrollan en el IHU HealthAge, y expresó su expectativa de colaborar con grupos de investigación de Barcelona. La idea, según indicó, es unir el estudio de biomarcadores con el análisis de los procesos de envejecimiento que los rodean.
Ese horizonte científico convive, en su diagnóstico, con una estructura asistencial que todavía no acompaña el cambio. Consultado sobre si España y Francia están preparadas para preservar la capacidad funcional o siguen centradas en tratar enfermedades, respondió: “Sinceramente, todavía no, y este cambio debe abordarse cuando antes”.
También rechazó que la longevidad saludable deba entenderse solo como un beneficio individual. Dijo que, si se logra prevenir la dependencia, millones de personas mayores podrán seguir participando en la sociedad, incluso prolongando su vida laboral si así lo desean, con efectos sobre la calidad de vida, el crecimiento económico y la sostenibilidad de sociedades cada vez más envejecidas.




