La afirmación de Donald Trump de que podría rever la posición oficial de los Estados Unidos con respecto a las Islas Malvinas no fue casualidad. Desde hace meses y por distintos canales, el gobierno norteamericano viene utilizando el reclamo por las islas como un instrumento de presión para obtener un compromiso del Reino Unido de aumentar su presupuesto de defensa y apoyar de forma más firme las operaciones estadounidenses en el exterior.

En el primero de los casos, el del presupuesto militar, el Reino Unido se comprometió, al igual que los demás países de la OTAN, a llevarlo a cinco puntos del PBI para 2035. Pero Estados Unidos quiere asegurarse ese incremento del gasto e incluso, si es posible, acelerarlo.

Al mismo tiempo, Trump lo ha dicho públicamente: se sintió defraudado por no contar con el apoyo de quien históricamente ha sido su principal aliado en materia de defensa con respecto a la guerra en Irán.

Este escenario hizo que hace algunos meses se filtrara un memo del Pentágono en el que se planteaba la posibilidad de rever la posición con respecto a las Malvinas. En su momento lo publicó la agencia británica Reuters, lo que generó un fuerte debate dentro del Reino Unido, pero también puertas adentro de la administración norteamericana.

El canciller Pablo Quirno, durante un encuentro con el representante comercial adjunto de los EE.UU., Jeff Goettman. (Fuente: Cancillería)
El canciller Pablo Quirno, durante un encuentro con el representante comercial adjunto de los EE.UU., Jeff Goettman. (Fuente: Cancillería)

El propio Trump sabe que la diplomacia y los militares de carrera estadounidenses históricamente han advertido sobre las consecuencias negativas que puede tener una confrontación abierta y directa, al menos en términos discursivos, con su histórico aliado.

Son esos sectores los que, de distintas maneras, intentan disuadir a la Casa Blanca de cambiar su posición formal con respecto a las Islas Malvinas.

Posiblemente, esta postura haya hecho que Trump todavía se abstenga de realizar un pronunciamiento formal y oficial y solo haya mencionado el tema en una breve respuesta al pasar en el Salón Oval, como hizo con tantos otros asuntos sobre los que luego no terminó avanzando o no siguió adelante con lo prometido.

De todos modos, esta declaración, tal como anticipó TN meses atrás, era la que esperaba el gobierno argentino para mostrar hacia afuera un avance en lo que respecta al reclamo por la soberanía de las islas.

Sin embargo, hay quienes creen dentro del Gobierno que acelerar la presión en términos políticos, y no diplomáticos, podría no favorecer el objetivo final, que es lograr que el Reino Unido se siente en una mesa de negociación.

¿Por qué? Hay algunas hipótesis que sostienen que, frente a un cambio en la posición de los Estados Unidos, el Reino Unido podría adoptar una postura más defensiva, cerrarse todavía más en la justificación de la autodeterminación de los pueblos y alejar la posibilidad de plantear una mesa de conversación y diálogo, ya sea en organismos multilaterales o de forma bilateral.

Lo que la Argentina necesita es lograr sentarse en una mesa de negociación con el Reino Unido para discutir la soberanía y el control de las Islas Malvinas. Por más que parezca moderada, esta fue la estrategia histórica que, con algunos vaivenes, el país adoptó en materia de política exterior.

Es por eso que en las últimas décadas no se llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas, por ejemplo, la cuestión Malvinas, y el reclamo se concentra en el Comité de Descolonización.

Y es también por eso que el propio canciller, Pablo Quirno, buscó bajar las expectativas en torno a lo que significan los dichos del presidente de los Estados Unidos.

La declaración de Trump representa un paso importante en materia de apoyo de la Casa Blanca a la Argentina. Pero todavía queda un largo sendero por recorrer, en el que no solo tienen importancia los intereses argentinos y norteamericanos, sino que también se entremezclan otras cuestiones de máxima prioridad para los principales países del mundo, como la defensa, la cooperación económica y la reconfiguración global.