
Casi ocho meses después de la desaparición del barco pesquero Fiorella, representantes del Gobierno de Ecuador se reunieron con los familiares de los ocho pescadores que continúan sin ser localizados desde enero. El encuentro ocurrió el jueves 10 de septiembre en la Gobernación de Manabí, en Portoviejo, y se produjo después de meses de reclamos de los allegados, que han exigido información sobre las operaciones de búsqueda y una explicación sobre lo ocurrido en alta mar.
La reunión fue convocada por funcionarios de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Gobierno. Los familiares acudieron con fotografías de los pescadores y plantearon sus inquietudes sobre el avance de las investigaciones. Según el abogado Juan Alvia, representante de las familias, las autoridades se comprometieron a mantener las indagaciones y a buscar respuestas tanto dentro de Ecuador como mediante mecanismos internacionales.
El encuentro no produjo, sin embargo, un nuevo hallazgo sobre el paradero de los desaparecidos. Tampoco existe hasta ahora una confirmación oficial sobre qué ocurrió con el Fiorella.
La embarcación salió del puerto de Jaramijó, en Manabí, el 13 de enero de 2026 con diez tripulantes y tenía previsto realizar una faena de aproximadamente 25 días. Ocho permanecieron a bordo del barco nodriza mientras otros dos pescadores se encontraban en una lancha auxiliar. El 20 de enero se perdió la comunicación con el Fiorella.
Los dos pescadores que sobrevivieron relataron posteriormente que, después del mediodía, intentaron comunicarse con el capitán y observaron a la distancia lo que describieron como una columna de humo en la zona donde debía encontrarse el barco. Por la noche regresaron al punto previsto para el encuentro, pero no encontraron al Fiorella ni a la segunda lancha auxiliar.
La Armada ecuatoriana activó posteriormente operaciones de búsqueda y rescate. De acuerdo con la información entregada por el Estado ecuatoriano al Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas, se utilizaron medios navales y aéreos para delimitar las posibles zonas de búsqueda. La operación fue declarada en fase pasiva el 27 de febrero, sin que se localizaran los ocho pescadores ni la embarcación.
La Fiscalía mantiene una investigación por desaparición involuntaria. La institución reconoció ante Naciones Unidas las dificultades para investigar un hecho ocurrido en alta mar y señaló que no había logrado una coordinación efectiva y sostenida con las entidades encargadas de la búsqueda marítima.
El caso adquirió una dimensión internacional después de que organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional documentaran testimonios sobre la presencia de aeronaves y drones en la zona antes de la desaparición. Los familiares también han sostenido que el capitán del Fiorella les había informado sobre la presencia de una patrulla estadounidense y de drones en los días previos.
Esas versiones no han sido confirmadas oficialmente como la causa de la desaparición.
Una investigación publicada en agosto por The Washington Post abrió una nueva línea. El periódico estadounidense reportó, citando a una fuente con conocimiento de la operación, que los ataques contra pesqueros ecuatorianos ocurridos entre enero y marzo podrían haber formado parte de un programa de acción encubierta de la CIA. La investigación vinculó esa hipótesis con la desaparición del Fiorella y con los ataques posteriores contra los pesqueros Negra Francisca Duarte II y Don Maca. También identificó vuelos de un avión de vigilancia que operaba desde El Salvador en las fechas relacionadas con los incidentes.
La CIA no confirmó la existencia de esa operación. El Pentágono y la Guardia Costera estadounidense han negado haber participado en los ataques.

Mientras tanto, la desaparición del Fiorella continúa sin una explicación oficial definitiva. El caso también permanece bajo observación internacional después de que Naciones Unidas solicitara a Ecuador información y medidas para localizar a los ocho pescadores.
La reunión del 10 de septiembre representa el primer encuentro oficial del Gobierno con los familiares desde la desaparición, según los reportes conocidos sobre el caso. Para las familias, el compromiso de las autoridades abre una nueva etapa de seguimiento, pero la principal pregunta permanece sin respuesta: qué ocurrió con el Fiorella y con los ocho hombres que viajaban a bordo.




