Estudiantes de la Universidad de Costa Rica adaptan juguetes electrónicos para que niñas y niños con discapacidad puedan utilizarlos con mayor autonomía. Crédito: UCR

Recibir un juguete a control remoto puede convertirse en uno de los recuerdos más emocionantes de la infancia. Presionar un botón y observar cómo un automóvil avanza, retrocede o gira parece una acción sencilla, pero para un niño con parálisis cerebral, autismo u otra condición que limite su movilidad, esa experiencia puede representar un desafío.

Cambiar esa realidad es precisamente el objetivo del Hospital de Juguetes de la Universidad de Costa Rica (UCR), un espacio en el que estudiantes de diferentes carreras reparan y adaptan juguetes para que niñas y niños en situación de discapacidad puedan utilizarlos de acuerdo con sus capacidades y necesidades particulares.

El proyecto forma parte del Trabajo Comunal Universitario TCU-748 y es coordinado por Maribel Morales Rodríguez, docente de Educación Especial, y Marvin Coto Jiménez, profesor de Ingeniería.

La dinámica combina tecnología, educación, creatividad y conocimiento de diferentes disciplinas con un mismo propósito: hacer que el juego sea más accesible e inclusivo.

La adaptación comienza conociendo las necesidades de la persona que utilizará el juguete. Posteriormente, los estudiantes analizan qué modificaciones son necesarias para facilitar su funcionamiento.

En algunos casos, por ejemplo, modifican el sistema eléctrico de un juguete a control remoto para que pueda ser activado mediante un botón de mayor tamaño, evitando que el menor tenga que utilizar pequeños controles que requieren movimientos precisos de los dedos.

Para lograrlo pueden utilizar botones fabricados mediante impresión 3D, balones modificados para funcionar como interruptores u otros mecanismos diseñados según las necesidades particulares de cada persona.

“El Hospital de Juguetes es un espacio que nació con la necesidad de arreglar juguetes que estaban dañados y que eran de uso de varias maestras de Enseñanza Especial o de algunos niños que conocíamos en situación de discapacidad. Luego empezamos a notar que podíamos adaptarlos también, no solo arreglarlos”, explicó Morales.

A partir de esa experiencia surgió una dinámica que continúa actualmente. Una o dos veces al mes, dependiendo de la demanda, estudiantes y coordinadores reciben juguetes que necesitan ser reparados o adaptados.

Los productos terminados son entregados principalmente a fundaciones que trabajan con niñas y niños con discapacidad, aunque también se atienden casos individuales de personas y familias que solicitan apoyo.

La impresión 3D permite crear botones y mecanismos especiales que facilitan la interacción de menores con limitaciones de movilidad. Crédito: UCR

Ingeniería, salud, educación y arte en un mismo espacio

Una de las características particulares del proyecto es su carácter interdisciplinario.

Los estudiantes de Ingeniería pueden encargarse de modificar componentes eléctricos o mecánicos. Quienes pertenecen a Educación Especial ayudan a determinar cuáles mecanismos resultan más adecuados para las condiciones y capacidades de cada persona.

Los estudiantes de Artes pueden intervenir en la pintura y apariencia de los juguetes, mientras que jóvenes provenientes de carreras relacionadas con Salud realizan tareas como suturar elementos de tela que debieron abrirse durante las reparaciones.

A lo largo de los años, el proyecto ha contado con participantes provenientes de carreras como Medicina, Enfermería, Antropología, Filosofía, Historia, Ingenierías, Educación, Inglés y Francés, entre otras.

Antes de comenzar sus labores, los estudiantes reciben además capacitación sobre lenguaje inclusivo y respetuoso relacionado con la discapacidad, así como conocimientos tecnológicos básicos que les permiten participar en distintas actividades.

Para José Manuel Solís Quesada, estudiante de Ingeniería Eléctrica, esa diversidad constituye uno de los principales valores de la iniciativa.

“Nosotros lo vemos como muy desde la parte tecnológica o de la parte de que podemos adaptar eléctricamente o mecánicamente, pero ellos lo ven más como desde un punto de vista de qué necesita la persona”, comentó.

Su compañero Brandon Jiménez Campos, también estudiante de Ingeniería Eléctrica, destaca que el proyecto permite que niños históricamente excluidos de determinadas experiencias puedan participar directamente del juego.

“Esto permite incluir a las personas que tristemente en la sociedad han estado como más rezagadas, poder darles la oportunidad de tener sus propios juguetes”, señaló.

Para Jiménez, el cambio puede parecer pequeño desde el punto de vista tecnológico, pero adquiere otra dimensión cuando el niño descubre que puede controlar por sí mismo el juguete.

“Se les brinda la oportunidad de poder ver el juguete moverse, pero porque él o ella lo está haciendo moverse”, agregó.

Además de adaptar juguetes, los estudiantes desarrollan paredes sensoriales y un proyecto de inteligencia artificial para personas con discapacidad no verbal. Crédito: UCR

El proyecto ya trabaja con inteligencia artificial

El Hospital de Juguetes representa solo una de las actividades que se desarrollan dentro del TCU-748.

Los estudiantes también construyen paredes sensoriales destinadas a fundaciones y organizaciones, mientras comienzan a desarrollar un proyecto que pretende utilizar inteligencia artificial para generar voces destinadas a personas con discapacidad no verbal.

La iniciativa incluso registró una marca para identificar los productos tecnológicos desarrollados dentro del proyecto: TecnoInclusión UCR.

Morales destacó además que una parte importante de estas iniciativas se financia mediante recursos públicos destinados a la Universidad.

“Es importante rescatar que todo esto que se hace se hace con fondos públicos. Ese FEES realmente se ocupa y realmente se hacen cosas con él”, indicó.

Según la docente, los recursos destinados a Acción Social permiten que estudiantes y funcionarios universitarios puedan devolver conocimiento y herramientas a diferentes comunidades.

“El grueso del dinero que se utiliza es dinero que la Universidad da y ofrece a la acción social, donde nosotros, como personas estudiantes o funcionarios, le devolvemos a nuestras comunidades y poblaciones elementos con los que puedan seguir trabajando”, afirmó.

El proyecto recibe juguetes electrónicos dañados, usados o nuevos para repararlos, modificarlos y entregarlos a niños y organizaciones que los necesitan. Crédito: UCR

Buscan más juguetes para adaptar

Las donaciones también han sido fundamentales para mantener activo el Hospital de Juguetes.

Las primeras llegaron de familiares y amigos de los propios coordinadores. Posteriormente comenzaron a realizarse convocatorias mediante redes sociales para recibir juguetes electrónicos dañados, usados o nuevos.

Los estudiantes también desarrollan campañas de recolección entre sus familias y comunidades, mientras docentes de Educación Especial que conocen el proyecto llevan juguetes que requieren reparaciones o modificaciones.

Actualmente, el Hospital necesita tanto juguetes electrónicos dañados que puedan ser reparados como productos nuevos o en buen estado que puedan ser adaptados y posteriormente entregados a niños que los necesiten.

Las personas interesadas en realizar una donación o solicitar la adaptación de un juguete pueden comunicarse mediante el WhatsApp 2511-8909 o escribir al correo maribel.moralesrodriguez@ucr.ac.cr.

Detrás de las conexiones eléctricas, los botones impresos en 3D y las reparaciones existe, sin embargo, un objetivo que trasciende el funcionamiento del juguete: permitir que una niña o un niño pueda decidir cuándo activarlo, observar su reacción y experimentar el juego desde un lugar de mayor independencia.

Porque para quienes integran el proyecto, adaptar un juguete no significa únicamente modificar un objeto, sino darle a un niño la posibilidad de tomar el control de su propia experiencia de juego.