ARCHIVO - Vista del mar en Galápagos (AP Foto/Adrián Vásquez, Archivo)

Ecuador enfrenta una combinación de señales oceánicas que ha colocado al fenómeno de El Niño en una fase decisiva. La temperatura del mar en la región Niño 1+2, ubicada frente a las costas de Ecuador y Perú, registra anomalías de hasta 4,1 grados Celsius por encima de los valores normales, mientras el nivel medio del océano en varias estaciones del país permanece decenas de centímetros por encima de su promedio.

El calentamiento no es un dato aislado. El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (ERFEN) mantiene al país bajo el estado de El Niño Activo, aunque sus boletines técnicos advierten que el fenómeno todavía se encuentra en una fase de desarrollo y que su evolución dependerá de lo que ocurra durante las próximas semanas. El boletín más reciente disponible, publicado el 4 de septiembre, mantiene esa caracterización.

La principal señal está en el Pacífico oriental. En la región Niño 1+2, una de las áreas oceánicas más relevantes para Ecuador por su cercanía con la costa continental, las anomalías térmicas han llegado a 4,1 grados. Las temperaturas del agua se han ubicado entre 26 y 28 grados Celsius, según información difundida por organismos vinculados al monitoreo del ERFEN.

Pero el calentamiento de la superficie es solo una parte del fenómeno. Las expediciones científicas realizadas frente a Ecuador durante este año encontraron que las aguas cálidas han penetrado a profundidades inusuales. El crucero oceanográfico del buque BAE Orión detectó en junio una anomalía cercana a los 2 grados Celsius en una columna de agua que se extendía hasta unos 100 metros de profundidad, cuando en condiciones normales el calentamiento superficial suele concentrarse mucho más cerca de la superficie.

Esa alteración modifica la estructura del océano y afecta procesos fundamentales para la productividad marina. El calentamiento y el hundimiento de la termoclina reducen el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes hacia la superficie, un fenómeno que puede repercutir en la distribución de especies y en la actividad pesquera.

A este escenario se suma otra variable: el aumento del nivel del mar. A finales de agosto, las mediciones de estaciones del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada registraban incrementos de hasta 40 centímetros en puntos de la costa y Galápagos. El aumento está relacionado con la expansión térmica del agua y la acumulación de masas cálidas en el Pacífico.

La elevación del océano puede adquirir especial importancia cuando coincide con oleajes y aguajes. En las zonas costeras, un nivel del mar más alto reduce el margen disponible para el drenaje natural y puede aumentar la vulnerabilidad de sectores bajos frente a inundaciones costeras.

El mapa interactivo habilitado por el gobierno de Ecuador para monitorear las alertas del fenómeno de El Niño.

Sin embargo, los especialistas han insistido en una diferencia fundamental: un océano excepcionalmente cálido no significa automáticamente que Ecuador experimentará lluvias extremas. Para que los efectos atmosféricos asociados a El Niño se consoliden plenamente debe producirse un acoplamiento entre las condiciones del océano y la atmósfera.

Esa distinción es ahora uno de los puntos centrales del monitoreo científico. El Inocar había advertido durante los últimos meses que la evolución entre septiembre y los meses posteriores sería clave para determinar cómo responderá la atmósfera al calentamiento registrado en el Pacífico.

Las proyecciones del ERFEN apuntan a que el mayor impacto potencial del fenómeno en Ecuador podría concentrarse entre noviembre de 2026 y marzo de 2027, coincidiendo con la temporada lluviosa. Los escenarios técnicos contemplan un evento que podría alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte desde el punto de vista oceánico, aunque esa clasificación no determina por sí sola la magnitud de las inundaciones, las lluvias o el incremento de los caudales que podrían producirse en el país.

La diferencia es relevante porque Ecuador ya conoce las consecuencias de episodios extremos asociados a El Niño, pero los científicos evitan establecer comparaciones automáticas con eventos históricos como el de 1997 y 1998 únicamente a partir de la temperatura actual del océano.