El médico de 99 años que camina 6 mil pasos al día y atiende a sus pacientes con IA: “Tengo más ideas que tiempo”
Alberto Chab Tarab tiene 99 años y una rutina que todavía está llena de proyectos . Se levanta entre las nueve y las diez de la mañana, medita, desayuna yogur casero con frutas y frutos secos, lee, escribe, atiende pacientes y camina unos 6000 pasos por día. También habla con sus hijos, cocina para
Alberto Chab Tarab tiene 99 años y una rutina que todavía está llena de proyectos. Se levanta entre las nueve y las diez de la mañana, medita, desayuna yogur casero con frutas y frutos secos, lee, escribe, atiende pacientes y camina unos 6000 pasos por día. También habla con sus hijos, cocina para sus nietos y usa ChatGPT para aprender cosas nuevas.
No se presenta como alguien que encontró una fórmula para vivir muchos años. Al contrario, sostiene que cada persona tiene que encontrar su propia manera de vivir bien. “La vida es como una pieza musical y cada uno tiene que tocar la propia”, explicó a TN.
Chab Tarab estudió Medicina después de descubrir a Freud cuando tenía 15 o 16 años. Para recibirse tuvo que trabajar durante la carrera y hacer distintos trabajos que le permitieran sostener sus estudios y su formación como psicoanalista. A los 99, sigue trabajando, escribiendo y pensando en lo que todavía quiere hacer.
Uno de sus próximos proyectos ya tiene forma. Está por publicar un libro sobre su vida, pero no quiere que sea una biografía tradicional. Busca contar su historia dentro de cada época: su infancia en San Telmo, la adolescencia, los años de estudio, su trabajo como médico y su experiencia con personas mayores.
Además, tiene otro libro en la cabeza. Quiere escribir sobre la relación entre el cuerpo y la mente, pero con un lenguaje que pueda entender cualquier persona. “Me gusta que la gente sepa que todo tiene que ver con todo”, dijo. Espera que sus 99 años le den tiempo para terminarlo.
A los 99 años, Alberto sigue atendiendo pacientes, escribiendo, leyendo y caminando 6000 pasos por día. (Foto: Alberto Chab Tarab)
Su día empieza con una práctica que considera importante: la meditación. Después desayuna, hace algo de gimnasia y, si puede, sale a caminar. Tiene un objetivo concreto: 6000 pasos todos los días. Si no los cumple, se lo recrimina a sí mismo.
También lee y escribe mucho. Por la mañana suele pensar en sus sueños y por la tarde aparecen nuevas ideas. “Tengo más ideas que tiempo”, contó entre risas. Para él, mantener la cabeza ocupada no significa trabajar sin parar, sino tener motivos para levantarse cada día.
El arrepentimiento que descubrió con los años
Pero la edad también le permitió mirar hacia atrás y reconocer algo que hoy haría distinto. Chab Tarab dice que se arrepiente dehaber trabajado demasiado cuando sus hijos eran chicos.
Lo hizo porque había conocido la pobreza y quería darles seguridad económica. Con el tiempo entendió que hubo algo que el dinero no podía devolverle. “Perdí la infancia de mis hijos”, reconoció.
Hoy piensa que habría sido mejor hacer menos viajes al exterior y dedicar más tiempo a jugar con ellos en una plaza, llevarlos al pediatra, contarles cuentos o simplemente sentarse a hablar. “Esos momentos no se recuperan”, lamentó.
Por eso, cuando habla de felicidad, no pone el foco en los logros profesionales ni en la acumulación de dinero. Habla de los vínculos. “Si tuviera que elegir tres cosas, pondría las tres cosas fundamentales en los vínculos”, sostuvo.
A los 97 años se volvió viral
Alberto se convirtió en una figura viral en redes sociales después de los 90 años. (Foto: gentileza Alberto Chab Tarab)
Su historia llegó a miles de personas cuando tenía 97 años. Una de sus nietas le hizo un video de 50 segundos durante una cena familiar. En ese momento contó que seguía trabajando, que escribía y que extrañaba a sus amigos, muchos de los cuales habían muerto.
El video tuvo una repercusión que él no esperaba. “Me escribieron unas 2000 personas”, contó. Después llegó una comunidad en redes sociales que encontró en sus palabras algo conocido: la soledad, la pérdida de amigos y la necesidad de volver a crear vínculos cuando pasan los años.
“A partir de esa experiencia creé un grupo de personas de entre 93 y 99 años. Nos reunimos cada 15 días, hablamos de nuestra vida, recordamos personas que fueron importantes y compartimos películas, libros, música y textos. Ya llevamos alrededor de 50 encuentros”, contó.
Chab Tarab considera que ese grupo también se convirtió en una forma de combatir la soledad. Incluso tiene una regla: no hay subgrupos. Todos escuchan a todos, hacen preguntas y comparten experiencias.
En las reuniones también empezaron a aparecer nuevas actividades. Algunas personas se animaron a escribir después de toda una vida de postergar ese deseo. Otras comenzaron a compartir libros, recomendar películas o hablar de música. “El humor no es poca cosa”, asegura el psicoanalista.
Qué pueden aprender los jóvenes de las personas mayores
Alberto asegura que todavía tiene más ideas que tiempo para desarrollarlas. (Foto: gentileza Alberto Chab Tarab)
Para Chab Tarab, el aprendizaje también funciona al revés. Los adultos mayores tienen mucho que aprender de los jóvenes, sobre todo en relación con la tecnología. Él mismo usa ChatGPT para buscar información, hacerse preguntas y acercarse a conocimientos nuevos.
Pero cree que los jóvenes también pueden aprender algo de las personas mayores: la paciencia. “Los adolescentes tienen una velocidad increíble que los grandes ya no tenemos”, explicó. Por eso pide que exista tolerancia y que las nuevas generaciones estén dispuestas a explicar las cosas más de una vez.
“Nosotros éramos los maestros de los jóvenes, pero ahora ellos son los maestros nuestros”, dijo. Para él, quedar afuera de la tecnología puede generar aislamiento y tristeza. Aprender cosas nuevas, en cambio, le permite seguir conectado.
A los 99 años, Chab Tarab no habla de la vejez como una etapa de cierre. Habla de proyectos, vínculos y curiosidad. También de movimiento: caminar, hacer gimnasia, leer, escribir, meditar y cocinar para su familia.
Y tiene un mensaje para quienes todavía tienen mucho camino por delante. No hay una fórmula única para vivir bien. Cada persona, dice, tiene que encontrar su propia melodía y decidir qué instrumentos quiere tocar. “Si a los 90 y pico de años yo lo pude hacer, ¿por qué no lo podés hacer vos a tu manera a los 20, 30 o 40?”, cerró.