
El mar Mediterráneo se está calentando y volviendo más salado a una velocidad creciente, un cambio que ya no se limita a la superficie. Las mediciones disponibles muestran que la transformación alcanza miles de metros de profundidad y es más marcada en el centro y el este de la cuenca, con el Adriático como el punto de mayor aceleración.
El aumento de la temperatura del agua forma parte de una tendencia mundial. La NASA indica que el océano absorbe alrededor del 90% del exceso de calor asociado al calentamiento del planeta, una capacidad que modera parte del aumento de la temperatura del aire, aunque modifica las condiciones marinas.
En el Mediterráneo, el proceso combina más calor y más sal. Un informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos señaló que el contenido de calor de este mar mostró un incremento sostenido desde la década de 1990 y un ascenso pronunciado en los últimos años. La salinidad, que expresa la cantidad de sales disueltas en el agua, también cambia con la evaporación y las precipitaciones.
La novedad es que la aceleración se registró a gran profundidad. El calentamiento y la salinización afectan propiedades que definen el movimiento de las masas de agua, como la densidad, y por eso el fenómeno trasciende las temperaturas de la costa o de la capa superficial.
Los cambios llegan hasta 4.000 metros de profundidad

Un estudio publicado en Geophysical Research Letters, revista de la American Geophysical Union, analizó registros de temperatura y salinidad reunidos entre 1950 y 2025 mediante campañas oceanográficas y flotadores robóticos. El equipo encontró que ambos indicadores aumentan en casi toda la cuenca y que el ritmo de esa subida se aceleró.
Según el trabajo, las tendencias de calentamiento y aumento de salinidad son significativas hasta profundidades de entre 3.000 y 4.000 metros. La propia aceleración se detectó hasta cerca de los 2.500 metros. Se trata de un dato relevante porque muestra que el cambio no queda restringido a las capas de agua que están en contacto directo con la atmósfera.
Desde 2000, las aguas superficiales del Mediterráneo se calentaron alrededor de 0,5 grados Celsius por década, entre dos y tres veces más rápido que el promedio del océano mundial, de acuerdo con la investigación. Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, el aumento en la mayor parte de la cuenca había sido inferior a 0,1 grados Celsius por década.
El estudio también identificó zonas con una aceleración de hasta 0,3 grados Celsius por década en cada década analizada. A la vez, en algunas áreas cada kilogramo de agua ganó aproximadamente una décima de gramo de sal por década.
Los resultados no establecen que todos los sectores cambien del mismo modo, pero sitúan al Mediterráneo central y oriental entre los espacios con las variaciones más intensas.
El Adriático cambia la circulación de las aguas profundas

La temperatura y la salinidad determinan la densidad del agua. El Centro Universitario para la Investigación Atmosférica, con sede en Estados Unidos, explica que el agua fría suele ser más densa que la cálida y que el agua más salada también pesa más que la menos salina. Estas diferencias favorecen o dificultan que las aguas de superficie se hundan y se mezclen con las capas profundas.
En buena parte del Mediterráneo, el calentamiento vuelve más liviana el agua superficial y puede limitar esa mezcla vertical. En el Adriático, sin embargo, los vientos fríos del invierno contribuyen a que el agua de superficie se enfríe y gane densidad. Ese mecanismo convierte a la zona en uno de los lugares donde se forma agua profunda del Mediterráneo.
La investigación difundida por la American Geophysical Union observó que, desde 2000, las aguas profundas del Adriático meridional se calentaron aproximadamente seis veces más rápido que las de una cuenca mediterránea típica. El agua continúa hundiéndose porque el aumento de la salinidad compensa parte del efecto del calentamiento, aunque ahora desciende con valores más altos de temperatura y sal.
Los cambios en esa dinámica importan porque la circulación entre superficie y profundidad participa en la distribución de calor, oxígeno y nutrientes. El estudio no midió de forma directa la disponibilidad de ese gas, pero advierte que el aumento de la temperatura reduce la capacidad del agua para retenerlo. El Mediterráneo, un mar casi cerrado y de circulación rápida, ofrece así una señal de la velocidad con que un sistema marino puede responder a un clima más cálido.

