El Niño seguirá activo en Argentina durante la primavera, con lluvias por encima de lo normal en el Litoral y riesgo de crecidas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fenómeno de El Niño ya está instalado en Argentina y los pronósticos oficiales coinciden en que mantendrá una intensidad fuerte o muy fuerte durante los próximos meses, con una incidencia más marcada entre la primavera y el inicio del verano.

La señal ya no se presenta como una hipótesis climática, sino como un factor activo que condiciona el régimen de lluvias, el comportamiento de las grandes cuencas y la planificación productiva en distintas regiones del país.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó en su boletín de septiembre de 2026 que las condiciones del ENOS corresponden a la fase cálida y que existe una probabilidad del 100% de que El Niño se mantenga en el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con una intensidad fuerte o muy fuerte.

Ese diagnóstico coincide con la perspectiva difundida en las últimas semanas por distintos organismos y especialistas, que ubican el período de mayor impacto entre fines de la primavera y los primeros meses del verano.

Un mapa comparativo del océano Pacífico detalla las anomalías de la superficie marina en diciembre de 1997 y diciembre de 2015 durante el fenómeno El Niño.

José Luis Stella, climatólogo del SMN, explicó a Infobae que la comunidad meteorológica venía anticipando desde hace meses la posibilidad de un episodio de gran magnitud. “Se pronosticaba que iba a ser un evento muy fuerte y en estos meses se fue confirmando”, señaló.

Aunque la clasificación puede variar de un centro internacional a otro, el escenario general no cambió: Argentina atraviesa una fase de El Niño que persistirá durante varios meses y que obliga a seguir de cerca su evolución.

Los primeros efectos ya comenzaron a observarse durante el invierno. Stella detalló que a mediados de julio aparecieron señales compatibles con el patrón típico del fenómeno, con alteraciones en la circulación atmosférica y una sucesión de eventos extremos en distintas zonas del Cono Sur.

“Se vio un poco la circulación asociada y todos los fenómenos extremos que estuvieron atravesando parte de la cordillera. Chile estuvo muy afectado, Argentina, nevadas históricas, lluvias en el litoral, lluvias en Patagonia, frío en Patagonia sur”, indicó.

La OMM advirtió que El Niño se intensificará hasta febrero de 2027 y que el monitoreo con alertas tempranas será clave para anticipar tormentas e inundaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

El norte del Litoral concentra la principal señal de lluvias por encima de lo normal

En el caso argentino, uno de los rasgos más claros del actual episodio aparece en el noreste y el Litoral, donde los pronósticos estacionales marcan la mayor probabilidad de precipitaciones superiores a la media. El informe climático trimestral del SMN para septiembre, octubre y noviembre ubica al norte del Litoral entre las zonas con señal más marcada de exceso de lluvias.

Stella sostuvo que esa región “es la clave” en esta etapa del fenómeno, aunque advirtió que con el avance de la primavera las probabilidades de lluvias superiores a lo normal podrían extenderse hacia el sur y el centro del país. Bajo un evento fuerte o muy fuerte, agregó, toda la franja húmeda y el este de Argentina quedan más expuestos a episodios de precipitación abundante, con riesgo de acumulados por encima de los promedios históricos.

Otros informes recientes indican que en sectores de Misiones y el norte de Corrientes las anomalías previstas para septiembre podrían superar los 150 a 200 milímetros, en zonas donde normalmente llueven entre 120 y 150 milímetros durante ese mes. De cumplirse esa proyección, los acumulados podrían ubicarse por encima de 300 milímetros.

Pronóstico trimestral del SMN: lluvias superiores a lo normal en el norte del Litoral, el oeste de Cuyo, La Pampa, sudoeste de Buenos Aires y el noreste de Patagonia

El riesgo hídrico no depende solo de la lluvia local

El impacto de El Niño no se limita al lugar donde cae la precipitación más intensa. En Argentina, una parte central del problema está asociada a la respuesta de las grandes cuencas, en especial las de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, donde las lluvias en territorios aguas arriba pueden traducirse en crecidas, desbordes y anegamientos en zonas ribereñas varios días o semanas después.

Ese punto aparece de manera reiterada en los informes técnicos sobre la campaña 2026/27. El INTA advirtió que estas cuencas y sus tributarios podrían presentar situaciones de riesgo para producciones y poblaciones rurales cercanas a los planos fluviales, debido al aumento del caudal y de la altura de los cursos de agua.

Las crecidas de los ríos Paraná e Iguazú pueden intensificarse a partir de lluvias excesivas en la cuenca alta. Eso amplía el alcance del fenómeno: aun cuando una provincia no reciba el máximo acumulado local, puede verse afectada por la dinámica regional del agua, con consecuencias sobre puertos, rutas, caminos rurales, barrios bajos y áreas productivas.

La región pampeana y Buenos Aires entran en una etapa de mayor vigilancia

Aunque la señal más nítida se concentra en el noreste, los pronósticos no excluyen a otras áreas. El escenario previsto para la primavera incluye lluvias entre normales y superiores a lo normal en sectores del centro-este del país, junto con temperaturas por debajo de la media en parte del centro y del sur. En ese marco, Buenos Aires, La Pampa, el sudoeste bonaerense y zonas del centro del país aparecen bajo una vigilancia creciente.

Buenos Aires, La Pampa y el centro-este del país entran en una etapa de vigilancia por lluvias frecuentes, tormentas intensas y suelos con menor capacidad de absorción  (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para esas regiones, el problema no pasa solo por la posibilidad de lluvias frecuentes, sino por el estado previo de los suelos. Cuando los perfiles ya están cargados o las napas se mantienen altas, la capacidad de absorción disminuye y aumenta el riesgo de anegamientos ante nuevos eventos. En términos urbanos, eso también implica mayor presión sobre desagües pluviales e infraestructura de drenaje.

Los expertos en meteorología indican que la primavera será la etapa clave para observar cómo evoluciona el fenómeno en el AMBA, donde la principal preocupación pasa por lluvias más frecuentes, tormentas intensas y acumulados importantes en lapsos cortos.

Para el sector agropecuario, el INTA remarcó que el impacto del fenómeno no es uniforme y depende de la región, de la posición del lote y del momento del ciclo productivo. El organismo señaló que “los extremos de excesos hídricos se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas”, mientras que otras áreas pueden atravesar años Niño con condiciones favorables e incluso excepcionales para la producción.

José Luis Stella señaló que los primeros efectos de El Niño ya se observaron en invierno con alteraciones atmosféricas y eventos extremos en el Cono Sur (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ONU alertó que el fenómeno de El Niño durará hasta febrero y será “muy fuerte”

“El fenómeno de El Niño se está volviendo gigantesco ante nuestros ojos”, advirtió ayer la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El organismo remarcó que “la ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando” y que el fenómeno de El Niño se intensificará durante los próximos meses y alcanzará una magnitud muy fuerte, con efectos que podrían extenderse hasta febrero de 2027 y repercusiones climáticas durante buena parte de ese año.

El organismo señaló que existe una probabilidad “extraordinariamente alta, cercana al 100%” de que el actual episodio persista hasta febrero.

El Niño eleva la temperatura de la superficie en el Pacífico ecuatorial central y oriental, con efectos sobre los vientos, la presión atmosférica y las lluvias en distintas regiones del mundo.

El SMN informó que existe una probabilidad del 100% de que El Niño persista en el trimestre septiembre, octubre y noviembre de 2026  (NASA)

“El Niño está claramente establecido y se intensificará hasta convertirse en un fenómeno muy fuerte en los próximos meses, con grandes impactos en los patrones de precipitación y temperatura, y los riesgos asociados a inundaciones, sequías y calor extremo”, afirmó la agencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El seguimiento de corto plazo será decisivo

Más allá de las tendencias estacionales, el meteorólogo Stella insistió en que la clave en los próximos meses estará en el monitoreo permanente. “Ahora lo importante es el monitoreo, el seguimiento de estos fenómenos, de posibles fenómenos más severos o más intensos que puedan ocurrir”, afirmó.

La advertencia apunta a una diferencia central entre pronóstico climático y pronóstico operativo: el primero marca probabilidades para un trimestre; el segundo permite anticipar eventos concretos en escalas de días o semanas.

“Ahora lo crucial va a ser mantenerse informado con los pronósticos de menor escala, ya sea una, dos semanas, un mes”, enfatizó el climatólogo. En otras palabras, que exista una señal robusta de El Niño no alcanza para definir por sí sola dónde y cuándo ocurrirá cada tormenta fuerte. Para eso, seguirá siendo determinante la consulta de alertas tempranas, pronósticos diarios y perspectivas semanales.

Los primeros efectos de El Niño en Argentina aparecieron en invierno con alteraciones en la circulación atmosférica y eventos extremos en el Cono Sur (Imagen Ilustrativa Infobae)

El propio SMN viene subrayando que sus pronósticos trimestrales no indican un valor exacto de lluvia o temperatura para cada localidad, sino una tendencia de probabilidad. Esa aclaración es central en una etapa en la que el país ingresa en los meses de mayor sensibilidad del fenómeno.

Con el episodio ya consolidado y con una probabilidad del 100% de persistencia durante septiembre, octubre y noviembre, el panorama para Argentina combina una certeza y una incógnita. La certeza es que aumentan las probabilidades de lluvias abundantes, excesos hídricos y presión sobre cuencas y zonas vulnerables.

La incógnita será la distribución concreta de esos eventos y la capacidad de anticipación de cada región frente a una primavera y un verano que se perfilan bajo la influencia plena de El Niño.