
En uno de los pocos lugares tropicales donde habitan pingüinos, una alteración en las aguas del Pacífico puede decidir la supervivencia de colonias enteras. Científicos y organizaciones de conservación advierten que un fenómeno de El Niño más intenso de lo habitual podría poner en riesgo a especies animales y vegetales únicas de las islas Galápagos, debido al aumento previsto de la temperatura del mar y a las lluvias que acompañan al evento climático.
El archipiélago ecuatoriano, situado a unos 1.000 kilómetros de la costa de Ecuador, reúne más de 230 islas, aunque solo cuatro tienen población permanente. Su aislamiento permitió la evolución de especies que no existen en ningún otro sitio y convirtió a este territorio en una referencia mundial para el estudio de la biodiversidad desde que Charles Darwin desarrolló allí parte de las observaciones que alimentaron su teoría de la evolución.
La amenaza comienza bajo la superficie. El Niño modifica el comportamiento habitual del Pacífico ecuatorial con un aumento de la temperatura marina y precipitaciones más abundantes. La magnitud del fenómeno se mide al comparar el calor del agua con los valores promedio: una diferencia superior a 2℃ (3,6℉) se considera muy intensa.

La última previsión de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) situaba la anomalía térmica en torno a 2,2℃ (4℉). Para Franklin Ormaza, profesor e investigador de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias Marinas de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), ese registro anticipa que el impacto en el archipiélago puede ser importante, según declaraciones recogidas por The Associated Press.
La falta de plancton altera la cadena que sostiene a los animales marinos
El efecto no se limita a que el océano esté más cálido. El incremento de la temperatura afecta al plancton, las algas y los peces pequeños que funcionan como el primer eslabón de la alimentación para numerosas especies. Cuando ese recurso escasea, el deterioro se propaga hacia los animales que dependen de él.
“Prácticamente desaparecen el plancton, las algas y las especies menores de peces”, explicó Washington Tapia, director de Biodiversa Ecuador, una organización dedicada a la conservación en Galápagos. La reducción de esos organismos deja con menos alimento a aves y mamíferos marinos, cuya capacidad de desplazamiento no siempre alcanza para compensar la falta de recursos alrededor de las islas.

Los pingüinos de Galápagos aparecen entre las especies bajo mayor vigilancia. También figuran los piqueros de patas azules, los petreles, los cormoranes no voladores, los albatros y los lobos marinos. Las colonias de coral podrían sufrir consecuencias por el calentamiento de las aguas, mientras que la pesca de atún también estaría expuesta a cambios en la distribución y disponibilidad de los recursos marinos.
La situación tiene una consecuencia directa sobre los ciclos reproductivos. Cuando el alimento no alcanza, las colonias dejan de criar, los individuos se dispersan en busca de comida y parte de ellos muere de inanición. Gustavo Jiménez, científico de la Fundación Charles Darwin, advirtió que ese patrón puede afectar con rapidez a poblaciones ya limitadas por el tamaño y las condiciones particulares del archipiélago.
Si El Niño alcanza la intensidad prevista, la población de vertebrados de las islas podría caer al menos un 20% durante el año, según la estimación de Jiménez. Se trata de un descenso que incluiría especies cuya presencia depende de un equilibrio estrecho entre las corrientes oceánicas, la productividad marina y el clima de cada isla.
El Niño de 1998 dejó una señal en la población de pingüinos
La experiencia de 1998 ofrece una referencia para dimensionar el alcance de un episodio intenso. Aquel ciclo de El Niño fue uno de los más poderosos y destructivos registrados, y sus consecuencias quedaron reflejadas en la población de pingüinos del archipiélago.

De los 1.300 individuos que había antes del evento, solo permanecieron 400, de acuerdo con datos de la Fundación Charles Darwin. La población de pingüinos se redujo cerca de un 70% tras El Niño de 1998, un antecedente que mantiene a la especie como uno de los principales indicadores de la salud ambiental de Galápagos.
Los pingüinos permiten observar, de forma visible, un proceso que comienza con organismos microscópicos. Su disminución no responde a un único factor aislado, sino a la alteración de una red alimentaria completa. La disponibilidad de presas determina si los adultos pueden alimentarse, reproducirse y sostener a sus crías en un entorno donde los cambios oceánicos repercuten con rapidez.
La preocupación científica, por tanto, abarca más que la supervivencia de una especie emblemática. Las variaciones en la abundancia de aves, mamíferos y peces pueden ofrecer señales sobre la profundidad del impacto de El Niño en el conjunto del ecosistema marino.
Las lluvias pueden favorecer a plantas invasoras en zonas clave
En tierra, el riesgo adopta otra forma. Las lluvias intensas previstas durante el fenómeno pueden modificar el paisaje de las islas y facilitar el avance de especies vegetales invasoras. La científica Heinke Jager, de la Fundación Charles Darwin, señaló que los tres últimos remanentes de bosques de Scalesia podrían quedar expuestos a un riesgo de desaparición.

Estos bosques constituyen uno de los ambientes vegetales más singulares del archipiélago. La Scalesia, un género emparentado con las margaritas, forma comunidades de altura que proporcionan refugio y sustento a diversas especies. La presión sobre esos últimos remanentes se agrava cuando las precipitaciones aceleran el desarrollo de plantas introducidas.
También se encuentran amenazadas las opuntias, cactus que crecen cerca de la costa y solo existen en Galápagos. Estas plantas sostienen comunidades de insectos, aves y vegetación menor. La pérdida de sus poblaciones tendría efectos más amplios que la desaparición de una especie vegetal, ya que afectaría los vínculos que mantienen a varios ecosistemas terrestres.
Jager explicó que las lluvias abundantes pueden permitir que especies invasoras, como las zarzamoras, ocupen territorios de plantas nativas con ciclos reproductivos más lentos. Las invasoras pueden ganar terreno con rapidez cuando aumentan las precipitaciones, una presión que se suma a la fragilidad previa de los hábitats endémicos.
El plan de respuesta apunta a conservar semillas y frenar invasoras
Ante esa posibilidad, organismos estatales, fundaciones y organizaciones no gubernamentales que trabajan en las islas organizan medidas de conservación. El plan contempla la erradicación de plantas invasoras, la recolección de semillas y la creación de viveros para proteger especies amenazadas.
El objetivo es preservar material vegetal y limitar el avance de especies que compiten por espacio, agua y nutrientes. Estas acciones buscan sostener los remanentes de Scalesia y las poblaciones de opuntias frente a un escenario climático que puede intensificar problemas ya existentes.
Galápagos fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978 por sus especies animales y vegetales. En ese territorio, el efecto de un océano más cálido y de lluvias más intensas se sigue desde el plancton hasta los bosques. La respuesta prevista incluye vigilancia de la fauna, protección de las plantas nativas y acciones sobre los ecosistemas antes de que el fenómeno alcance su mayor intensidad.



