El reciente Campeonato Mundial de Tango no sólo iluminó Buenos Aires con el virtuosismo de 800 parejas que llegaron a la ciudad de distintas regiones de la Argentina y de casi 50 países, sino que también volvió a poner en evidencia un fenómeno que va mucho más allá del espectáculo.

Este baile nacido en los arrabales en el siglo XIX hoy es un aliado clave para la salud integral a cualquier edad. Lejos de ser un simple pasatiempo, la ciencia ha demostrado que el tango genera efectos positivos en el corazón, el cerebro y las emociones. Cuidar nuestro bienestar envueltos en un abrazo y al ritmo del 2x4, además de ser una elección saludable, es, también, un derecho.

El legado pionero de Favaloro

El impacto del tango en el sistema cardiovascular comenzó a estudiarse científicamente en nuestro país gracias al impulso del propio doctor René Favaloro. Una investigación liderada por el Dr. Roberto Peidro en la Fundación Favaloro analizó qué le pasa a nuestro cuerpo cuando bailamos tango.

A través de mediciones de consumo de oxígeno y frecuencia cardíaca, el estudio demostró que esta danza somete al cuerpo a esfuerzo físico ideal para la rehabilitación cardiovascular. Bailar regularmente ayuda a disminuir la presión arterial, reduce el colesterol “malo” y mejora el flujo sanguíneo.

El tango genera efectos positivos en el corazón, el cerebro y las emociones (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)
El tango genera efectos positivos en el corazón, el cerebro y las emociones (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)

Además, genera “estrés positivo”, un factor anímico que incrementa la adherencia a la actividad física y protege contra el riesgo de infartos, aportando una dimensión afectiva que evita que los pacientes abandonen sus tratamientos.

La química del abrazo

En tiempos donde el estrés y la ansiedad ganan terreno, el tango es un refugio para el cuerpo y la mente. La licenciada Martha Trica (MN 18384), psicóloga y creadora del taller “Cuando el cuerpo habla”, explica que el abrazo cercano y sostenido favorece la calma, nos ayuda a bajar los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y activa la oxitocina, haciéndonos sentir tranquilos y contenidos.

La especialista refiere que “al movernos al mismo tiempo que otro, crece la sensación de cercanía y pertenencia, el cuerpo siente que estamos haciendo algo juntos.” Esa sincronía, sumada a la escucha corporal y a la atención puesta en el aquí y ahora, permite aquietar la mente y conectar con el otro desde un lugar donde las palabras no alcanzan. Por eso el tango es un refugio y nos regala esa sensación de paz que deja un buen abrazo.

El compañero contra la soledad

La enorme presencia de adultos mayores en las milongas nos da una gran lección sobre la madurez vital y saludable. El Dr. Diego Bernardini (MN 94447), médico especialista en adultos mayores y creador del concepto de la “Nueva Longevidad”, remarca que el gran desafío actual es conservar la autonomía, la funcionalidad y la conexión social durante la segunda mitad de la vida.

Para Bernardini la danza en un motor fundamental para romper con el aislamiento: “Bailar estimula las destrezas motoras, ejercita la memoria y fomenta la integración comunitaria, funcionando como un antídoto directo contra la soledad no deseada, uno de los factores que más aceleran el desgaste funcional”.

Un aliado para el cerebro

Desde la neurología, bailar tango representa uno de los desafíos más completos para el cerebro. Requiere improvisación, toma de decisiones en milésimas de segundo, equilibrio y planificación del espacio, lo que estimula activamente la neuroplasticidad.

Instituciones de referencia como el Instituto Fleni o el Hospital Ramos Mejía reconocen que el tango es una terapia complementaria eficaz para pacientes con la enfermedad de Parkinson. El ritmo marcado del bandoneón funciona como un estímulo externo que ayuda al cerebro a desbloquear el congelamiento de la marcha, devolviendo fluidez y estabilidad al paso, mejorando, además, la postura y el equilibrio.

Bailar es un pilar del bienestar integral. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)
Bailar es un pilar del bienestar integral. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)

A su vez, investigaciones de la neurocientífica Dra. Nazareth Castellanos refuerzan cómo la danza enciende los mecanismos neuronales de la atención y la regulación emocional, fortaleciendo el cerebro contra el deterioro cognitivo a cualquier edad.

Bailar, el derecho a estar bien

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud no solo como la ausencia de enfermedad sino como un estado de completo bienestar físico, mental y social. En ese sentido, recomienda integrar el baile al sistema sanitario por sus comprobados efectos médicos. Es aquí donde la salud se encuentra con el derecho.

El acceso al arte y la cultura no es solo un beneficio recreativo, sino un pilar del bienestar integral amparado por tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional en Argentina como el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Convención sobre la Protección de los Derechos de las Personas Mayores.

En el marco jurídico nacional, esta protección se traduce en la Ley Nacional de Salud Mental (26.657) que reconoce a la cultura como un puente de sanación, integrando la “tangoterapia” de forma complementaria a los tratamientos. Además, al estar declarado el tango Patrimonio Cultural de la Nación (Ley 24.684) e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el Estado tiene el deber de fomentar programas de baile y espacios públicos de milonga como refugios de contención social y bienestar comunitario, a fin de mejorar la calidad de vida y fortalecer la identidad cultural.

Bailar tango no es solo arte: es ciencia en movimiento y un derecho garantizado para vivir mejor. La receta más eficaz puede estar en la pista de baile; ahí donde suena un bandoneón y se funde un abrazo.

(*) Mercedes Tombesi, abogada, periodista y docente de Derechos Humanos de la UBA.