El que se enoja pierde: por qué el “modo furia” de Milei es el mejor regalo que le puede hacer al kirchnerismo
Los griegos decían: “A quien los dioses quieren destruir, primero le quitan la razón”. No lo destruían con un rayo. Lo hacían enloquecer. Lo hacían perder la razón. Y entonces el personaje en cuestión chocaba solo. De ahí sale la frase: en política, el que se enoja pierde. No sirve enojarse. Nunca s
Los griegos decían: “A quien los dioses quieren destruir, primero le quitan la razón”. No lo destruían con un rayo. Lo hacían enloquecer. Lo hacían perder la razón. Y entonces el personaje en cuestión chocaba solo. De ahí sale la frase: en política, el que se enoja pierde. No sirve enojarse. Nunca sirve perder la calma. Nunca sirve perder la paciencia. Y mucho menos siendo presidente.
Los insultos del presidente Javier Milei en la Bolsa de Comercio y en la ORT no le sirven a nadie. No le sirven al país, no le sirven a la gente, no le sirven al gobierno, no le sirven al presidente. Solamente le sirven al kirchnerismo. Lo peor que le puede pasar al presidente es entrar al “modo furia”, tenga o no tenga razón. Porque a veces no alcanza con tener la razón. También hay que tratar bien a la razón. Sobre todo cuando la sociedad tiene el umbral de paciencia tan bajo. ¿Por qué? Porque el sueldo no permite vivir bien.
¿Con qué se irrita mucho el presidente? Con la frase “la gente no llega a fin de mes”. Bueno, acá tampoco sirve enojarse. Vamos a los datos. Según Haime & Asociados, el 53% de los consultados dejó de comprar cosas para llegar a fin de mes. Según Zentrix, el 86,6% dice que necesita dos o más empleos para llegar a fin de mes. Según Opina Argentina: el 48% no llega a fin de mes, el 32% llega pero sin poder ahorrar y solo el 18% pudo ahorrar.
¿Es nuevo? No. Durante el gobierno de Alberto y Cristina era mucho peor. En 2022, Andrés Larroque —ministro de Kicillof— dijo: “Pasar la quincena se transforma en un suplicio para la clase media”. Es importante tener memoria.
¿Y qué pasaba con los jubilados? La evolución de la jubilación mínima en dólares lo dice todo: en 2019 era de US$244; en 2023 cayó a US$130; en 2024 subió a US$268; en 2025 llegó a US$269 y en 2026 a US$316. ¿Le alcanza hoy al jubilado con $489.776? De ninguna manera. En marzo, la canasta básica para jubilados estaba en $1.824.628.
En 2022, Andrés Larroque —ministro de Kicillof— dijo: “Pasar la quincena se transforma en un suplicio para la clase media”. (Foto: NA)
¿Se pueden arreglar 30 años de desastre populista en 3 años? No. ¿El rumbo es correcto? Es probable. Pero no se puede pretender que la gente no se queje. Y tampoco se puede pretender que el periodismo no muestre la realidad.
Ahora bien, lo gracioso —o lo triste— es que del otro lado las opciones son sumamente infantiles. Está de moda Myriam Bregman y la izquierda trotskista. Ayer le preguntaron a Néstor Pitrola —del FIT— cómo se hace para que la gente tenga mejores sueldos. La solución de Pitrola, Bregman, Del Caño y Castillo es: empresas sociales. O sea, expropiar Mercado Libre, Arcor, Techint, Telecom, Ledesma, Bagó, Coto, Havanna, Carrefour, La Serenísima, Movistar, Fiat, Farmacity, Nestlé, Sancor, Danone, Coca Cola, Fargo y Bimbo. Y de esa manera un jubilado pasaría a ganar automáticamente $1.800.000. Esto es Myriam Bregman. Y las propuestas del kirchnerismo no se alejan demasiado de esa visión setentista de la vida.
Por eso digo: el que se enoja pierde.
Lo gracioso —o lo triste— es que del otro lado las opciones son sumamente infantiles. Está de moda Myriam Bregman y la izquierda trotskista. (FOTO NA: Claudio Fanchi.)
Y hablando de enojo y de violencia, también es justo remarcar que el presidente no es el único que está un poco enojado. La violencia kirchnerista luce en su pico máximo. El actor Esteban Lamothe dijo en el streaming Bondi Live: “Si me lo cruzo al presidente en la calle, lo cago a piñas”. ¿Está bueno que un actor tan importante llame a agredir físicamente al Presidente de la Nación? ¿Dónde están los paladines de las formas? ¿Hay un contador de insultos para Grabois?
Por eso siempre insistimos: el kirchnerismo no tiene ninguna autoridad para hablar de formas, de buenos modales, de convivencia pacífica o de estabilidad mental.
Lo mismo ocurre cuando el gobernador Kicillof habla de soberanía y subordinación. ¿No nos subordinamos a Rusia en plena pandemia para que nos mandaran vacunas, prohibiendo las americanas? ¿No era el presidente Fernández el máximo adulador de Putin? ¿No nos subordinamos a China para pedirle un swap de US$6000 millones diciéndoles que admirábamos al Partido Comunista Chino? ¿No era Alberto el que oficiaba de lamebotas oficial de Xi Jinping? ¿No nos subordinamos a Irán entregando la causa AMIA para sacarle un poco de petróleo? ¿No nos subordinamos al chavismo venezolano para conseguir algunos petrodólares? ¿No eran ustedes, gobernador, los que ejercían de títeres de Nicolás Maduro en la región?
Justamente por esto el presidente no puede perder la razón. Porque del otro lado tiene una banda de inviables.
El que grita se debilita. El que se desborda se equivoca. El exabrupto distrae. La serenidad no es debilidad ni cobardía: es inteligencia. El fuerte no es el que más grita. Al contrario, es el que no necesita gritar para tener la razón.
Decía Marco Aurelio: “La mejor manera de vengarse es no parecerse a quien hizo el daño”.