Mientras en Argentina el rebozado principal es para las milanesas, en Estados Unidos se usa sobre todo en las alitas de pollo, uno de los grandes clásicos de la cocina informal.
Fritas, al horno, con salsa barbacoa o al estilo Buffalo, tienen un objetivo en común: conseguir una carne tierna y jugosa por dentro y una cobertura bien dorada y crujiente por fuera. Aunque muchas recetas se concentran únicamente en el rebozado, existe un paso previo que permite cambiar por completo el resultado.
Se trata del marinado de manteca, conocido en Estados Unidos como “buttermilk”: ese ingrediente es típico en las preparaciones de pollo frito. Su ligera acidez ayuda a ablandar las fibras de la carne sin resecarla y, además, permite que las especias se adhieran mejor.
El chef español Dabiz Muñoz también recurre a este método para preparar alitas especialmente tiernas, que después pasan directamente por una mezcla de harina y otros elementos.
Ingredientes
Para la marinada
- 1 kg de alitas de pollo.
- 250 ml de leche entera.
- 1 cucharada de vinagre blanco o 15 ml de jugo de limón.
- 1 cucharadita de sal.
Para el rebozado
- 200 g de harina de trigo.
- 50 g de maicena.
- 1 cucharadita de pimentón dulce.
- 1 cucharadita de ajo en polvo.
- 1 cucharadita de cebolla en polvo.
- ½ cucharadita de pimienta negra.
- Aceite abundante para freír.
Paso a paso
Para preparar el suelo de la manteca, mezclamos la leche con el vinagre o el jugo de limón y dejamos reposar durante unos 10 minutos. La leche comenzará a espesarse ligeramente y adquirirá una textura muy similar al famoso buttermilk.
Colocamos las alitas en la mezcla, agregamos la sal y removemos bien para que todas queden cubiertas. Tapamos el recipiente y llevamos todo a la heladera durante al menos cuatro horas. Para un resultado todavía más tierno y sabroso, lo ideal es que reposen durante toda la noche.
En otro recipiente, mezclamos la harina con la maicena, el pimentón, el ajo en polvo, la cebolla en polvo y la pimienta negra. La combinación de ambos ingredientes ayuda a conseguir una cobertura más liviana y crocante. Luego, retiramos cada pieza directamente de la marinada, sin secarla, y la pasamos por la mezcla de harina. Presionamos ligeramente para que el rebozado se adhiera.
La humedad del suero de manteca, por supuesto, producirá que se formen pequeños grumos e irregularidades en la superficie. Calentamos abundante aceite hasta alcanzar 170 o 175 grados centígrados, y freímos las alitas en tandas, sin llenar demasiado la sartén en la freidora: lo mejor es seguir el proceso durante aproximadamente 8 a 10 minutos, hasta que notemos que están bien doradas y crujientes.
Retiramos las alitas y las dejamos reposar un par de minutos sobre papel absorbente; se pueden acompañar con salsa barbacoa, mayonesa picante o cualquier otra salsa.
Por qué el suero de manteca hace la gran diferencia
El secreto del suero de manteca está en sus dos funciones. Por un lado, su acidez ayuda a modificar las proteínas de la carne y consigue que el pollo quede más tierno y jugoso después de la cocción. Por eso, su textura permite que las especias se adhieran mejor durante el marinado.
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Pero hay un detalle fundamental: cuando las alitas pasan directamente del buttermilk a la harina, la humedad genera pequeños grumos y picos en la cobertura. Durante la fritura, esas irregularidades se transforman en una corteza rugosa, dorada y crujiente.
Aunque la freidora de aire permite preparar alitas con mucho menos aceite, la fritura tradicional continúa siendo la mejor opción si se busca un rebozado grueso y extremadamente crocante. El aceite caliente rodea completamente el pollo y favorece la formación de esa superficie irregular que caracteriza al auténtico pollo frito estadounidense.