El Tajo-Segura acaba de firmar su cuarto mejor año. El problema es que quizá ya no vuelva a repetirse

Hay quien ve el vaso medio vacío y quien lo ve medio lleno. El concejal de Medio Ambiente, Río Tajo y Deportes de Toledo, Rubén Lozano, ha mostrado su "indignación" porque, a su juicio, el río sigue incumpliendo los caudales mínimos a su paso por la ciudad. Es normal. Mientras, el trasvase Tajo-Segura cerró el año hidrológico 2025/26 con 522 hectómetros cúbicos enviados hacia el sureste. Es el cuarto ejercicio con más agua transferida desde que el acueducto empezó a funcionar en 1979.

El consejero de Agua de la Región de Murcia, Joaquín Buendía, lamentaba las palabras de Lozano y calificó el año de histórico, tras reunirse con el Sindicato Central de Regantes del Acueducto. Solo tres ejercicios superaron esa cifra: 600 hm³ en 2000/01, 571 hm³ en 1999/00 y 546 hm³ en 1998/99. En resumen: un profesor de educación física y un ingeniero técnico no se ponen de acuerdo, como en una junta escolar de instituto, con la cuestión hídrica. ¿Por qué?

Promesas. Empecemos por lo básico. La infraestructura del acueducto recorre 286 km entre el embalse de Bolarque (Guadalajara) y el de Talave (Albacete). Nació con una previsión de transportar 600 hm³ anuales —400 para regadío, 110 para abastecimiento urbano y 90 de pérdidas—, pero la serie histórica muestra que la media real recibida se sitúa muy por debajo de esa cifra.

El recorte. El plan de cuenca de enero de 2023 introdujo caudales ecológicos crecientes en el Tajo que recortan los envíos hacia Alicante, Murcia y Almería —decisión que el presidente murciano calificó de “mayor ataque político contra la región en décadas”—. El Plan Hidrológico del Segura calcula que hacia 2027 esa merma puede llegar a 105 hm³ anuales, sumados a 213 hm³ menos de agua subterránea; la Confederación del Segura admite escasez estructural y apunta a la desalación como compensación parcial.

El aval del Tribunal Supremo a esos caudales ecológicos, tal y como contamos, debía traducirse en un recorte de 100 hm³ para el regadío del sureste. Pero el umbral que fuerza el cierre automático del trasvase (400 hm³ embalsados entre Entrepeñas y Buendía) sigue protegido por una disposición de la Ley de Montes de 2015, y cambiarlo exige una reforma en el Congreso poco viable para el Gobierno actual, con las alianzas de investidura erosionadas.

N-320, Presa de Entrepeñas N-320, Presa de Entrepeñas

Nuevos caudales. El Real Decreto 35/2023 fijó nuevos caudales ecológicos, pero la adaptación de las reglas de explotación del trasvase quedó pendiente; en marzo de 2026, Castilla-La Mancha fue a los tribunales ante la inacción del Ministerio en revisar esas reglas. Desde enero de 2026, el caudal mínimo en Aranjuez pasó a 8 m³/s (frente a 7 m³/s, y con 6 m³/s antes de eso), con un horizonte de 8,65 m³/s en 2027.

La paradoja del boletín. Mientras tanto, el sistema sigue aplicando las reglas vigentes: en agosto de 2026 los embalses de Entrepeñas y Buendía autorizaron 60 hm³ y otros 27 hm³ para septiembre. 2026 ha sido un año extraordinario para el trasvase y, a la vez, Toledo denuncia que el Tajo sigue sin alcanzar los caudales mínimos que marca la normativa a su paso por la ciudad. La Cátedra del Tajo de la UCLM documentó episodios en los que el río circuló por debajo de esos mínimos en distintos puntos del tramo medio.

Dos cuencas, mismo boletín. La cabecera del Tajo acumuló 7.104 hm³ (64% de su capacidad), su mejor situación en buena parte de la última década, lo que permitió los 522 hm³ del trasvase. La cuenca del Segura, en cambio, cerró el ejercicio en el 53% —la más baja de España—, con Almería por debajo del 11%, Murcia rondando el 28% y Alicante el 41%, según datos del Gobierno murciano. La Red del Tajo, plataforma opuesta al trasvase, calculó que entre 2025 y 2026 se trasvasaron cerca de 800 hm³ y avisó de que el sistema podría entrar en nivel rojo en tres o cuatro años.

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