Acaba de aterrizar en la plataforma y se ha situado directamente en el número uno de Netflix. Se trata de Susurran tu nombre, un thriller policial adaptación de la novela de Alex North y dirigido por James Ashcroft (responsable de la notable cinta procedente de Nueva Zelanda, Atrapados en la oscuridad).
La película arranca con la desaparición de un niño y con el hallazgo del cadáver de otro pequeño en una zona ‘semirrural’ de Nueva Jersey. A partir de ahí, la investigación conecta esos hechos con unos crímenes cometidos 25 años antes por Frank Carter, un asesino condenado a cadena perpetua al que apodaron ‘Whisper Man’ por atraer a sus víctimas hasta la ventana con susurros y una canción infantil.
El centro emocional del filme no está tanto en el asesino como en la fractura entre padres e hijos. Adam Scott interpreta a Tom Kennedy, un novelista de éxito que acaba de enviudar y regresa con su hijo Jake a la pequeña localidad de Nueva Jersey donde crecieron él y su mujer, en busca de un nuevo comienzo tras la muerte de ella.
Una investigación que nos lleva al pasado
El traslado a esa casa antigua y demasiado grande para ambos introduce el componente inquietante. El niño, descrito como solitario y profundamente afectado por la pérdida de su madre, empieza a hablar de presencias invisibles fuera de la ventana o junto al buzón. Poco después, sale de casa por la noche y desaparece.

La investigación recae en la detective Amanda Beck, interpretada por Michelle Monaghan, que detecta similitudes entre los nuevos secuestros y la cadena de asesinatos atribuida décadas antes a Carter. El caso obliga a buscar a Pete Willis, el policía retirado que detuvo al criminal y que sigue obsesionado con una sexta víctima cuyo cuerpo nunca apareció.
Ese veterano detective es el personaje de De Niro, un ‘exagente’ sin aparente interés en volver al trabajo cuando se reabre el caso que marcó su carrera, una desgana funciona incluso como rasgo dramático del personaje.
La conexión personal del caso se vuelve más estrecha cuando aflora el parentesco entre Pete y Tom. Son padre e hijo, están distanciados desde hace años y el escritor incluso ha dejado atrás el apellido familiar. El secuestro de Jake convierte la investigación en un asunto íntimo, además de policial.
Un thriller que promete más de lo que ofrece
El guion de Ben Jacoby y Chase Palmer explota esa herida familiar como su elemento más reconocible y sugiere el coste de una vida absorbida por el trabajo y por un caso nunca cerrado del todo.
Se trata de un thriller policial competente que cumple con su propósito sin salirse de las reglas del género dentro del cine de detectives, en especial con el de los años noventa y principios de los dos mil, con el que guarda ciertos parentescos, en el que había crímenes escabrosos, algunas imágenes impactantes, ciertos elementos sobrenaturales y asesinos despiadados.

La dirección de Ashcroft destaca por su ritmo sostenido y una atmósfera constante, así como por una fotografía dominada por tonos fríos, marrones y verde azulado que la diferencia de otras producciones de Netflix más saturadas en color.
Se trata de un entretenimiento sólido, aunque menos estremecedor de lo que su argumento promete, perfecto para funcionar como relleno dentro del catálogo de la plataforma como producto de consumo inmediato, muy en la línea de lo que está ocurriendo con las producciones recientes como La última casa.