En los últimos días, el Departamento Antisecuestros Sur de la PFA detuvo a cuatro sospechosos. Entre ellos están, por ejemplo, Eva E., de 54 años, vecina de Monte Castro, beneficiarla de planes sociales, o Eustaquio O., extranjero nacionalizado, 59 años de edad. Marcelo S., argentino, vecino de Lanús, tiene dos trabajos: es empleado de una aseguradora y de una empresa de correos privados. Hasta aquí, ningún criminal de carrera, ningún distinto. Lo distinto, en este caso, es la jugada de la que se los acusa.

El juez Martín Yadarola, a cargo del Juzgado N°4 en el palacio de Tribunales de la calle Talcahuano, había recibido en febrero de este año una serie de denuncias por secuestros virtuales. Una estafa, en el fondo, donde nadie es privado de su libertad.

Así, Yadarola encargó el esclarecimiento del caso al Departamento Antisecuestros Sur de la Federal, parte de la Dirección General Investigación Delitos contra la Libertad Personal. Pero en el medio, los detectives se encontraron con otra cosa, una estafa diferente: la víctima era, esta vez, una reconocida empresa de telefonía celular.

Anotaciones y teléfonos incautados a los detenidos

El truco

Varias personas abonadas a esta empresa, aseguran fuentes del caso, sufrían la usurpación de sus identidades. Con esas identidades, la banda compraba teléfonos celulares para luego revender. Los teléfonos eran enviados a sucursales de correos privados, lo que evitaba el registro de un domicilio. La banda tenía un modelo fetiche: el Samsung Galaxy A16, que cuesta unos $300 mil pesos, y de salida inmediata en reventas en el circuito de bolseros ilegales de smartphones. También, son aparatos económicos. La víctima, en el peor de los casos, no lo notaría.

Según documentos del caso, la banda llamaba a diario a la línea de asistencia de la empresa. Así, pedían comprar los teléfonos, que se debitaban de las cuentas de clientes a contrafactura. Con los datos de sus víctimas en mano, respondían sin problemas las preguntas de seguridad. Una cuenta de mail trucha, creada para la ocasión, evitaba que la factura le llegue al damnificado.

Así, el teléfono era despachado a un correo privado. Con el tiempo, se presentaron 20 víctimas de este engaño. Ahora, ¿qué tienen que ver los secuestros virtuales? Simple: los aparatos para estas mentiras se conseguían con el truco a la empresa de celulares.