
La suspensión temporal de productos fitosanitarios que contienen clorpirifos, metomil, glifosato, imidacloprid y clotianidina ha reabierto el debate sobre el uso de agroquímicos en el país.
Ante la medida dictada por el Tribunal Constitucional (TC), el Consejo Departamental de Lima del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP Lima) propuso que la venta de estos insumos requiera una receta emitida por un ingeniero agrónomo, tras una evaluación previa de cada caso.
La decisión alcanza a productos dirigidos a cultivos para consumo interno y dispone, además, programas de acompañamiento técnico para agricultores. El objetivo es promover prácticas de manejo de plagas compatibles con la inocuidad alimentaria y alternativas de control que representen menores riesgos.
Para el CIP Lima, la suspensión plantea la necesidad de reforzar la supervisión de los productos fitosanitarios sin retirar herramientas que, bajo criterios técnicos, se usan para proteger los cultivos. La institución sostiene que la respuesta debe incluir asesoramiento especializado desde la planificación de cada campaña agrícola.

El CIP Lima propone que un agrónomo evalúe cada caso antes de la compra
El ingeniero agrónomo Miguel Iglesias Inciso, representante del CIP Lima, planteó que los agricultores presenten una receta profesional antes de adquirir agroquímicos.
Según explicó, esa evaluación permitiría identificar la plaga, revisar qué productos se aplicaron antes y definir una estrategia de control acorde con las condiciones del campo. El planteamiento apunta a evitar decisiones basadas solo en la disponibilidad comercial o en el cambio de marcas.
Iglesias advirtió que dos productos distintos pueden contener sustancias con mecanismos de acción similares, por lo que una sustitución de ese tipo no necesariamente mejora los resultados en el control de insectos, malezas u otros organismos que afectan la producción.

La preocupación central es la resistencia de las plagas. El uso reiterado de productos que actúan de la misma manera puede favorecer la supervivencia de los individuos menos sensibles y su posterior reproducción. Con el tiempo, esa dinámica reduce la eficacia de las aplicaciones y deja menos alternativas disponibles para los agricultores.
El especialista recomendó revisar las etiquetas de los productos y alternar mecanismos de acción. Esta medida busca evitar que el manejo fitosanitario dependa de una sola sustancia o de compuestos que produzcan un efecto similar sobre la plaga.
No obstante, una menor efectividad no confirma por sí sola un caso de resistencia. El CIP Lima recordó que también pueden influir errores de aplicación, la calidad del agua usada en la mezcla, el viento, una cobertura deficiente del cultivo o la aplicación del producto en una etapa en la que la plaga no resulta vulnerable.
El control preventivo busca reducir costos y la exposición a pesticidas
Iglesias señaló que elevar las dosis ante una aplicación fallida puede aumentar los costos de producción y la exposición del agricultor a los agroquímicos. También advirtió que esta práctica puede elevar la presencia de trazas de pesticidas en los alimentos y trasladar mayores gastos al consumidor final.
La propuesta del CIP Lima no plantea eliminar el uso de productos químicos en la agricultura. La institución los considera parte de las herramientas disponibles para el control fitosanitario, aunque sostiene que su empleo debe responder a una recomendación técnica y a una estrategia definida para cada cultivo.

El enfoque sugerido parte de la prevención. Antes de iniciar una campaña, los productores deberían analizar las condiciones ambientales, el tipo y la variedad de cultivo, así como los antecedentes de plagas en predios cercanos. Con esa información, podrían anticipar medidas de control antes de que aparezca una afectación extendida.
Entre las alternativas mencionadas figuran las barreras físicas, el control etológico y prácticas de manejo del cultivo. Estas acciones pueden complementar el uso de agroquímicos y reducir la necesidad de responder cuando el problema ya se instaló en el campo. “Siempre es más barato prevenir que curar”, sentenció Iglesias.




