En 1957, un fabricante de camiones francés construyó algo tan sobredimensionado que hacía que cualquier vehículo aparcado a su lado pareciera un juguete. Hablamos del Berliet T100 que, durante un tiempo, ostentó el título del camión más grande jamás construido. Lo curioso es que solo se fabricaron cuatro unidades y toda su carrera estuvo ligada a una misión específica: transportar equipos de perforación a través de las dunas del Sahara durante la fiebre del petróleo de Francia.
En la actualidad, el T100 sigue acaparando las miradas de los más curiosos, sobre todo cada vez que se exhibe uno en público. Una de las últimas ocasiones fue en la exposición de coches clásicos Rétromobile de París en 2019. Bajo estas líneas te contamos cuál es su historia.
Un encargo imposible: un camión que podía hacerlo todo
El T100 fue creado realmente por necesidad, no porque a un fabricante se le antojara fabricar el camión más grande del planeta. Francia había descubierto petróleo bajo el Sahara argelino a mediados de la década de 1950 y se propuso perforar toda la zona. Pero hacer llegar el equipo hasta allí era una pesadilla. Según explican desde el medio Hagerty, algunos camiones podían circular por la fina arena del desierto, mientras que otros podían transportar el equipo, pero ninguno podía hacer ambas cosas a la vez, lo que obligaba a los equipos a recurrir a camellos para partes del trayecto.
Berliet, uno de los principales fabricantes de camiones del mundo en aquel momento, aceptó el desafío. Según Paul Berliet, hijo del fundador de la empresa Marius Berliet, la idea de un transporte gigante capaz de atravesar las dunas se le ocurrió mientras volaba sobre el Sahara en diciembre de 1956, según comparten en Steemit. El desierto, pensó, necesitaba algo parecido a un barco diseñado para un mar de arena.
Construir la bestia en nueve meses
Los trabajos de diseño comenzaron en enero de 1957 y, según Hagerty, los ingenieros comenzaron buscando los neumáticos más grandes que producía Michelin, construyendo el resto del camión a su alrededor. El primer T100 terminado salió de la fábrica de Monplaisir en Lyon en octubre de ese mismo año. Nueve meses trabajando a toda máquina y desde cero.
Eso sí, para no demorarse en los tiempos de desarrollo, Berliet optó por no diseñar su propio motor. Así que tiraron de un turbodiésel Cummins V12 de 29,6 litros, con una potencia inicial de unos 600 caballos que más tarde se aumentó a 700 CV una vez que vieron que el motor podía tirar de más, según compartían en Hagerty. La potencia llegaba a las seis ruedas a través de una caja de cambios semiautomática Clark que ofrecía cuatro marchas hacia adelante y cuatro hacia atrás, lo que proporcionaba al camión una velocidad máxima de aproximadamente 34 km/h.


