En 1961, la Unión Soviética tomó una decisión que hoy sería impensada: trasladó 1,5 millones de larvas y más de 12.000 cangrejos reales del Pacífico al mar de Barents, en el Ártico europeo, con la idea de crear una nueva pesquería. El objetivo era mejorar la economía local y fabricar un recurso donde antes no existía.

La apuesta funcionó, pero el resultado fue mucho más allá de lo esperado. Diez años después, los cangrejos ya se reproducían solos y comenzaron a expandirse por la región. En 1976, se documentó el primer ejemplar en aguas noruegas, y desde entonces la especie avanzó por la costa septentrional de Noruega.

Un depredador gigante que cambió el fondo marino

El cangrejo real (Paralithodes camtschaticus) es originario del Pacífico Norte, desde Kamchatka hasta Alaska y Japón. Puede pesar varios kilos, recorrer grandes distancias y alimentarse de casi cualquier cosa que encuentre en el fondo marino.

Su éxito como invasor se explica por varias ventajas: ocupa hábitats diversos, se desplaza con facilidad, tiene una dieta generalista y, durante décadas, enfrentó pocos parásitos y escasa presión pesquera. Según una revisión científica publicada en el ICES Journal of Marine Science, esa combinación permitió su espectacular establecimiento en el Ártico.

Así son estos cangrejos (Foto: Imagen ilustrativa hecha con IA - Gemini).
Así son estos cangrejos (Foto: Imagen ilustrativa hecha con IA - Gemini).

El problema no es solo cuánto come, sino el impacto a largo plazo. En zonas como Varangerfjord, donde la densidad de cangrejos se mantuvo alta durante años, los científicos detectaron una fuerte reducción de animales grandes del fondo, como bivalvos y equinodermos. Algunos organismos fueron prácticamente eliminados localmente, lo que alteró la calidad del sedimento y la actividad biológica del ecosistema.

En ciertas áreas, los cangrejos llegaron a consumir entre el 10% y el 30% de los erizos de mar cada año, generando una reacción en cadena que afecta a todo el fondo marino.

Noruega dividió su costa: protección comercial y pesca sin límite

El experimento soviético cumplió su meta: hoy el cangrejo real es un recurso pesquero millonario para Rusia y Noruega. Pero también es una especie invasora que amenaza los ecosistemas.

Por eso, Noruega implementó una estrategia doble. Al este de la línea de 26° E, cerca de Nordkapp, existe una zona regulada donde la pesca está limitada por cuotas y el cangrejo se protege como recurso comercial. En cambio, al oeste, la situación es opuesta: no hay límite de captura para los barcos comerciales y está prohibido devolver ejemplares vivos al mar. El objetivo es reducir su densidad y evitar que siga expandiéndose por la costa.

Así, el mismo animal es protegido como negocio en una parte del país y perseguido como plaga en otra, una paradoja que resume las consecuencias inesperadas de aquel experimento de los años 60.