En 1990, EEUU lanzó neumáticos viejos en sus canales de hormigón. Los peces se multiplicaron por 20 en los arrecifes artificiales

En el árido suroeste de Estados Unidos, cubrir enormes canales con hormigón parecía una decisión impecable: impedía que parte del agua se filtrara al terreno y permitía transportarla con mayor eficiencia. El problema apareció debajo de la superficie. Los canales se convirtieron en entornos extraordinariamente pobres para la fauna, así que unos investigadores probaron a devolverles artificialmente aquello que el hormigón había eliminado utilizando un material bastante inesperado: neumáticos usados. 

El resultado, publicado en 1994, fue sorprendente.

Canales con ruedas. Ocurre que, en aquella zona estadounidense, los grandes canales de tierra perdían agua porque una parte se infiltraba inevitablemente en el suelo durante el transporte, así que revestirlos con hormigón ofrecía una solución aparentemente sencilla para conservar un recurso especialmente valioso. Hidráulicamente funcionaba, pero ecológicamente tenía un precio: desaparecían sedimentos, vegetación, irregularidades, grietas y zonas protegidas que anteriormente proporcionaban refugio, alimento y lugares de reproducción a peces e invertebrados. 

Un estudio anterior realizado en el Coachella Canal ya había constatado que, después de revestirlo, las comunidades de peces presentaban en general menor diversidad, biomasa y densidad que las existentes en los antiguos tramos de tierra, dejando a los investigadores con un dilema: conservar el ahorro de agua conseguido con el hormigón sin convertir aquellos canales en desiertos biológicos.

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