Ante la sociedad, la proverbial discreción de la Iglesia católica es total. Las reuniones de los obispos con los funcionarios nacionales para organizar la visita del papa León XIV parecen transcurrir en un clima cordial y constructivo. Pero por debajo de la superficie, en los ambientes eclesiásticos, se percibe un creciente temor a que el Gobierno quiera capitalizar políticamente la venida del pontífice. Más aún: hay quienes creen que ya está avanzando en esa dirección.

No está claro cómo sería esa capitalización, sobre todo si -como se descuenta- el Papa aludirá al impacto del ajuste en la población, más allá de que los problemas económicos son de vieja data. O que, como lo hizo en su visita a España, criticara la grieta -en nuestro caso, instaurada por los Kirchner y potenciada por Javier Milei- y exhortará a ejercitar la democracia de un modo menos agresivo. Dos aspectos que interpelan particularmente al Presidente.

Pero el Gobierno acaso cree que la sola presencia del Pontífice, la reunión con el Presidente y sus mensajes -aunque suenen críticos- sería como una suerte de bendición a su gestión. Al menos, constituiría un remanso que le permitiría tomar oxígeno político de cara al año electoral en el cual Milei pondrá en juego su reelección. Esa lectura coincide con la de un grupo de curas kirchneristas que, por eso, se oponen a la venida de León XIV.

Nadie en la cúpula de la Iglesia admite la preocupación. Pero una sucesión reciente de declaraciones y de gestos fuertes de varios de sus integrantes lleva a pensar que le están marcando un límite al anhelo gubernamental. Que están enviándole un mensaje a la sociedad en el sentido de que el trabajo en conjunto de preparación de la visita papal no significa ignorar los problemas sociales y ser funcionales a la pretendida capitalización de la visita.

El presidente Javier Milei en un acto el 16 de julio de 2026. (Foto: Reuters)
El presidente Javier Milei en un acto el 16 de julio de 2026. (Foto: Reuters)

Quien más severamente se expresó fue el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Ángel Rossi. Afirmó que (la mejora de) “la macroeconomía no baja al plato y cuando dicen (los gobernantes) que sacaron a unos cuántos millones de la pobreza habría que preguntarse dónde los pusieron; creo que a algunos en la miseria”. A la vez que, en respuesta a Milei que sostiene que el concepto de justicia social es aberrante, señaló que “aberrante es decir semejante cosa”.

Es sabido que la Iglesia no sólo habla a través de las palabras, sino de los gestos, que a veces son un modo más potente. De hecho, Rossi, que es arzobispo de Córdoba, presentó días pasados en la Universidad Católica de la provincia un libro que recopila los mensajes del papa Francisco a los movimientos populares junto con el diputado Juan Grabois, uno de los dirigentes más críticos del gobierno, si bien era un evento que estaba pautado hace unos meses.

Esta semana quién se mostrará con Grabois será el arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas, Gustavo Carrara, en una clase abierta sobre “el pensamiento filosófico, político y social de Francisco” en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Carrara acaba de decir que cada vez más personas se acercan a su institución pidiendo ayuda, muchos de clase media. Y advirtió: “Lo que no puede medir el INDEC es el sufrimiento de la gente”.

No obstante, lo que más llamó la atención fueron las declaraciones del presidente del Episcopado, el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, que cuestionó la posición del gobierno en cuanto a que la morosidad de muchas personas con bancos y billeteras virtuales es “un problema entre privados”, al señalar que “lo que no se puede es tener una mirada superficial y, menos, decir que no nos interesa o que se arreglen”.

El papa Francisco y Juan Grabois en el Simposio por los 10 años del Primer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares con papa Francisco. (Foto: Víctor Sokolowicz)
El papa Francisco y Juan Grabois en el Simposio por los 10 años del Primer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares con papa Francisco. (Foto: Víctor Sokolowicz)

Es que por estar al frente del organismo que congrega a todos los obispos del país, Colombo está en permanente contacto con las autoridades nacionales, sobre todo con la secretaria general de la presidencia, Karina Milei, por la preparación de la visita de León XIV. Además, la semana pasada recibió al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, dado que el Papa estará en Luján y Claypole.

Colombo, además, declaró que a la Iglesia le gustaría que en el encuentro del Papa con la sociedad civil, previsto en el Palacio Libertad, no sólo estén presentes referentes de todos los partidos políticos, sino también expresidentes. Lo cual implica que quiere que estén Alberto Fernández, Mauricio Macri y acaso Eduardo Duhalde, que en la crisis de 2001 fue nombrado por la Asamblea Legislativa.

Con ello, dejó en claro el carácter plural que debe signar la visita. En ese espíritu, el propio Vaticano le había transmitido a la Casa Rosada la importancia de que las autoridades de todas las jurisdicciones donde estará León XIV trabajen en conjunto con las nacionales en la organización de la visita. Fueron estos dos claros mensajes ante un eventual intento del gobierno de querer acaparar el viaje papal.

Más allá de las críticas y señalamientos, en una actitud de preservación de la armonía, necesaria para avanzar en una eficaz preparación de la visita, la Conferencia Episcopal suscribió este fin de semana un comunicado con el Gobierno con motivo del paso de la delegación del Vaticano que durante cuatro días recorrió los posibles lugares donde estará el pontífice, en el que se destaca el trabajo conjunto.

“La articulación entre el Estado -en sus distintos niveles- y la Iglesia, cada uno desde sus propias responsabilidades, constituye ya un fruto de este proceso y expresa la voluntad compartida de contribuir para que la presencia del Santo Padre sea fecunda para la sociedad argentina” dicen. Agregan que ello constituye “una valiosa expresión de diálogo, cooperación y fraternidad en nuestra patria”.

Karina Milei y autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina. (Foto: Presidencia)
Karina Milei y autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina. (Foto: Presidencia)

De todas maneras, en el Gobierno aguardaban con especial expectativa la declaración final que este domingo emitirán los participantes de la tradicional Semana Social que anualmente organiza la Iglesia. El encuentro, que se realiza en la ciudad de Córdoba, suscitó un especial interés, al punto que se inscribieron más de 1500 personas y numerosos dirigentes empresariales de las pymes y sindicales.

Debemos volver al cardenal Rossi porque fue en el discurso de apertura de ese encuentro que, sin mencionarlo, cuestionó el estilo peleador del Presidente, aunque también de no pocos dirigentes. Tras recordar que Francisco “nos exhortaba a construir puentes y no muros”, señaló la necesidad de dejar de lado “mesianismos preñados de descalificaciones e insultos” y buscar “nuevos caminos”.

Increíblemente, sigue pendiente una audiencia del Presidente con la cúpula de la Iglesia. Sólo se encontraron una vez tras la asunción del libertario. En el Episcopado esperan que Javier Milei se las otorgue antes de la venida de León XIV. En los últimos días Karina fue advertida de esta carencia, que no contribuye a un buen clima de la visita papal.