En los acantilados de Asturias han encontrado un animal que hasta ahora solo conocíamos de Reino Unido

En 2009, José Antonio Sánchez Féliz, vecino de Madrid, paseaba por los acantilados de la playa de Vega, en Ribadesella, cuando tropezó con unos huesos oscuros clavados en la roca. No imaginó que acababa de tocar un ictiosaurio de 192 millones de años. Tampoco que su hallazgo tardaría 17 años en confirmar algo que la ciencia europea nunca había visto fuera de Reino Unido.

Seis expertos, tres países, un solo animal. El anuncio llegó desde el Museo del Jurásico de Asturias. Investigadores de Argentina, Estados Unidos y España compararon los huesos con cientos de ejemplares británicos y llegaron a la misma conclusión: pertenecían a Ichthyosaurus anningae, una especie que hasta entonces solo aparecía en el sur de Inglaterra. El estudio se publicó en el Acta Palaeontologica Polonica.

Delfín con piel de reptil. Los ictiosaurios no eran dinosaurios, sino reptiles marinos con forma de delfín que dominaron los mares del Jurásico mucho antes de que existiera ninguna ballena. El ejemplar de Ribadesella medía unos 2 metros, tenía dientes robustos y redondeados —dieta generalista, comía lo que encontraba— y bate un pequeño récord: es el mayor I. anningae conocido, por delante de todos los británicos. Y su edad se concluye de los amonites, parientes fósiles del calamar, que lo sitúan en el Pliensbachiense, hace 192 millones de años. Por aquel entonces, buena parte de Asturias era el fondo fangoso y pobre en oxígeno de un mar somero, de menos de 100 metros de profundidad.

La ciencia reconstruye el primer paisaje sonoro del Jurásico y encuentra la prueba más antigua de comunicación por ultrasonidos.
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