Cuando agosto ya encaraba su última semana, el ministro de Transportes, Óscar Puente, inauguraba un nuevo tramo de la A-11. Fotos, titulares y las consiguientes reseñas en los medios de comunicación. Pero la historia que se esconde detrás de los 30 kilómetros que se añaden a la red de carreteras del Estado van mucho más allá.
Porque, para empezar, el flamante tramo inaugurado está incompleto.
El pasado mes de enero os contábamos en Xataka que Valladolid estaba a punto de cerrar uno de los últimos eslabones para conectar esta ciudad y Quintanilla de Arriba, una población vallisoletana cercana a Peñafiel. Algo más de 30 kilómetros que pueden parecer pocos pero que son imprescindibles para circular de manera continua entre estas dos poblaciones.
Seis años después, Valladolid está a punto de terminar el último eslabón del gran eje de Castilla y León: la A-11
La noticia, sin embargo, tiene algo de truco. Como os decíamos en la noticia del enlace superior, en ese tramo también se sitúa un nuevo viaducto que está en construcción. En enero ya se avisaba que, de abrirse el nuevo tramo, se haría sin retrasos siempre y cuando no se superara el año 2026.
El compromiso se ha cumplido a medias. Porque, efectivamente, el tramo está abierto. Salvo en lo referente al nuevo viaducto, que no llegará hasta el próximo año. Esto nos deja que la ansiada conexión ha sumado 30 nuevos kilómetros en dirección Valladolid pero en sentido contrario, dirección Soria, el tráfico podrá rodar por la A-11 durante 25 kilómetros.
El tramo, una vez terminado, alcanzará los 265 millones de euros en inversión, lo que también eleva el coste frente a los 220 millones de euros previstos en un primer momento.
Podemos hablar, por tanto, del típico juego político con los tiempos, las fotografías y los titulares. Pero el caso de la A-11 es particular porque lleva más de 30 años en construcción.