El director italiano Paolo Virzì debutó en los años 90 con La bella vida y, desde entonces, se ha convertido en uno de los más prolíficos autores de éxitos del cine de su país. Ha firmado títulos como Vacaciones de agosto, Los años dorados (Premio Especial del Jurado del Festival de Venecia), Caterina se va a Roma, La prima cosa bella, El capital humano o Locas de alegría.

Ahora regresa con Cinco segundos, que acumuló cuatro nominaciones en los pasados Premios David de Donatello: a la mejor película, al mejor actor (Valerio Mastandrea), a la mejor actriz secundaria (Valeria Bruni Tedeschi) y al mejor guion.

Se trata de un drama familiar sobre la culpa, la responsabilidad y la posible (o no) redención que sitúa a un abogado romano ante el juicio por la muerte de su hija y aborda un dilema moral sobre aceptar la muerte en enfermedades terminales.

Un padre atravesado por el drama

Adriano (Mastandrea) es un abogado que abandonó un importante bufete de Roma y vive aislado por voluntad propia en las antiguas cuadras de Villa Guelfi, mientras afronta una acusación por homicidio involuntario agravado impuesta por su propia exmujer. La única persona a la que permite entrar en ese encierro es Giuliana (Bruni Tedeschi), su colega y socia con la que mantiene una antigua amistad.

Valerio Mastandrea, un padre atravesado por la culpa en la película 'Cinco segundos', de Paolo Virzì. (VerCine)

“Quería interrogarme en torno a lo que significa ser padre, en lo bueno y en lo malo. Y hablar del duelo, del dolor y si se puede curar eso, si se puede salir del abismo. Así que se me ocurrió la figura de un hombre misántropo que se refugia en un campo inhóspito, que quiere disfrutar de la soledad y que su encierro se verá perturbado por una comunidad de chicos y chicas que en principio lo molestan, pero que al final lo salvan de sí mismo”, cuenta Paolo Virzì a Infobae España.

Y es que, mientras espera su cita con el tribunal, la rutina del protagonista se romperá con la llegada de un grupo de jóvenes que quiere recuperar la viña abandonada de la finca. Al frente está Matilde, personaje al que da vida Galatea Bellugi, nieta del conde Guelfo Guelfi y embarazada.

El choque generacional que devuelve esperanza

La joven, que de niña trabajó en esa tierra junto a su abuelo, quiere devolver la vida a las cepas secas con ayuda de amigos enólogos, agrónomos y viticultores, y compartir después el vino “con la gente del lugar”. La hostilidad inicial de Adriano deriva primero en curiosidad y luego en una ternura paterna tardía cuando descubre el embarazo de Matilde.

Y es que el propio cineasta cuenta que, durante la época de la pandemia, su hija Octavia, junto a unos amigos, crearon una comunidad parecida a la que sale en la película en los montes de Abruzzo. “Es una militante ecologista radical, ha participado en muchas ocupaciones de lugares abandonados con riesgo de derrumbe y me ha inspirado mucho su idea de una familia más libre, menos convencional”. De ahí surgió un documental que produjo, titulado Come se non ci fosse un domani, sobre un grupo de ecologistas extremos que se llaman Última Generación.

Galatéa Bellugi, interpreta a una ecologista radical en la película 'Cinco segundos', de Paolo Virzì. (VerCine)

En la película, la convivencia forzada entre ambos personajes contrapuestos terminará convirtiéndolos en aliados frente a un entorno que ni aman ni sienten que los comprende. Ella busca una alternativa al mundo que le rodea; él debe volver a enfrentarse al mismo mundo del que había huido.

El choque generacional resulta uno de los pilares de la narración. “Adriano es un ‘boomer’ como yo, con unos valores burgueses, y se enfrenta a estos chicos que piensan totalmente diferente a él, con ideas frescas sobre cuidar la tierra, que tienen una relación diferente con la maternidad, con las relaciones, con su familia, y lo que al principio supone un conflicto, termina convirtiéndose en una alianza vital”.

Durante la vista judicial, varios flashbacks reconstruyen el núcleo de la tragedia: Elena, la hija de 17 años de Adriano, padecía esclerosis lateral amiotrófica, ELA, y sufrió un accidente en el lago durante un fin de semana en el que estaba al cuidado de su padre. La acusación sostiene que hubo negligencia y falta de precaución hacia una joven que se desplazaba en silla de ruedas.

La película contrapone ese material dramático con la luz de la Toscana filmada por Luca Bigazzi, cuya fotografía acentúa la claridad bucólica del campo. Esa luminosidad se enfrenta al encierro físico y simbólico de Adriano en su propia espiral de dolor y culpa.

El director Paolo Virzì

El dilema de Adriano

Y es que el cine de Paolo Virzì, aunque trate de temas duros, siempre está atravesado por un poco de ternura. “Como decía el Che Guevara: ‘Hace falta ser duro sin perder la ternura’, es la dimensión del ser humano. Si nadie nos mira o nos cura, somos como las plantas o la vegetación, nos convertimos en un paisaje hostil, como el del principio de la película, y yo quería contar la historia de un hombre que ya no quiere vivir pero, sin quererlo, vuelve a la vida”.

El guion está firmado por Francesco Bruni junto a Paolo Virzì y Carlo Virzì. El filme no elimina las notas de humor y apoya gran parte de su efecto en la capacidad de Mastandrea para sostener a un personaje hosco, herido y cambiante. El afecto que Adriano desarrolla hacia Matilde acaba tomando un cariz obsesivo y deja ver con bastante transparencia su deseo de expiar la culpa. Ese impulso desemboca en la pregunta moral que da sentido al título: los “cinco segundos” finales abren una duda sobre si debe aceptarse la muerte cuando una enfermedad terminal ha vaciado de sentido la continuidad de la vida para quien la padece.

Virzì ha explicado que no quiso “explicar de manera explícita el dilema de Adriano, sino sugerir la duda”. También ha señalado que le interesaba partir “de la oscuridad, del abismo de una persona” para explorar qué ocurre en alguien que pone en cuestión su propia vida.

Virzì pensó en Mastandrea desde el primer esbozo del proyecto y ambos sintieron la urgencia de hacer esta película. El cineasta también destaca a Bellugi como una revelación, por su capacidad para combinar ironía y tragedia, humor y dolor, y por una presencia en pantalla que convierte a la actriz francesa en el principal contrapunto generacional del protagonista.

Valerio Mastandrea y Valeria Bruni Tedeschi en la película 'Cinco segundos'

A través del personaje de Mastandrea, el director también se cuestiona la masculinidad tradicional en la actualidad. “Italia sigue siendo un país muy machista por tradición, en eso nos parecemos a España”, ríe. “Nos cuesta cambiar, quizás vosotros lo hacéis algo más rápido en muchos temas, como la eutanasia, la fecundación in vitro... Nosotros, como país católico y tradicional, vamos más lentos”.

Cinco segundos es una película de dolor y ternura que contiene un resquicio de esperanza y favorece una conexión emocional estrecha con el conflicto interior del personaje. Además, deja preguntas en el aire nada cómodas y sitúa la empatía por encima de la hipocresía moral que domina nuestro presente.