El director Rodrigo Sorogoyen ha estrenado la que podríamos considerar su película más personal hasta la fecha, El ser querido, un drama sobre la relación tormentosa entre un padre y una hija que se presentó en Sección Oficial del Festival de Cannes.
Al frente del reparto, unos inmensos Javier Bardem y Victoria Luengo, en un ‘tour de force’ interpretativo tan intenso como delicado y repleto de matices, construido desde el vacío que genera el abandono.
El cineasta responsable de títulos como Que Dios nos perdone, El reino, As Bestas y series como Antidisturbios o Los años nuevos, da un paso más allá en su filmografía con un filme que escapa a los estereotipos para platear más preguntas que respuestas y componer un paisaje fílmico repleto de riqueza expresiva.
Nuevos retos, más riesgo
Pregunta: ¿A qué retos os habéis enfrentado Isabel Peña y tú a la hora de escribir esta película? Porque hasta el momento, en anteriores títulos como El reino o As Bestas, habíais inspirado vuestros textos en casos reales.
Respuesta: El reto viene más de cómo hemos querido escribir, más que del qué. Escribir un thriller es más sencillo que hacerlo sobre los sentimientos, los afectos y las emociones, que me parece más complicado. Queríamos hacer algo diferente, colocarnos en otros lugares, porque no nos consideramos guionistas de género, ha sido algo accidental que hemos aprovechado y de lo que hemos aprendido y nos ha colocado dentro de la industria.
Sobre todo, queríamos escribir un papel para Victoria Luengo y se nos ocurrió el mundo del abandono, que lamentablemente es algo que está muy presente y ocurre mucho en nuestra sociedad. Hay más padres ‘abandonadores’ que madres ‘abandonadoras’, eso es así. Y, a partir de ahí, hablar de los hombres, de las mujeres, del patriarcado, del poder, de la responsabilidad, de la culpa. Que entrara en la ecuación Javier Bardem fue toda una suerte.

P: En esta película he percibido a un Rodrigo Sorogoyen más arriesgado, más juguetón, más experimental incluso, más libre, para nada encorsetado, sin miedo a probar cosas nuevas
R: Bueno, es justo lo que pretendía hacer. Quería ser más libre, pretendía no tener miedo, aunque no suelo tenerlo, ser más intuitivo y no estar encorsetado. Y sí, quería jugar. Yo creo que le va a la película, porque en As bestas no hubiera tenido sentido hacerlo. Pero, El ser querido, gira en torno al relato, sobre el propio cine y la historia lo permitía.
P: ¿Por qué decidiste introducir el mundo del cine dentro de la película?
R: Lo principal era la relación entre el padre y la hija, la historia de abandono, eso estaba claro. Podrían haber sido abogados, arquitectos, pero, ¿por qué no cineastas? Vimos que las posibilidades en guion se multiplicaban al tener una hija que no había sido mirada por un padre, que no había sido nunca validada por él y, cuando comienza a ser filmada, de repente, como director, tiene que verla a la fuerza.
Se producía un juego muy interesante entre esas dos perspectivas, porque ella, en el fondo, estaba esperando mucho tiempo ese momento, pero también se siente incómoda. Todo eso unido al mundo del relato, de cómo cada uno tiene diferentes versiones de una misma cosa que ha sucedido, que es lo mismo que ocurre cuando dos personas ven una película. Ellos son relatadores, y tienen que encontrar o acercar sus relatos, pero nunca van a conseguir que sea el mismo, ni tú ni yo ni nadie lo va a conseguir, no se puede imponer a otra persona tu relato. Solo se puede conversar y comunicarse, pero es algo que estas dos personas no logran hacer.

P: Hay muchas reflexiones cinematográficas dentro de El ser querido, como que “nunca sabes la película que has hecho hasta que la terminas”
R: A mí me ha pasado y me encanta que me pase. Pero eso también pasa en la vida, porque la vida no es sencilla, y es bonito darse cuenta e ir aprendiendo poco a poco. Por ejemplo, con Stockholm, la comencé pensando en hacer una especie de Antes del amanecer con un giro a la mitad que lo reconfiguraba todo, que daba a entender que lo que parecía mágico, no lo era tanto. Y tiempo después me di cuenta de que estaba queriendo hablar de una cosa más incómoda que estaba presente en la gente de mi generación y de la que entonces no era consciente. Quizás con El ser querido tengan que pasar unos años para digerirla y, a ver con qué me encuentro.
P: Hay una cosa que me gusta especialmente de la película y son las miradas, los silencios, cómo se cuentan cosas a través de los ojos, sin decir nada. ¿Cómo trabajasteis eso en guion y más tarde con los actores, todo ese texto subterráneo?
R: Ahí Isabel y yo nos hemos atrevido más que nunca. Hemos escrito escenas que no hubiéramos hecho en guiones anteriores, como dices, en las que hay dos personas mirándose. Son dos personas que no dicen lo que quieren decir o que ni siquiera saben lo que quieren decir, pero te lo están diciendo de otra manera, con la mirada y con el cuerpo. ¿Cómo lo hemos trabajado? Pues creando las situaciones. Con Isabel, hablando y conversando e intentando ver en la vida cosas que se puedan transformar en experiencias.
Y luego en rodaje, si cuentas con dos actores inteligentes, que lo son, y sensibles, que lo son, y talentosos... Yo creo que Javier Bardem sabe mirar muy bien. La escena del bufé me dejó sin palabras. Pensé, “este tío es muy bueno, muy bueno”. Ya lo sabía, pero experimentarlo desde dentro es muy fuerte. En cuanto a Vicky sabía que era capaz de hacer eso y mucho más.
El machismo y los cambios de formato
P: La película aborda muchos temas, sin embargo, muchos espectadores y críticos se han centrado en el machismo y la violencia masculina, que es algo que te ha acompañado a lo largo de tus películas. ¿Por qué crees que ocurre eso? ¿Por qué se asocia la mirada masculina a tu cine?
R:En casi todas nuestras películas, excepto en Madre, aparecen hombres violentos, aunque creo que intentamos darles una profundidad. No solo decimos: “Es un hombre violento y malo y ya está”. Nos gusta poner al espectador en una situación incómoda, pero creo que interesante, en la que tiene que acompañar a los personajes, empatice más o menos. Pero no estoy a disgusto con esto que me dices. A mí la violencia del ser humano, más concretamente la del hombre, me interesa mucho, porque me parece que es el mayor motivo de dolor de que las cosas no vayan bien en la sociedad y en el mundo.

P: En cuanto al cambio de formato, mucha gente se ha preguntado por qué, por ejemplo, el blanco y negro.
Me da pena que la gente se quede con eso. Pero bueno, yo quería rodar en todos los soportes y utilizar el máximo de herramientas audiovisuales para hacer un homenaje al cine. Y lo hice de una manera muy intuitiva, no quería planificar perfectamente todas las escenas antes del rodaje, que es algo que siempre había hecho. Así que decía, mañana vamos a rodar en blanco y negro, o en digital, o en celuloide, sabiendo que en montaje le daría un sentido y un orden. Y encontré que el blanco y negro representaba cuando Esteban Martínez (Bardem) dejaba de ser director y se convertía en padre y Emilia (Luengo), dejaba de ser actriz y se convertía en hija.
P: Estáis haciendo muchos coloquios acompañando a la película y recibiendo mucho ‘feedback’. Me gustaría saber algunas de las cosas que al público le está llegando más de El ser querido.
R: Hay gente que se nos ha acercado llorando, diciendo “todavía no puedo respirar, me habéis atravesado” o “esta es la historia de mi padre, o de mi hijo”, lo cual da un poco de pena, que sea tan común que haya padres que abandonen a sus hijos o no hayan sabido comunicarse con ellos. Es una de las taras de nuestra sociedad. Yo creo que los hombres se están deconstruyendo para bien, pero hay ciertas generaciones que no tuvieron ninguna herramienta. Muchos hombres comentan: “Hostia, esto me ha tocado”, y solo te dicen eso. Las mujeres se abren más, expresan sus sentimientos y no tienen miedo a expresar sus emociones. Es muy bonito recibir eso del público y poder dar una caricia que les abrigue un poco el corazón a pesar de la dureza de la historia.
También hemos percibido que es una película que aprecia la gente a la que le gusta el cine, porque creo que desprende un respeto al oficio. Hemos querido transmitir eso, el amor por las historias, yo y todo el equipo, el respeto por hacer las cosas bien, y creo que eso se nota.
La escena de la que todo el mundo habla
P: Hay una escena en concreto, la del rodaje de la comida de la sopa de caballa, en la que hay cambios de tono brutales y la gente empieza riendo y termina en un estado de tensión e incomodidad tremendo.
R: Es un buen ejemplo. El público ahí se da cuenta de que está viendo algo a lo que no está acostumbrado, porque es una escena bastante particular y nos la hemos currado para que lo sea. Nos costó mucho hacerla, tardamos en rodarla, cinco días, tardamos en montarla, con un trabajo espectacular de Alberto del Campo, y era muy difícil porque había muchos actores en escena, pero también era bonito ver cómo se compenetraban y estuvieron cinco días al pie del cañón ayudando para sacarla adelante. Así que me alegro de que se valore, porque era una escena importante en la película.

P: Todos los años se producen pugnas entre los grandes nombres del cine español del momento. En realidad, el orden de los factores no altera el resultado de los diferentes binomios o bandos, pero ahí están siempre Albert Serra, Oliver Laxe, Pedro Almodóvar, Carla Simón o tú. ¿Crees que eso es realmente productivo para el cine español?
R: Son polémicas un poco estériles que solo provocan incomodidad y, si no lo llevas bien, incluso puedes caer en una dinámica nociva que te empuja y que es muy peligrosa. Todo lo que sea fomentar la rivalidad entre compañeros es estúpido y está feo.



