La menor llegada de productos hidrobiológicos al Mercado Central del Callao dejó bandejas vacías y elevó los precios de varias especies de consumo frecuente. Comerciantes del principal punto de venta pesquero de la zona atribuyeron la reducción de la oferta a los efectos del fenómeno de El Niño y a los oleajes que dificultan las faenas de pesca.

El bonito y el jurel, dos de las alternativas más buscadas por quienes preparan pescado frito en casa, registraron aumentos que duplicaron el valor habitual en algunos puestos. El bonito, que en ciertos locales se ofrecía a cuatro soles por kilo, llegó a costar ocho soles por kilo en otros establecimientos. El jurel alcanzó el mismo precio.

La disparidad reflejó una disponibilidad irregular dentro del mercado. Mientras algunos comerciantes todavía tenían bonito entre cuatro y seis soles por kilo, otros recibían menos mercadería y trasladaban el alza a sus precios. El perico, la merluza, el pez espada y distintos mariscos también quedaron alcanzados por la menor entrada de productos.

Un comerciante de un mercado del Callao declara sobre el incremento en los precios del bonito y el jurel.

El bonito y el jurel dejaron de ser las opciones más baratas

La escasez alteró la variedad que suele encontrarse en los puestos. Un vendedor explicó que había menos especies disponibles y que los precios subían a medida que disminuía el abastecimiento. El comerciante vinculó esa situación con las condiciones climáticas que afectan la salida de las embarcaciones y la captura.

En varios locales, el bonito mantuvo un precio menor al de otros pescados, aunque ya no conservó el valor que lo convirtió en una alternativa accesible para los hogares. La diferencia entre puestos dependía del volumen recibido, de la especie y del estado de la mercadería al momento de llegar al mercado.

El perico y el pez espada figuraron entre los pescados con incrementos más notorios. La merluza se vendía a 26 soles por kilo, mientras que el perico llegaba a 30 soles. Para los vendedores, el problema no se limitaba al valor final: la reducción de la oferta dificultaba sostener una variedad estable durante toda la jornada.

Un puesto de mercado en el Callao registra un incremento en el precio de especies de consumo popular como el bonito y el jurel.

Las lluvias y el oleaje limitaron el ingreso de productos

Un comerciante que ofrecía bonito y martelo señaló que el menor ingreso de pescado estaba relacionado con las lluvias y con el fenómeno climático. Según relató, las condiciones en el mar redujeron la disponibilidad de especies y afectaron el ritmo habitual de abastecimiento hacia el Callao.

Otro vendedor indicó que los pescadores les comunicaban una sola explicación ante la falta de mercadería: “La escasez”. La frase se repetía entre los puestos donde las bandejas mostraban menos volumen y los comerciantes debían reorganizar sus ventas según los productos que lograban recibir.

La reducción de la oferta también tuvo efectos en las compras. Algunos clientes revisaban los precios y se retiraban para buscar alternativas de menor costo en otros mercados o puestos cercanos. Los vendedores afirmaron que la afluencia había bajado porque el aumento del pescado se sumó al encarecimiento de otros alimentos de consumo diario.

Diversos puestos de mercado en el Callao exhiben pescados y mariscos en medio de una subida de precios en especies como el bonito y el jurel.

Los vendedores intentan sostener la atención con la mercadería disponible

Ante el menor abastecimiento, los comerciantes intentaban conservar la atención al público con los productos que quedaban en sus puestos. Una vendedora resumió la situación con una frase que reflejaba la incertidumbre del mercado: “Con lo que provee Dios, con eso más estamos trabajando porque no hay para más”.

La falta de especies obligó a los compradores a modificar sus elecciones. Quienes buscaban bonito, jurel o pescado para fritura encontraban menos opciones y precios distintos según el local. La merluza y el perico aparecían como alternativas disponibles, aunque sus valores limitaban el margen de compra de familias que buscaban proteína a bajo precio.

La situación también alcanzó a la pota, uno de los productos con mayor salida por su precio en comparación con otros pescados y mariscos. La cabeza de pota se encontraba a seis soles por kilo. Algunos vendedores procuraban mantener ese valor para no perder clientela, pese a que el resto de la mercadería registraba aumentos.

Comerciantes exhiben mariscos y pescados en un mercado del Callao, donde la escasez de especies ha provocado un aumento en los precios de venta.

Langostinos, machas y pulpo también subieron de precio

Los mariscos mostraron una tendencia similar. Los langostinos se ofrecían entre 35 y 38 soles por kilo, con diferencias según el tamaño. En algunos puestos, el cuarto de kilo costaba entre ocho y nueve soles, mientras que los choros se vendían a seis soles la docena y las conchas negras alcanzaban 25 soles por docena.

La mixtura y la pota continuaban entre los productos más solicitados, aunque también presentaban alzas. La concha de abanico pasó de 10 a 15 soles la docena. A la vez, el cuarto de kilo de macha limpia llegó a nueve soles, frente a los seis o siete soles que costaba antes.

El pulpo registró uno de los mayores aumentos dentro de la oferta de mariscos. Un vendedor indicó que el kilo pasó de 20 a 35 soles, una variación que atribuyó a las condiciones climáticas. Según explicó, durante el año hubo días de sol pese a que debía ser invierno, mientras que la primavera se presentaba nublada y gris.

Un comerciante sostiene un pescado en el Terminal Pesquero de Villa María del Triunfo durante un reporte sobre el impacto del fenómeno de El Niño en la oferta marina.

La menor variedad condiciona las compras de los hogares

La presión sobre los precios ocurre en un momento en que los hogares también enfrentan mayores gastos en frutas, verduras y otros productos básicos. Para quienes acuden al Mercado Central del Callao, el aumento del pescado obliga a comparar puestos, reducir cantidades o reemplazar especies que antes formaban parte de las compras habituales.

Un puesto de venta de pescado en un mercado del Callao presenta pocas piezas sobre hielo en sus bandejas metálicas ante la baja disponibilidad de producto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los comerciantes esperan que el ingreso de productos se normalice cuando mejoren las condiciones que afectan la pesca. Hasta entonces, la disponibilidad seguirá marcada por la llegada diaria de mercadería y por la posibilidad de que cada proveedor consiga trasladar sus capturas hacia los mercados de venta minorista.

Las manos de un comerciante acomodan un bonito fresco sobre una balanza de metal con hielo para determinar su peso en un mercado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los puestos, la oferta queda sujeta a lo que llegue desde las zonas de pesca. Bonito, jurel, perico, merluza, langostinos, machas y pulpo continuarán entre los productos más consultados, aunque sus valores dependerán de un abastecimiento que los vendedores describen como limitado.