
España ha crecido en los últimos tres años más que las grandes economías de la UE, pero no produce al mismo ritmo. En los últimos 30 años no ha conseguido cerrar la brecha de productividad que la separa de sus vecinos europeos. El problema no está en las horas trabajadas, ya que, según datos de la OCDE, los españoles trabajan más de 1.700 horas al año, frente a las 1.350 de los alemanes, pero cada hora genera menos valor. Así, la productividad por hora en España apenas alcanza el 64% de la alemana y el 63% de la francesa, calcula el Consejo de la Productividad del Ministerio de Economía.
Los expertos atribuyen la baja productividad a una combinación de factores, que van desde la estructura del tejido empresarial español, compuesto principalmente por pequeñas y medianas empresas, hasta la inversión, la formación o el marco institucional.
En cuanto al tamaño de las empresas, España cuenta con grandes compañías cuya productividad es comparable a la de sus homólogas europeas, pero su tejido productivo mantiene un elevado peso de microempresas y pequeños negocios, que tienen más dificultades para acceder a financiación, invertir en tecnología, desarrollar actividades innovadoras o dar el salto a los mercados internacionales.
“Las grandes empresas españolas son aproximadamente dos veces más productivas que las microempresas, mientras que las compañías medianas y grandes presentan niveles de productividad similares a los de sus equivalentes europeas”, afirma Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research. El problema, en su opinión, no reside únicamente en la eficiencia de las empresas españolas, sino en la dificultad para que una mayor parte de ellas gane tamaño y alcance la escala necesaria para competir en mercados más amplios.
Sectores con poco valor añadido
Otro de los factores que resta generación de valor a España es la composición sectorial de nuestra economía. A juicio de Antonio García Rebollar, técnico comercial y economista del Estado, una parte importante del empleo español continúa concentrada en sectores con poco valor añadido. Así, el 30,6% de las horas trabajadas se concentra en comercio, transporte y hostelería, la rama con menor valor añadido por hora, 24,30 euros, mientras que la industria representa únicamente el 12,4% de las horas, pese a que su productividad creció a un ritmo medio anual del 2,2% entre 2000 y 2024.
“La brecha de productividad de España no se explica principalmente por empresas ineficientes, sino por la composición de su tejido productivo: demasiado empleo concentrado en empresas pequeñas y desconectadas de los mercados internacionales”, subraya García Rebollar. Destaca que las empresas integradas en grupos multinacionales, españoles o extranjeros, duplican la productividad de las que no pertenecen a ningún grupo. Por ello, considera que ampliar la base de empresas capaces de competir fuera es una de las políticas de productividad “más eficaces de las que disponemos”.
Menos inversión en I+D que en Europa y EE UU
Otro de los motivos que alimenta la brecha es la menor inversión en maquinaria, equipos y tecnología. La inversión empresarial española en estos activos alcanzó en 2025 un índice de 115, frente a 150 en la Unión Europea y 156 en Estados Unidos.
También la inversión pública española se sitúa por debajo de la media europea. En 2025 representó el 2,9% del PIB, frente al 3,8% de la UE. La distancia llega después de la fuerte caída registrada tras la crisis de deuda y se suma a los problemas de inversión privada en un contexto en el que la modernización tecnológica exige recursos cada vez mayores.

Una de las bazas de España es su buena posición en conectividad y en infraestructuras digitales. El problema está en su capacidad para transformar esas ventajas en aumentos de productividad, aseguran los expertos, debido a que “la brecha en capital humano y en competencias avanzadas limita el aprovechamiento de la digitalización y de tecnologías como la inteligencia artificial”.
En esta línea, Miguel Ángel Vázquez Taín, presidente del Consejo General de Economistas, subraya que “España dispone de empresas, trabajadores, infraestructuras y tecnología, pero seguimos teniendo dificultades para combinar todos esos recursos y dirigirlos hacia los usos donde pueden generar una mayor productividad”.
Defiende que el debate sobre productividad trasciende a las empresas: “Mantener la protección social y elevar la productividad no son objetivos contrapuestos. Al contrario, una economía más productiva amplía nuestra capacidad para generar renta y financiar el bienestar futuro”. Para conseguirlo, cree que no basta con incorporar tecnología, sino que es necesario invertir también en formación y ayudar a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas, a adaptar su organización y sus procesos de trabajo.
Palancas para mejorar la capacidad productiva
Entre las medidas que los expertos consideran necesarias para que España mejore su capacidad de generar valor destacan facilitar el crecimiento de las empresas, reducir las barreras regulatorias y los umbrales que desincentivan el aumento de tamaño y ampliar los instrumentos de capital y capital riesgo para las compañías innovadoras. Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea, cree que la formación y la seguridad jurídica son los elementos fundamentales para elevar la productividad de manera sostenida.
“El crecimiento de la productividad exige unas políticas educativas efectivas, que garanticen la adquisición de los skills básicos por parte del grueso de la población y pongan el acento en la oferta de conocimientos útiles para el sistema productivo, así como instituciones que garanticen la seguridad jurídica necesaria para la inversión y la actividad económica en general y eviten un exceso de regulación innecesaria”.
A estas medidas, los expertos suman el refuerzo de la inversión en I+D y digitalización, una mejor selección y evaluación de la inversión pública y una relación más estrecha entre la formación profesional y las necesidades reales del tejido productivo. A su juicio, el desafío es conseguir que España produzca más valor con los recursos que ya tiene. Según Vázquez Taín, el país cuenta con empresas, trabajadores, infraestructuras y tecnología, pero la asignatura pendiente sigue siendo lograr que todos esos elementos trabajen juntos con mayor eficacia.




