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Política

Esquizofrenia oficial con Malvinas: Milei se sube a la jugarreta de Donald Trump, mientras el canciller Quirno la desestima

Ya había sucedido algo parecido días atrás: mientras Javier Milei reunía a sus legisladores en Casa Rosada para decirles que el programa marchaba bárbaro y no necesitaba cambio alguno, así que no se les ocurriera ceder ni un ápice a las críticas de los opositores, porque apenas a esos tipos les das

Cadena LáserVía TN4 min de lectura
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Esquizofrenia oficial con Malvinas: Milei se sube a la jugarreta de Donald Trump, mientras el canciller Quirno la desestima

Ya había sucedido algo parecido días atrás: mientras Javier Milei reunía a sus legisladores en Casa Rosada para decirles que el programa marchaba bárbaro y no necesitaba cambio alguno, así que no se les ocurriera ceder ni un ápice a las críticas de los opositores, porque apenas a esos tipos les das la mano, se toman el codo, sugiriéndoles que hicieran oídos sordos a toda objeción, rechazaran a pie juntillas los proyectos sobre morosidad, discapacidad y demás, y votaran con la misma disciplina todo lo que el Ejecutivo estaba impulsando, no muy lejos de ahí Luis Caputo se juntaba con su equipo para girar disimuladamente hacia la heterodoxia promoviendo el crédito hipotecario con fondos de la ANSES, y se preparaba para defender la idea con un argumento casi distributivo, de “justicia social”.

Y pocas horas después, ante el fracaso del Consejo del salario, en que los sindicatos reclamaron llevar el mínimo vital y móvil por arriba del millón, los empresarios les contestaron con una oferta por debajo de la inflación (que apenas lo aproximaba a los 400.000 pesos), la Secretaría de Trabajo volvía a hacer, al menos de la boca para afuera, y en este caso con plata ajena, distribucionismo: propuso establecer un mínimo garantizado para los salarios de convenio, que se aproximaba a lo que estaban reclamando los gremios para el SMVM, y podía significar un alza importante para sectores hoy muy rezagados, como la construcción y algunos servicios.

Hasta ahí podía atribuirse las diferencias entre el presidente y algunos de sus funcionarios, de todos modos, por cierta división del trabajo entre ellos, y no por descoordinación o falta de consenso: Milei estaba tratando de disciplinar a su tropa legislativa y neutralizar avances de los opositores, los funcionarios de Economía y Trabajo en cambio estaban atendiendo con medidas puntuales las señales ya harto evidentes de que los salarios no repuntan como se esperaba, ni tampoco lo vienen haciendo algunos sectores de actividad muy golpeados por el ajuste, como la construcción. Uno hacía de policía malo, otros de policías buenos, y no había por qué pensar que no estuvieran coordinados en una estrategia más amplia y más o menos coherente.

Pero esta explicación quedó en duda, o directamente invalidada, cuando esta semana volvió a revelarse una grieta en las posturas oficiales, y ya no una que pueda explicarse por la astucia pragmática de ningún estratega: cuando Trump amenazó a Gran Bretaña con revisar la posición tradicional de Estados Unidos sobre Malvinas “si los británicos no invierten más en defensa” y no colaboran con él en mayor medida, igual que el resto de la OTAN, en sus operaciones militares, en particular en Medio Oriente, automáticamente Milei salió a festejar, mientras que su canciller puso en duda que de ahí fuera a surgir algún beneficio.

Leé también: Javier Milei hablará el jueves a la noche en cadena nacional por el tema Malvinas

El presidente vio la oportunidad para sumar puntos en el ánimo nacionalista que últimamente campea en nuestra opinión pública. Así que se declaró fascinado por la novedad, que seguramente querrá atribuir a su decisión de alinearse sin matices ni objeciones detrás del gobierno de Trump. “Ayer pasó algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos”, dijo, refiriéndose a la amenaza de Trump, y adelantó que el tema se iba a tratar en reunión de gabinete y luego lo desarrollaría en una cadena nacional.

Donald Trump y Javier Milei. (Foto de archivo: AP)
Donald Trump y Javier Milei. (Foto de archivo: AP)

Quirno, en cambio, hizo todo lo contrario. Casi en simultáneo a ese planteo eufórico de Milei, le quitó importancia a las declaraciones de Trump y se dedicó a desinflar el trampolín de los entusiastas: “No podemos depender de nadie. tenemos claro que la solución es diplomática y tenemos que hacer los deberes para aumentar nuestras chances de que el reclamo sea escuchado. Lo que haga Trump por Inglaterra será Trump por Inglaterra. Acá no hay un triángulo mágico donde estamos hablando en estos términos”.

Probablemente su prudencia tenga que ver con que entiende, mejor que Milei, que los efectos de esta ofensiva trumpista son bastante inciertos, y pueden ser incluso contraproducentes: si los británicos se sienten amenazados no van a mostrarse más abiertos ante los reclamos de Argentina, sino más bien lo contrario; si llegaran a hacerle caso a Trump y aumentar su gasto en defensa, nada garantiza que no pongan más aviones, barcos y misiles también en Malvinas; y si la doctrina Donroe hiciera escuela y fuera abrazada por todos los miembros de la OTAN, crecerán las chances incluso de que usen esa superioridad militar para evitar cualquier discusión sobre pesca y petróleo, ni tener que dar explicaciones. Así que, bien pensado, ¿tiene algo que ganar Argentina con todo esto? Probablemente nada.

Milei tal vez piense que puede remontar algo de su desventaja en temas caros al nacionalismo frente a la oposición peronista y a otros adversarios, por caso, la inefable Villarruel. Y que le conviene mostrarse como garante inflexible del orden macroeconómico en un momento de debilidad. Y los dos son objetivos razonables. Pero haría bien en escuchar más a sus ministros cuando hace declaraciones que al poco tiempo son desmentidas por la realidad, o por esos funcionarios que él se negó a escuchar.

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