Estados Unidos prepara el traslado hacia Sudamérica de la mayoría de los drones MQ-9 Reaper que actualmente se encuentran desplegados en África, en un movimiento que podría ampliar de manera significativa las capacidades de vigilancia, inteligencia y ataque de Washington en el hemisferio.

En una columna en Infobae al Mediodía, Andrei Serbin Pont vinculó la decisión con el nuevo enfoque que Estados Unidos está impulsando para combatir el narcotráfico y a organizaciones que identifica como terroristas.

Lo que esto termina indicando es que se viene una escalada por parte de los Estados Unidos en América Latina, con un foco probablemente hacia el norte de América del Sur, Centroamérica y el Caribe”, sostuvo.

Para Serbin Pont, el eventual desplazamiento de los Reaper debe leerse junto con una mayor cooperación militar entre Washington y distintos gobiernos de la región. Ecuador es uno de los principales ejemplos: desde marzo, fuerzas estadounidenses y ecuatorianas realizan operaciones conjuntas contra organizaciones designadas como terroristas por Estados Unidos.

El MQ-9 Reaper combina vigilancia, inteligencia y reconocimiento con capacidad de ataque de precisión mediante misiles Hellfire y bombas guiadas (REUTERS/Ricardo Arduengo)

Un dron pensado para vigilar y atacar

El MQ-9 Reaper es una plataforma de gran autonomía diseñada principalmente para tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, aunque también puede realizar ataques de precisión. El sistema incorpora cámaras, sensores infrarrojos, designadores láser y radar, y puede utilizar misiles AGM-114 Hellfire y distintas bombas guiadas.

Su principal ventaja está en la posibilidad de permanecer durante largos períodos sobre una misma zona. Eso permite seguir movimientos, obtener imágenes, identificar objetivos y transmitir información a los centros de comando sin necesidad de mantener una aeronave tripulada en el lugar.

“Estas aeronaves al fin y al cabo no solo tienen esa capacidad destructiva por medio del empleo de municiones de precisión, pero son sobre todo plataformas de inteligencia, de monitoreo y de reconocimiento”, explicó Serbin Pont.

El analista destacó además el costo operativo frente a otras aeronaves militares. “Es barato comparado con volar un F-16 o un avión de alerta temprana”, señaló.

Esa combinación de autonomía, sensores y armamento convierte al Reaper en una herramienta especialmente útil para operaciones contra organizaciones que utilizan territorios extensos, zonas fronterizas o áreas de difícil acceso.

Washington profundiza la cooperación militar en América Latina mientras evalúa desplegar drones Reaper en el norte de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe (REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo)

El antecedente de Colombia

Serbin Pont también se refirió a Colombia, donde Estados Unidos acordó el préstamo de drones MQ-9A Reaper para reforzar las tareas de vigilancia contra organizaciones vinculadas al narcotráfico.

El analista utilizó ese caso para explicar el efecto que puede generar una flota relativamente reducida cuando las aeronaves se distribuyen en turnos.

“Si vos tenés como Colombia cuatro aeronaves de estas en rotación, significa que va a haber áreas del país que van a poder estar casi bajo monitoreo constante”, planteó.

Más allá de la cantidad definitiva de unidades, la importancia está en la posibilidad de sostener una vigilancia aérea persistente. El Reaper puede observar durante períodos prolongados una determinada zona y aportar información que luego puede ser utilizada por las fuerzas de seguridad o militares.

Para Serbin Pont, esa capacidad puede integrarse a una red regional más amplia. El analista mencionó a Ecuador, Puerto Rico, Panamá y otros puntos del Caribe y Sudamérica como posibles nodos desde los cuales Estados Unidos podría ampliar la cobertura de sus operaciones.

El caso de Colombia mostró que una flota reducida de drones MQ-9A Reaper puede sostener monitoreo casi constante en áreas del país (Europa Press)

El objetivo no sería solamente detectar embarcaciones o movimientos terrestres. También se trata de producir inteligencia que permita identificar rutas, estructuras logísticas y patrones de actividad de las organizaciones criminales.

El nuevo escenario regional

El eventual despliegue de los Reaper se produce en un contexto en el que Washington aumentó su presencia militar en América Latina y reforzó la cooperación con gobiernos que participan de su estrategia contra el narcotráfico.

La denominada Americas Counter Cartel Coalition, impulsada por Estados Unidos, reúne a países de la región para coordinar acciones contra organizaciones criminales transnacionales. Washington también desarrolló operaciones con Ecuador en el Pacífico oriental y el Caribe.

Serbin Pont considera que los drones pueden convertirse en una pieza central de esa estrategia porque permiten combinar información y capacidad ofensiva en una misma plataforma.

Pero justamente esa característica abre el interrogante más sensible de su análisis: qué ocurre cuando un sistema utilizado para vigilar también puede emplearse para atacar.

Estados Unidos prepara el traslado de la mayoría de los drones MQ-9 Reaper de África a Sudamérica para operaciones antidrogas (REUTERS/Eva Marie Uzcategui)

La discusión por el uso de la fuerza

El analista puso el foco en la utilización del concepto de “narcoterrorismo” para definir a determinadas organizaciones.

Todo eso que usamos en África para matar terroristas lo vamos a mandar para América Latina, donde hablamos de narcoterroristas”, resumió al explicar el cambio de enfoque que, a su criterio, se está produciendo en Washington.

La cuestión no es únicamente tecnológica. Un dron puede localizar un objetivo, seguirlo durante horas y aportar información precisa. Pero la decisión de atacarlo depende de un marco jurídico y de reglas de empleo de la fuerza que varían según el país y la operación.

“¿Qué marco jurídico en América Latina te va a permitir decir: ‘Ah, esa persona es un narcoterrorista, por ende yo le puedo lanzar un misil’?”, planteó Serbin Pont.

En ese punto aparece una diferencia fundamental entre la cooperación en materia de inteligencia y una intervención militar directa. Que Estados Unidos aporte información o capacidades de vigilancia no significa necesariamente que pueda utilizar armamento en territorio de otro Estado sin autorización.

La autonomía de los drones Reaper permite sostener vigilancia aérea persistente sobre zonas fronterizas, territorios extensos y áreas de difícil acceso (REUTERS/Josh Smith/File Photo)

Para el analista, América Latina presenta además un escenario mucho más heterogéneo que África o Medio Oriente, con distintos marcos legales, capacidades militares y niveles de cooperación con Washington.

“Hay una asimetría de poder y hay una asimetría en términos de los conceptos que se manejan y una asimetría de los marcos legales que habilitan las acciones”, sostuvo.

El eventual traslado de los MQ-9 Reaper, en ese contexto, no representa solamente un cambio de ubicación de una flota de drones. Para Serbin Pont, es una señal de que Washington prepara una mayor presencia de inteligencia, vigilancia y capacidad de ataque en una región donde la lucha contra el narcotráfico empieza a adoptar una dimensión cada vez más militar.

La pregunta que queda abierta, concluyó, es hasta dónde llegará ese nuevo esquema y bajo qué reglas podrán actuar esas aeronaves.

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