El panel estuvo formado por la psicóloga Romina Cáceres, la periodista Claudia Peiró, y los abogados Paulo Ares y Pablo Dávoli, con una introducción a cargo de Juan Bautista González Saborido, director de Organismos Internacionales del Senado, quien subrayó que el tema de la convocatoria no es ”meramente estadístico”, sino determinante de “qué país vamos a ser” o “qué país queremos ser”. La Argentina no está al margen de transformaciones mundiales que desafían “la capacidad de los Estados para sostener su desarrollo y ejercer plenamente su soberanía”.
“En apenas una década, los nacimientos se redujeron de manera drástica: pasaron de más de 777.000 en 2014 a poco más de 413.000 en 2024. La tasa global de fecundidad descendió hasta ubicarse aproximadamente en 1,23 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional, estimado en 2,1”, señaló, destacando que, “en el caso argentino, este desafío adquiere además una dimensión geopolítica de primer orden”, por nuestra gran extensión territorial, nuestros importantes recursos naturales y vastas regiones con baja densidad poblacional.

“La población se concentra en determinados centros urbanos, mientras amplias zonas del territorio enfrentan despoblamiento, falta de infraestructura y pérdida de oportunidades. Por eso, la cuestión demográfica está directamente vinculada con la ocupación efectiva del territorio, con el desarrollo regional y con la capacidad de custodiar nuestros recursos”, agregó.
Y advirtió: “Los espacios vacíos no son una abstracción geográfica: pueden convertirse en debilidades estratégicas si no están integrados mediante infraestructura, trabajo, educación, conectividad y presencia efectiva del Estado”. También señaló la necesidad de rebatir “ciertos enfoques que presentan la disminución de la población como una solución automática a los problemas de pobreza y subdesarrollo”.
Argentina no puede resignarse al descenso demográfico; al contrario, debe “fortalecer a las familias, acompañar la maternidad y la paternidad, promover el empleo digno, garantizar vivienda y educación, mejorar los servicios de cuidado y generar condiciones para que los jóvenes puedan formar una familia y desarrollar su proyecto de vida en nuestro país”; y, teniendo en cuenta el arraigo territorial, “federalizar las oportunidades, descentralizar la actividad económica, fortalecer las ciudades intermedias” para que ”vivir fuera de los grandes centros urbanos no signifique vivir sin futuro”.
A continuación, Claudia Peiró enumeró todos los “hitos del antinatalismo” que marcaron el “derrumbe de la natalidad en la Argentina desde 2014” [Aclaración: ese tramo de su intervención ya fue publicado y puede leerse en este link].
“Hace demasiado tiempo que la Argentina no tiene una política demográfica —señaló Peiró—, porque tampoco tiene una estrategia de desarrollo que tenga en cuenta la realidad de un mundo del que no podemos aislarnos, por eso estamos sometidos a las estrategias que formulan y promueven otros”.

Esto es grave en un país “despoblado y desequilibrado en su desarrollo”, como Argentina. “Sin embargo, y aunque la historia desmintió a Malthus una y otra vez, muchos siguen razonando como si más población implicase sólo más problemas y no más potencial”. “Si la opción es combatir la pobreza o eliminar a los pobres, la dirigencia política argentina ya decidió: opta por lo segundo”, aseguró.
“Desde los tiempos fundacionales de la Nación, el poblamiento del vasto territorio argentino fue una de las preocupaciones y ocupaciones de nuestras elites; inexplicablemente ausente del debate actual —siguió diciendo—. Ningún político que gobierne o aspire a gobernar la Argentina debería ser antinatalista. Es casi perverso que la dirigencia argentina se oponga a que nazcan compatriotas. Eso implica ignorar los desafíos geopolíticos a los cuales se enfrenta y se enfrentará el país.”
En cuanto al desequilibrio territorial, recordó que la Constitución Nacional, en su artículo 124 dice que “las provincias podrán crear regiones para el desarrollo económico y social”.
La regionalización es una estrategia que permitiría reequilibrar nuestro “federalismo imperfecto”, pues “duele ver a compatriotas que migran hacia el conurbano en busca de sueños que no ocurren”, dijo, citando a un gobernador.
Uno de los riesgos más notorios de la globalización es la “sociedad de dos velocidades”, un país que “integra una de sus partes con fluidez a la globalización y deja a la otra marginada”. “La regionalización permitiría rebalancear el poder interno y potenciar a las provincias de cara a la globalización y le daría un ángulo geopolítico a la Argentina para facilitar la inserción comercial del país en un mundo que mayoritariamente funciona en regiones, lo vemos en Europa y en China. Contribuirá a restituirles poder de decisión a las provincias para que no queden a merced de la extorsión del gobierno central según voten o no sus políticas”.
Señaló que en este momento el mundo debate sobre el factor crítico que es la relación de los recursos con la población. “Entonces, reitero, no por desconocer la geopolítica vamos a dejar de padecerla. Debemos comprender que la persona humana es poder. El argentino ha demostrado a lo largo de su historia una permanente y misteriosa creatividad en todas las disciplinas. Por eso es perentorio sustituir las políticas antinatalistas por programas que garanticen proteínas en la cabeza de todos los niños argentinos, porque ahí es donde se juega el futuro de la nación”, concluyó.

“La caída de la natalidad argentina no es un fenómeno demográfico natural, es el resultado de una guerra psicológica, que no necesita invadir físicamente un territorio: basta con desarmarlo psico-biológicamente para que el pueblo que lo habita termine entregando su futuro a intereses globalistas que, desde una concepción malthusiana y eugenésica, nos consideran demasiados y sobrantes”, dijo a su turno Romina Cáceres, licenciada en Psicología, investigadora y docente universitaria y especialista en Psicoanálisis y Psicología Biológica.
La crisis demográfica es el síntoma más preocupante de una crisis mucho más profunda, advirtió. “Es la señal máxima de autodestrucción de una sociedad que se ha despojado de algunos de sus más importantes mecanismos civilizatorios y estructurantes a nivel psíquico”.
Antes de hacer caer la demografía, es necesario “generar un deterioro sin precedentes de los vínculos que hacen posible la formación de familias, la cooperación entre los sexos y la construcción de proyectos compartidos que posibilitan la continuidad generacional”, dijo Cáceres.
“No estamos frente a una simple transformación demográfica —continuó—, sino frente al debilitamiento progresivo de los mecanismos biológicos, psicológicos y culturales que, durante generaciones, permitieron a hombres y mujeres confiar, cooperar, formar familias y proyectarse hacia el futuro”.
Pero se “vendió la idea de haber liberado el cuerpo de sus límites”, cuando en realidad se lo estaba entregando “a nuevos sistemas de control: el mercado, la industria farmacéutica, la pornografía y los algoritmos, mucho más invasivos, lucrativos y difíciles de reconocer”. “No hemos eliminado el control; simplemente se ha vuelto invisible”, sentenció.
También señaló que a la crisis de la familia se agrega “una cultura que presenta el compromiso como pérdida de libertad, la maternidad o la paternidad como obstáculos y la realización individual como único proyecto legítimo, tenemos como resultado a la sociedad actual, que posterga lo máximo posible la pareja estable y la decisión reproductiva”.
El feminismo, “en sus versiones más extremas y sesgadas” instauró un relato “de víctimas (mujeres) y victimarios (varones)”. Pero “ninguno de nosotros estaría aquí si no hubiera habido una cooperación incondicional, por sobre toda diferencia y dificultad, entre varones y mujeres”, acotó.
También apuntó a la ESI, “educación sexual integral con perspectiva de género, es la instauración de la confusión en niños, pieza fundamental de la guerra psicológica para la despoblación”.
La soberanía de un territorio se sostiene con población, dijo Cáceres. “Enfrentemos esta guerra con información científica y trabajo en comunidad, solo las familias fuertes y unidas pueden generar las respuestas que necesitamos ante tanto ataque. Recuperemos y fortalezcamos los valores que hicieron grande a esta patria. No teman a la verdad, porque aunque duela o moleste, siempre nos hace libres”, concluyó.

Paulo Ares, abogado y profesor universitario, y autor de obras sobre geopolítica y desarrollo (Perón vs Kissinger y Argentina 2030), expuso una serie de ideas concretas acerca de cómo puede la Argentina reequilibrar su desarrollo, partiendo del diagnóstico de que los argentinos “no somos capaces de planificar, de discutir un rumbo”, pese a que ello es “clave para enfrentar una situación crítica como la que plantea nuestra demografía”, ya que “estamos al borde del decrecimiento poblacional”.
Además bajó la inmigración, porque Uruguay y Chile, que tradicionalmente nos proveían, también tienen baja natalidad, y Paraguay está atravesando un buen momento económico.
“Salvo por la ola venezolana, estamos en una situación muy crítica”, acotó. La inmigración debería planificarse, entre otras cosas, para que se distribuya en todo el país y no se concentre sólo en Buenos Aires.
En relación con esto, consideró “genial”, que vengan estudiantes extranjeros: “Lo negativo es que los egresados universitarios se vayan, sean extranjeros o argentinos; el objetivo debe ser que los extranjeros se queden y se hagan argentinos”. Y cuestionó que muchos universitarios argentinos declaren abiertamente que se van a ir del país que invirtió tiempo y recursos en formarlos.
Sugirió que haya un servicio a la comunidad para todos: “Formamos a las personas y luego se van tranquilamente y hay pueblos que no tienen esos profesionales”.
“Nada más revolucionario que un padre y una madre caminando por la plaza llevando a sus hijos de la mano”, dijo, citando a Chesterton, y sugirió “firmar un pacto: tres niños como mínimo por familia si queremos corregir la caída demográfica”.
Señaló que en el país “hay buenos programas de apoyo prenatal y mucho esquema de protección social y eso es bueno, pero no alcanza; hay que dar estímulos a las familias en los lugares más despoblados”.
La AUH debería contemplar una progresión según el número de hijos y se deberían reconocer más años de aportes previsionales a la mujer por cada hijo (actualmente es un año).
Sugirió replicar la “Ley Bordón”, de envasado del vino en origen a otras producciones regionales, como “la mejor forma de descentralización: industrializar en origen”.
También apuntó al sinsentido de que las Pymes, que son las que más empleo generan, tengan casi los mismos impuestos que una empresa grande: “Buena parte de la informalidad laboral tiene que ver con eso”.
Otro sinsentido es que haya estímulo al empleo joven, pero no lo haya al empleo de la persona de 50 años con hijos.

“La de Balcarce es la única Facultad de Agronomía que trabaja con el INTA”, dijo, cuando en realidad todas “las facultades deberían estar vinculadas a los centros de investigación y a las provincias”.
“La universidad de Mar del Plata no tiene ningún programa para el puerto más importante del país. Las carreras vinculadas al puerto las da la UTN”, señaló, para concluir que “todas las facultades de Veterinaria y Agronomía deberían estar vinculadas al INTA y las de Ingeniería al INTI, de modo que las decisiones no las tomen camarillas sino representantes de la comunidad.
“Hay carreras que la Argentina no necesita —sentenció—. Hay que dejar que decidan las provincias qué carreras priorizar”.
“El Estado argentino es cobarde, parecemos tontos”, criticó, tras señalar que, por ejemplo, “las aplicaciones no tienen una sede en Argentina para poder recibir reclamos de defensa del consumidor”, sin embargo padecemos una “pandemia de ludopatía” por lo que debemos “exigir protección para los menores en las aplicaciones”.
En el plano político expuso la necesidad de ir a un sistema electoral mixto: “50% de listas sábanas y 50% sistema uni jurisdiccional”, para que los legisladores “tengan que dar la cara por lo que votan”. También propuso “volver al colegio electoral” porque “el voto directo ha hecho que solo votemos a tipos del AMBA que salen en televisión; el interior la mira de afuera”.
También señaló la necesidad de recuperar la Defensa y por lo tanto a las Fuerzas Armadas, recordando el papel estructurante que han tenido a lo largo de nuestra historia.
“El Estado argentino no planifica porque le da todo lo mismo. Pero si discutimos el país que queremos y lo planificamos, Argentina puede salir adelante. Si no lo hacemos, Argentina estará muy mal. Si no afrontamos estos problemas en serio es que nos dimos por vencidos”, concluyó.
Finalmente, Pablo Davoli, abogado, secretario de la Comisión de Defensa Nacional del Senado, definió al control demográfico como la “manipulación deliberada del volumen poblacional de un determinado conjunto humano, en contra de la voluntad y/o de los intereses legítimos de sus integrantes”.
Llamó “hobbesianismo demográfico” a esa amplia corriente ideológico-doctrinaria iniciada por Thomas Malthus, porque postula “una suerte de estado de naturaleza signado por un desequilibrio esencial e inevitablemente conflictivo, en el cual la supervivencia de algunos depende de la muerte infligida, directa o indirectamente, a los otros”.
En el terreno de los hechos, dijo, hay actores e instancias muy poderosas que difunden estas ideas y promueven políticas basadas en la misma. Hizo una enumeración, empezando por la Liga Americana de Control de la Natalidad, fundada en 1921 por Margaret Sanger, que en 1942 dio origen a la Federación Americana de Paternidad Planificada (Planned Parenthood), luego internacionalizada. La enumeración siguió con el Consejo de la Población, fundado por John D. Rockefeller III en 1952, el Club Bilderberg (1954), el Club de Roma, que en 1972, presenta “Los límites al crecimiento”, o informe Meadows; el Banco Mundial, que ofrece créditos blandos a cambio de la implementación de políticas de reducción demográfica; etc. etc.
Hasta los actuales organismos de la ONU como el Fondo de Población, y la Organización Mundial de la Salud. También mencionó la Agenda 2030, y sus diecisiete objetivos de desarrollo sostenible: “Los que han sido objetados son principalmente los referidos a la pobreza, la salud y la igualdad, porque contienen programas de implementación que influyen negativamente en las tasas de natalidad”.

En cuanto a la motivación de quienes promueven estas estrategias, “preciso es admitir que, en no pocos casos, existe una auténtica convicción ideológico-doctrinaria” —señaló—, a pesar de que la historia y la ciencia han demostrado la falsedad de los postulados malthusianos. Pero en otros casos, “tallan y operan intereses condenables”, que pueden reseñarse así: “consolidar a nivel internacional determinadas hegemonías estatales y ambiciones imperialistas, preservar ventajas económicas y privilegios sociales escandalosamente injustos y, dirigir el despliegue del globalismo hacia la instauración -más o menos visible- de un gobierno mundial”.
“Lo cierto es que no sobra gente —sostuvo—. A nivel mundial tampoco escasean los recursos naturales ni padece ninguna inconsistencia el orden natural físico. Pero cunden la codicia y la avaricia sistemáticas. Campea la injusticia y sobreabundan usureros, especuladores y expoliadores que parasitan economías, depredan entornos naturales y explotan pueblos, como dice el tango, en un despliegue de maldad insolente, con escandalosa impunidad”.
Dios ha sido muy generoso con los argentinos en cuanto a territorio y recursos naturales, destacó. Pero la tarea, ya indicada por Alberdi, “aún se encuentra pendiente y por eso, celebro especialmente la realización del presente encuentro —dijo Davoli a modo de conclusión— y hago mis votos para que las reflexiones compartidas en esta jornada contribuyan a que quienes tienen responsabilidades afronten el desafío”.