Álvaro Alfaro
Shenyang (China), 8 sep (EFE).- La estatua de Mao Zedong en la ciudad de Shenyang (noreste), una de las mayores de China, resume en vísperas del 50.º aniversario de su muerte una presencia que perdura en monumentos, la plaza de Tiananmen y los billetes, una memoria oficial que lo mantiene vivo sin abrir completamente el debate sobre sus sombras.
Erigida en 1970 y llamada '¡Viva la victoria del pensamiento de Mao Zedong!', la escultura alcanza 20,5 metros y coloca a Mao en lo alto, con el brazo extendido, sobre un grupo de soldados, obreros, mineros y campesinos, en una estampa de la China revolucionaria.
Las esculturas de soldados en el pedestal tienen gesto fiero; aparecen la hoz y el martillo, un hombre sostiene un ejemplar del 'Manifiesto Comunista' y otro personaje rompe una estatua tradicional de un león, representación de la campaña durante la Revolución Cultural contra las "viejas costumbres, vieja cultura, viejos hábitos y viejas ideas" que destruyó elementos del patrimonio histórico chino.
Al pie del monumento, un joven apellidado Yang contemplaba el monumento y trataba de imaginar qué pensaría Mao si pudiera recorrer hoy Shenyang, antigua potencia industrial del noreste chino.
"Se sorprendería", indicó a EFE, y algunas cosas como el precio de la vivienda actual le "disgustarían", en comparación con una época en la que las empresas estatales proporcionaban viviendas a los trabajadores.
Yang considera que Mao debe ser juzgado desde varias facetas -político, militar, poeta, calígrafo o maestro- y asegura sentir "gratitud" hacia él como fundador de la República Popular y por haber inaugurado, a su juicio, una "etapa de paz" de la que disfruta su generación.
Yang percibe una brecha generacional: son los mayores, dice, quienes muestran una admiración más intensa. Entre los jóvenes el fervor es menor, aunque para él la condición de "fundador" hace que Mao siga "mereciendo respeto".
La de Shenyang es una de las mayores esculturas de Mao conservadas en China, pero no es excepcional. Hay cientos repartidas por plazas, universidades y parques.
En Pekín, un retrato de Mao continúa presidiendo la puerta de Tiananmen, desde donde proclamó la República Popular en 1949, mientras a pocos metros su cuerpo embalsamado permanece expuesto en el mausoleo levantado tras su muerte el 9 de septiembre de 1976.
Su rostro aparece asimismo en todos los billetes de yuanes, aunque ese contacto cotidiano con Mao resulta cada vez menos frecuente en un país donde los pagos móviles han relegado el efectivo en la mayoría de transacciones.
No todas las representaciones han sobrevivido. Muchas estatuas levantadas durante su vida fueron retiradas tras su muerte y el inicio de las reformas económicas, y las autoridades han intervenido también contra homenajes posteriores considerados excesivos.
En 2016 fue demolida en la provincia central de Henan una estatua dorada de Mao sentado de 37 metros, financiada por empresarios locales y prácticamente terminada, después de que las autoridades alegaran que carecía de autorización.
Esa omnipresencia convive con una evaluación histórica mucho más compleja.
La resolución adoptada por el Partido Comunista de China (PCCh) en 1981 estableció la fórmula que estructura su recuerdo: los "méritos" de Mao fueron lo principal y sus "errores", lo secundario.
Entre estos últimos figuran el Gran Salto Adelante, asociado a una hambruna que causó decenas de millones de muertos: un artículo publicado en 'The China Quarterly', de Cambridge University Press, recoge estimaciones de entre 16 y 30 millones; y la Revolución Cultural, una década de violencia y caos que el PCCh calificó posteriormente de "grave calamidad".
Para el analista Xulio Ríos, autor del recientemente publicado 'China: la modernización permanente', la conservación de esas imágenes no responde únicamente a una voluntad de recordar a una figura histórica, sino al lugar de Mao en el relato fundacional.
"Mao es inseparable de la legitimidad sistémica del Partido Comunista de China", señala Ríos a EFE. Según él, "cuestionarlo en exceso" supondría poner en entredicho no solo al personaje, sino también el "relato fundacional sobre el que se construye la legitimidad del Partido".
Eso ayuda a explicar que la China que condenó la Revolución Cultural y reconoció los errores del Gran Salto Adelante conserve su retrato en Tiananmen, su cuerpo embalsamado y su rostro en los billetes.
"No existe necesariamente una contradicción desde la lógica del sistema", sostiene Ríos, porque se separa "al Mao histórico, con sus aciertos y errores, del Mao fundador, cuya centralidad permanece intacta".
Ríos observa además una cierta "sacralización" política y simbólica de Mao: sus retratos y estatuas están asociados a iconografía fundacional china y están sometidos a límites distintos de los que afectan a otros personajes.
"La crítica histórica puede ser asumida; la desacralización simbólica es mucho más problemática", resume. EFE
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