
Estudiantes de la UNAM de Antropología, Derecho y Criminalística se sumaron a las jornadas de búsqueda de personas desaparecidas encabezadas por colectivos de familias, tras recibir capacitación técnica y protocolos de actuación del Laboratorio de Antropología Forense. El programa buscó que los universitarios acompañaran las labores en campo desde sus conocimientos profesionales y con respeto a las atribuciones de las autoridades.
La colaboración se desarrolló mediante el programa “Antropología Forense y Derechos Humanos”, que preparó a los alumnos de acuerdo con su disciplina. La formación incluyó herramientas para participar en rastreos, localizar posibles indicios, preservar hallazgos y brindar acompañamiento a familias que buscan a sus seres queridos.
Lilia Escorcia, encargada del Laboratorio de Antropología Forense, explicó que la iniciativa surgió ante la necesidad de crear formas institucionales de apoyo para las víctimas indirectas de desaparición. “El programa surge de la necesidad de buscar otras formas de acompañamiento a los familiares de las víctimas de desaparición de personas. Buscar esas estrategias de acompañamiento a las familias desde el espacio institucional”, señaló.
La especialista sostuvo que la participación de distintas carreras permitió formar equipos multidisciplinarios durante las jornadas. “Cada especialista tiene algo que aportar, pues lo interesante es que se conforme un grupo multidisciplinario y que se atiendan las necesidades, que se puedan atender en la medida de tu profesión, de tus alcances y, desde luego, respetando la labor de las autoridades”, afirmó a la televisora Nmás.

La formación universitaria llevó conocimientos forenses a las búsquedas
Los estudiantes trasladaron al campo parte de los conocimientos adquiridos en las aulas, en una actividad que también podía vincularse con sus requisitos académicos y de servicio social. Las tareas incluyeron observación de terrenos, apoyo logístico, análisis de posibles indicios y acompañamiento durante recorridos en zonas de difícil acceso.
La capacitación también contempló una dimensión psicosocial y de derechos humanos para atender a las familias sin sustituir su experiencia ni la responsabilidad de las fiscalías y comisiones de búsqueda. El propósito fue que los jóvenes aportaran desde los límites de su formación profesional y bajo la supervisión correspondiente.

Desde hacía tres años, Javadd Jacobo, estudiante de antropología física, participaba en estas jornadas. Su labor se concentró en identificar restos en el sitio donde eran localizados y distinguir si un elemento óseo podía pertenecer a una persona o a un animal.
“Lo que hago más es identificación de restos in situ. Yo descarto en ese momento si el elemento óseo corresponde a una persona o podría corresponder a un animal”, explicó el universitario. Su conocimiento de anatomía le permitió colaborar en las primeras revisiones de materiales encontrados durante los rastreos.
Jacobo había participado en búsquedas en Ciudad de México, Estado de México, Morelos, Guerrero y Baja California. Las jornadas lo enfrentaron a condiciones distintas de terreno, disponibilidad de personal y posibilidades reales para usar tecnología en las zonas que las familias buscaban revisar.

El estudiante expuso que los protocolos de búsqueda requerían una cantidad de personas que no siempre estaba disponible. “Te van a decir que tienes que hacer un cinturón cada dos metros y todos tienen que avanzar al mismo tiempo. ¿Cuánta gente vas a necesitar para cubrir el perímetro que quieren sondear? Y pues no la hay”, planteó.
También señaló que las características geográficas del país podían limitar el uso de herramientas técnicas. “A lo mejor el recurso está, pero la geografía de México no permite que esa tecnología sea empleada del todo”, sostuvo sobre las dificultades operativas que observó durante los recorridos.
Las familias mantuvieron el peso principal de las jornadas de rastreo
Pese a la capacitación y al apoyo universitario, la búsqueda de personas desaparecidas siguió recayendo principalmente en las familias organizadas en colectivos. Los estudiantes se integraron como respaldo técnico, físico y humano para recorrer terrenos, revisar puntos señalados y acompañar las labores de localización.
Jacobo describió el sentido que las madres buscadoras atribuyeron a la presencia de los jóvenes. “Si tú le preguntas a una madre, ellas te dicen: ‘Ustedes nos prestan sus ojos y sus manos para poder encontrar a sus seres queridos’”, indicó.
La colaboración académica también buscó que las familias tuvieran acceso a nociones de antropología forense, criminalística, preservación de indicios y derechos humanos. A la vez, los alumnos conocieron de primera mano los procesos que enfrentaban las personas que buscaban a familiares desaparecidos.
En Navojoa, Sonora, un grupo de estudiantes de la licenciatura en Criminología de la Universidad Hispana participó el 21 de febrero en una jornada organizada por el colectivo Buscadoras Huatabampo Sonora. La actividad se realizó tras una denuncia anónima sobre posibles fosas clandestinas en distintos predios.
Las buscadoras iniciaron los recorridos desde temprano y anunciaron que las revisiones continuarían durante los días siguientes, hasta inspeccionar por completo las zonas señaladas. El objetivo fue descartar cualquier indicio relacionado con personas desaparecidas.
Los universitarios acudieron acompañados por la doctora María Fernanda Mundo López, jefa de la carrera y coordinadora académica del campus Navojoa. Su participación fortaleció las labores de observación y análisis en campo como parte de su preparación profesional y compromiso social.
Elementos de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal, Guardia Nacional y Policía Estatal de Seguridad Pública brindaron seguridad perimetral durante el operativo. Personal de la Comisión de Búsqueda de Personas para el Estado de Sonora también acompañó a las familias y mantuvo coordinación con el colectivo.
El presidente municipal de Navojoa, Jorge Alberto Elías Retes, donó alimentos para las participantes de la jornada. Hasta el cierre de la inspección no se habían registrado hallazgos positivos en los predios revisados, mientras las labores continuaban en los puntos referidos por la denuncia anónima.


