Mariposa medioluto herrumbrosa (Melanargia occitanica), que sufre un serio declive por las sequías asociadas al cambio climático y la agricultura intensiva. (Daniel Villafreula/Wikimedia Commons)

Imagina por un momento un mundo sin el canto de los pájaros o el batir de las alas de las mariposas, un mundo en el que las condiciones de vida se vuelven insostenibles para estas y otras miles de especies que comparten la Tierra con el ser humano. Lamentablemente, nos acercamos de manera peligrosa a este escenario.

La crisis de la biodiversidad avanza a pasos agigantados, mucho más rápido que el camino que recorren los países para buscar una solución. Y, en esta “batalla” que vamos perdiendo contra la sexta extinción masiva —que no es más que el producto de nuestras propias acciones—, hay víctimas que están sufriendo especialmente las consecuencias de un mundo cada vez menos habitable.

Según la última actualización de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el 61 % de las especies de aves en el planeta han sufrido un declive en sus poblaciones. También el número de mariposas es testigo de esta decadencia, pues son seres sensibles a los cambios ambientales y, por tanto, constituyen un buen indicador de la salud del medioambiente. Según el último informe de mariposas de los pastizales de Europa, elaborado por la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre 1991 y 2024, este conjunto de lepidópteros se ha reducido drásticamente en un 47 %.

Ejemplar de alzacola rojizo. (El Golli Mohamed/Wikimedia Commons)

Muchos países se afanan por revertir esta situación mediante diversas políticas conservacionistas. Sin embargo, ni siquiera con las más ambiciosas previstas actualmente en Europa se conseguiría frenar el declive de pájaros y mariposas en el continente. Así lo revela un estudio recientemente publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, liderado por el National Research Institute on Agriculture, Food & the Environment (INRA) de Francia) y con participación de entidades españolas como el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto Catalán de Ornitología o el Museo de Ciencias Naturales de Granollers.

El cambio climático, la agricultura intensiva y la gestión forestal

La investigación analiza 265 especies de pájaros y 144 de mariposas comunes en Europa entre los años 2000 y 2021, a partir de cuyos datos pronostica la situación en 2050 bajo distintos escenarios de conservación. El estudio revela que, incluso en los más optimistas, las poblaciones de pájaros comunes continuarían disminuyendo, sobre todo las especies agrarias, que han reducido su presencia en el continente en un 77 % en la última década, según otro estudio reciente del Consejo Europeo de Censo de Aves (EBCC) que también contó con la participación del CREAF y el CSIC.

En el caso de las mariposas, se observa poco efecto de mejora con estos escenarios de conservación más ambiciosos, alineados con la Estrategia de Biodiversidad de la UE para 2030 y el Pacto Verde Europeo. “La mayoría de estudios proyectan qué pasará si continuamos como hasta ahora o bajo los escenarios más pesimistas. En línea con iniciativas internacionales, nosotros hemos querido responder a una pregunta diferente: si políticas de conservación más positivas con la naturaleza son suficientes para recuperar la biodiversidad en Europa”, explica Lluís Brotons, investigador del CREAF y coautor del estudio. “Desgraciadamente, ninguno de los escenarios analizados consigue detener ni revertir el declive”.

Ejemplar de alcaraván común. (Frank Vassen/Wikimedia Commons)

Esto se debe, en definitiva, a la elevada presión que continuamos ejerciendo sobre el territorio. La agricultura intensiva es, de hecho, una de las principales causas del declive: el aumento de los monocultivos, el uso intensivo de pesticidas y fertilizantes y la simplificación del paisaje perjudican gravemente a los pájaros agrarios y a las mariposas de los prados.

También el cambio climático, con el aumento de las temperaturas y los cambios en los regímenes de lluvia, afectará a las mariposas y a algunas especies de aves.

“Una de las variables más determinantes la encontramos en que la intensidad de los usos del suelo continúa en aumento. Por ejemplo, se estima que el uso de los bosques para la extracción de madera se intensifique en Europa en todos los escenarios analizados”, explica Tristan Bakx, también investigador del CREAF y coautor del estudio.

Mariposa doncella modesta (Melitaea trivia), afectada por el cambio climático y la transformación de su hábitat. (Zeynel Cebeci/Wikimedia Commons)

Tal y como han señalado multitud de expertos, especialmente en estos meses por los incendios forestales que han azotado a España durante el verano, en los últimos años la superficie forestal se ha expandido por el abandono rural. Esto genera bosques extensos y uniformes que suponen hábitats de poca calidad porque su diversidad de especies es muy baja. Así, son poco favorables para pájaros forestales más especialistas y las mariposas, que necesitan espacios abiertos dentro de los bosques.

Con los sistemas de explotación tradicionales esto no ocurría, pues se favorecía un mosaico dinámico del paisaje que creaba también pequeños claros. El problema reside en que los escenarios futuros contemplan un aumento en la gestión de los bosques, pero de una forma intensiva para la producción de madera, lo que podría limitar aún más la biodiversidad forestal.

“Muchas especies de pájaros y mariposas forestales necesitan bosques más diversos, con claros, espacios abiertos y diferentes estructuras de vegetación, hábitats que tienden a desaparecer tanto por el abandono rural como por el aprovechamiento intensivo de los bosques”, añade Bakx.

Ejemplar de collalba rubia, una de las aves agrarias afectadas por este declive en Europa. (Juan Lacruz/Wikimedia Commons)

España, en el centro de las consecuencias

Todo el sur europeo, en el que se encuentra España, sufre con mayor intensidad este declive en las poblaciones de aves y mariposas. Esto se debe, según señala el CREAF, a que en todos los escenarios analizados se observa un aumento de la gestión agrícola. A esto se suma el hecho de que es una zona en la que el impacto del cambio climático será más acusado.

Las señales de la reducción de las poblaciones ya se están evidenciando en nuestro país. Es el caso, por ejemplo, del alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes), que en España cayó un 94,8 % entre 2004 y 2020, tal y como señaló la organización ornitológica SEO/BirdLife hace algunos años. También el alcaraván común (Burhinus oedicnemus), que está sufriendo los efectos de la intensificación agrícola.

Con respecto a las mariposas, el cambio climático está empujando a algunas especies acostumbradas a temperaturas más frías a mayores altitudes; el problema es que llega un momento en el que la montaña se termina y no pueden ascender más. Es el caso de la apolo (Parnassius apollo).

Ejemplar de mariposa apolo (Parnassius apollo). (Hinox/Wikimedia Commons)

Esta crisis de extinción no está afectando únicamente a un par de especies, sino que es un problema de tal magnitud que resulta muy preocupante: según señaló la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) con respecto a la presentación del nuevo Atlas y Libro Rojo de las Mariposas Españolas, el 30 % de las especies de nuestro país están amenazadas.

Entonces, ¿cómo salvamos las aves y las mariposas?

Los resultados de este estudio no deben interpretarse como una señal de que estas medidas no sirven para nada y que, por tanto, deberían eliminarse. Tal y como señala el CREAF, las áreas protegidas y otras políticas de conservación “son herramientas fundamentales para reducir la presión de los humanos sobre las especies”.

No obstante, resultan insuficientes para detener la pérdida de biodiversidad. Las futuras estrategias deberían ir mucho más allá, hacia cambios profundos en el modelo agrícola y en la gestión del paisaje de Europa. “Es probable que sean necesarias nuevas estrategias en los sistemas de producción agrícola y de extracción de madera y una mitigación aún más fuerte del cambio climático para cambiar la situación”, afirma Bakx.

De lo contrario, los datos y porcentajes no harán más que aumentar. Esto no solo provocará que observar las alas de una mariposa en la montaña o las de un pájaro en el campo se convierta en una tarea difícil de cumplir, sino que también supondría una profunda degradación de los ecosistemas, en los que tienen un papel importantísimo.