“La número 3, estoy 99.99% seguro. Es ella, recuerdo su rostro. Ella es quien me abrió la puerta del edificio, me hizo ingresar al piso y abrió la puerta hasta que yo entré. En ese momento tenía el cabello de color rojo, bordó o de una tonalidad similar, largo hasta la altura de los hombros, labios grandes, tez blanca, de baja estatura -aproximadamente 1,55 metros-, y vestía un ambo de color rosa”. La víctima, pese al cambio de color de pelo de la sospechosa, la reconoció casi sin dudar.
La mujer es una de las tres integrantes de una banda de falsos cambistas acusados de robarle 13.000 dólares a dos personas en departamentos alquilados temporariamente en los barrios porteños de Palermo y Saavedra. El fiscal Leonel Gómez Barbella, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°7, solicitó la elevación a juicio de los imputados a la jueza Vanesa Peluffo, titular del Juzgado N°63 del mismo fuero.
Los hechos ocurrieron el 20 de mayo y el 29 de octubre de 2025. En ambos casos, los imputados recurrieron a un modus operandi similar: alquilaron viviendas a través de la plataforma Booking, con identidades falsas, para atraer a sus víctimas con la excusa de un intercambio de dinero.
El primer episodio se produjo el 20 de mayo de 2025 en un departamento de la calle Paraguay al 3400. Según la acusación, una mujer que se identificó como “Ana Roitman” contactó al propietario a través de Booking y reservó el inmueble del 20 al 23 de mayo. Tras confirmar la reserva, indicó que abonaría mediante transferencia.
Ese mismo día, el jefe de la víctima —un empleado de una empresa agropecuaria— le pidió que contactara a la supuesta “Dra. Roitman” para concretar el intercambio de una suma de dinero. En la puerta del edificio, J.A.A., vestida con un ambo rosa, lo recibió y lo condujo hasta un departamento del cuarto piso, donde tres hombres —entre ellos J.M.C.— lo interceptaron con un arma de fuego y lo obligaron a ingresar por la fuerza.
Una vez dentro, los agresores golpearon a la víctima en la cabeza, le sustrajeron la mochila con 10.000 dólares y un celular de uso laboral, y lo maniataron con precintos antes de encerrarlo en el baño. El hombre logró comunicarse desde su teléfono personal, que no había sido robado, con un compañero que esperaba afuera y que lo ayudó a liberarse.
“Los imputados actuaron de consuno con división de tareas para perpetrar los injustos que nos ocupan, por lo que corresponde agravar el tipo penal de robo”, sostuvo el fiscal Gómez Barbella en su requerimiento.
Meses más tarde, el 29 de octubre, una mujer identificada como “Cecilia Rivas” reservó un departamento en la calle Superí al 3700, también a través de Booking, y le indicó a la propietaria que su sobrino se encargaría de pagar el alquiler. L.M.C. cumplió con ese pago pasado el mediodía y obtuvo las llaves, con las que luego permitió el ingreso de J.A.A. y de otro hombre no identificado.
Pasadas las 16.30, J.A.A., esta vez con un ambo rojo, recibió a un hombre que había llegado al lugar para cambiar 3.000 dólares. Los dos hombres lo sorprendieron, le exhibieron un arma, lo ataron con precintos y le sustrajeron el dinero antes de escapar. La víctima comenzó a gritar y fue rescatada por la hija de la propietaria del inmueble.
Estos dos episodios se sumaron a una investigación iniciada el 8 de septiembre de 2025, cuando un hombre denunció el robo de 30.000 dólares a uno de sus empleados en un departamento de la calle Junín al 1600, en Recoleta. En esa ocasión, la víctima había concurrido al lugar para cambiarle 45.900.000 pesos a una mujer que la había contactado un día antes por WhatsApp.
Esa causa, que originalmente tenía autores desconocidos, permitió identificar a J.A.A., L.M.C. y J.H.C., quienes ya fueron requeridos a juicio en enero de este año por su participación en el robo ocurrido el 1° de septiembre de 2025.
En su nuevo requerimiento, el fiscal pidió juicio oral para J.A.A. y L.M.C. como coautores, y para A.C.P. (60) como partícipe necesario de uno de los hechos, por haberse ocupado del alquiler del departamento de la calle Paraguay.
Gómez Barbella calificó los hechos como robo agravado por haberse cometido en poblado y en banda y por el uso de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no pudo acreditarse, además de privación ilegal de la libertad agravada. Entre los elementos probatorios, el fiscal destacó una transferencia realizada el 19 de mayo desde una cuenta de Mercado Pago a nombre de un hombre al que A.C.P. solía pedirle que efectuara pagos a terceros, y el análisis de antenas de telefonía que ubicó a A.C.P. en la zona del hecho.
Además, una de las víctimas reconoció a J.A.A. en una rueda de reconocimiento realizada el 29 de abril, y en un allanamiento a la vivienda de la mujer se secuestraron prendas de vestir similares a las utilizadas durante los robos.
Sobre la privación ilegal de la libertad, el fiscal remarcó que, en el primer hecho, la víctima “permaneció privado de su libertad habiendo sido maniatado y encerrado en el departamento, aplicándole intimidaciones y golpes, no solo mientras se consumaba el injusto sino que después de que se dieron a la fuga, lo dejaron en esas condiciones atado sus manos con precintos, concretamente en el baño, indicándole que no podía salir hasta que alguien lo buscara”. En el segundo episodio, el hombre “también fue atado de pies y manos con precintos, pero a diferencia del anterior, tras su fuga, los imputados dejaron abierta la puerta de acceso a la unidad”.
Gómez Barbella sostuvo que la privación se extendió hasta que las víctimas fueron rescatadas por vecinos, conocidos o personal policial, y agregó que quedó acreditada “la ejecución conjunta de los hechos, pues ambos fueron perpetrados en el marco de un plan previamente acordado por los acusados y sus consortes, cada uno de los cuales cumplió un rol determinado”.



