La reducción de las lluvias podría aumentar la presión sobre los sistemas de abastecimiento agua y generación eléctrica del país. - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Juan Camilo Restrepo, ingeniero ambiental y docente de la Universidad del Norte, advirtió que la reducción de lluvias y las limitaciones de la infraestructura podrían aumentar el riesgo de restricciones en el suministro de agua y energía en distintas regiones de Colombia.

El académico sostuvo en entrevista con Blu Radio, en el programa Sala de Prensa Blu, que el impacto del fenómeno dependerá de la intensidad de la sequía, los niveles de los embalses, la capacidad de las redes de acueducto y la respuesta institucional ante la disminución de los caudales.

Según explicó Restrepo, el fenómeno de El Niño también podría afectar la producción agrícola y la generación de energía si se prolongan las condiciones de menor precipitación previstas para los próximos meses.

El docente señaló que el país ya enfrenta situaciones relacionadas con incendios forestales, sequías, inundaciones en algunas zonas y dificultades de suministro en determinados municipios. Afirmó que la discusión debe centrarse en la capacidad de Colombia para responder a eventos climáticos de este tipo.

Estamos frente a un fenómeno extremo que claramente va a tener consecuencias”, afirmó. El experto precisó que los efectos no serían comparables de forma directa con una emergencia sanitaria, aunque podrían tener repercusiones prolongadas sobre la economía, el bienestar y los servicios básicos.

El Niño altera el régimen de lluvias en Colombia

Restrepo explicó que el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur tiene origen en el Pacífico ecuatorial y está relacionado con cambios en la distribución del calor en el océano. Esas variaciones afectan los patrones de temperatura, vientos y lluvias en diferentes regiones del planeta.

En Colombia, uno de sus principales efectos consiste en la disminución de las precipitaciones. El académico indicó que el país suele registrar un aumento de las lluvias durante los episodios de La Niña, mientras que El Niño se asocia con periodos más secos.

“El fenómeno del Niño es un fenómeno natural”, sostuvo el ingeniero ambiental. Agregó que existen registros de su ocurrencia desde hace miles de años y que su periodicidad puede variar entre cinco y siete años.

Según Restrepo, el actual episodio puede tener una mayor incidencia por su magnitud y por la coincidencia con otros patrones climáticos, como la oscilación decadal del Pacífico. El experto mencionó que esa combinación puede incrementar los efectos sobre la disponibilidad de agua.

Restrepo explicó que el Fenómeno de El Niño está asociado con periodos de menor precipitación y que sus efectos podrían extenderse hasta los primeros meses de 2027. - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Los efectos podrían extenderse durante los primeros meses de 2027

Durante la conversación indicó que el pico del fenómeno podría registrarse entre noviembre y diciembre de 2026. También planteó que sus consecuencias podrían prolongarse hasta febrero, marzo o abril de 2027.

El docente añadió que, si se alteran los ciclos de lluvia esperados para el próximo año, las afectaciones podrían mantenerse hasta mayo o junio de 2027. Esa posibilidad, aclaró, depende del comportamiento de las precipitaciones y de la evolución del evento climático.

La reducción de las lluvias puede comprometer las fuentes de abastecimiento de agua en municipios que no disponen de sistemas de almacenamiento suficientes o que dependen directamente de ríos y quebradas. Restrepo señaló que el problema no se limita a la cantidad de agua disponible, sino también a la capacidad de captar, tratar y distribuir el recurso.

“¿El sistema energético tiene reservas? ¿Las fuentes de abastecimiento de agua potable son suficientes? ¿Los sistemas de irrigación en la agricultura están operando?”, planteó el académico al referirse a los interrogantes que deberían orientar la preparación del país.

Restrepo explicó que el bajo caudal del río Magdalena puede afectar el funcionamiento de las bocatomas y dificultar la captación de agua para las comunidades cercanas. - crédito Alcaldía de Barranquilla (Archivo)

El río Magdalena y las dificultades para captar agua

Restrepo se refirió al caso del río Magdalena para explicar que un caudal reducido no implica necesariamente que no exista agua disponible para las poblaciones cercanas. Según las cifras citadas por el experto, el río tendría un caudal de entre 4.100 y 4.200 metros cúbicos por segundo, mientras que su promedio ronda los 7.000 metros cúbicos por segundo.

El profesor señaló que ese volumen podría ser suficiente para abastecer a muchas comunidades, pero advirtió que las variaciones en el nivel del río afectan el funcionamiento de las bocatomas. La acumulación de sedimentos y la formación de islas fluviales pueden dejar las estructuras de captación fuera de alcance.

“El problema es la infraestructura”, afirmó Restrepo. Explicó que varios municipios no cuentan con los recursos técnicos para reubicar las tomas de agua o adaptar sus sistemas cuando cambian las condiciones de los ríos.

El experto también alertó sobre la calidad del agua. Indicó que, cuando disminuye el caudal, el río tiene menor capacidad para diluir contaminantes. Esa situación puede exigir una mayor capacidad de tratamiento en plantas de agua potable, especialmente en municipios intermedios.

La generación eléctrica depende de la disponibilidad de agua

El docente afirmó que la generación de electricidad es uno de los sectores expuestos a una reducción prolongada de las lluvias. Según indicó, entre 75% y 78% de la generación de energía en Colombia depende de la disponibilidad de agua.

Restrepo recordó que el país vivió un apagón entre 1992 y 1993, pero sostuvo que hoy existe una mayor dependencia de la electricidad por el uso de plataformas digitales, servicios bancarios, transporte, comunicaciones y aplicaciones.

El mayor riesgo que tenemos todos es que nos enfrentemos a un racionamiento de agua o energía”, dijo el experto. Aclaró que las restricciones dependerían de las reservas disponibles, los embalses y la capacidad de los sistemas de suministro en cada territorio.

También afirmó que las obras requeridas para ampliar la capacidad de generación y almacenamiento no se ejecutan en pocos años, debido a los procesos técnicos, ambientales y sociales que demandan este tipo de proyectos.

El experto llamó la atención sobre las pérdidas de agua en las redes de distribución, que en algunos sistemas pueden alcanzar entre 40% y 50%. - crédito Acueducto de Bogotá (referencia)

Las redes de acueducto y el desperdicio de agua

Restrepo mencionó a Bogotá, Medellín, Santa Marta y San Andrés al hablar de los retos que enfrentan las grandes ciudades y otros territorios con problemas históricos de abastecimiento.

El académico sostuvo que el crecimiento de la población debe ir acompañado de una expansión de los sistemas de agua potable. En el caso de Bogotá, señaló que el aumento de habitantes en las últimas décadas ha elevado la demanda sobre la infraestructura existente.

También se refirió a las pérdidas de agua en las redes de distribución. Según explicó, en algunos sistemas puede perderse entre 40% y 50% del recurso antes de que llegue a los hogares.

“De cien gotas se pierden entre cuarenta y cincuenta”, señaló Restrepo. El experto planteó la necesidad de modernizar las redes, fortalecer los distritos de riego y realizar estudios sobre el uso de agua subterránea para fines domésticos y agrícolas.