Franco Colapinto posa para Elle y revela su lado más humano: "A veces cuesta recordar que también hay que parar"
Las entrevistas a Franco Colapinto suelen transcurrir entre el olor a neumático, la adrenalina de los boxes y el rugido de los motores, inmediatamente después de bajarse de su monoplaza Alpine. Sin embargo, el carismático piloto de 21 años ha demostrado que su magnetismo va mucho más allá de los cir

Las entrevistas a Franco Colapinto suelen transcurrir entre el olor a neumático, la adrenalina de los boxes y el rugido de los motores, inmediatamente después de bajarse de su monoplaza Alpine. Sin embargo, el carismático piloto de 21 años ha demostrado que su magnetismo va mucho más allá de los circuitos. En una aparición pública completamente diferente, Colapinto protagonizó una sesión de fotos para la prestigiosa revista europea Elle y se prestó a una conversación reflexiva que revela quién es realmente cuando se apagan las luces de la pista.
VIVIR A FONDO Y EL ARTE DE SABER PARAR
Debajo del casco y lejos de la velocidad de la Fórmula 1, Franco se define como una persona impaciente y ansiosa que va "a fondo durante todo el día". Esta intensidad, que resulta indispensable a más de 300 kilómetros por hora, también se manifiesta en su rutina diaria debido a los constantes viajes y cambios de escenario que exige su profesión.
No obstante, el piloto demuestra una madurez sorprendente al reflexionar sobre los ritmos de la vida moderna. Colapinto advierte que, como sociedad, "estamos todos un poco pasados de revoluciones". Aunque la inercia del mundo actual empuje a seguir corriendo de manera permanente, él rescata la importancia de bajar la marcha: "A veces cuesta recordar que también hay que parar".
LA CABEZA FRÍA Y LA SANGRE CALIENTE
El camino hacia la élite del automovilismo implicó para el argentino no solo un crecimiento técnico, sino también un profundo proceso de adaptación cultural. Al comparar su temperamento con el de los europeos —a quienes describe como personas bastante más frías—, Franco confiesa que en sus inicios le costaba controlar sus reacciones. "Yo tenía la sangre muy caliente y cada cosa me la tomaba a pecho", explica.
La máxima categoría, sin embargo, no perdona los impulsos. En el automovilismo se necesita mantener la mente fría y no permitir que las emociones dominen las decisiones en la pista. El gran logro de Colapinto ha sido aprender a asimilar la tranquilidad y los aspectos prácticos de la cultura europea, pero logrando un equilibrio crucial: incorporar esas herramientas sin dejar de ser fiel a su propia identidad y raíces.
UN CAMPEÓN EN CONSTANTE CONSTRUCCIÓN
La ambición de Franco no tiene techo, pero sus pies permanecen firmes sobre la tierra. Sus metas a corto plazo son claras: quiere seguir creciendo dentro de la Fórmula 1 y conseguir un podio en un futuro cercano.
A largo plazo, el sueño máximo que persigue desde la infancia sigue siendo coronarse campeón del mundo. Sin embargo, lejos de la soberbia, el piloto de Alpine asume el desafío con absoluta consciencia del esfuerzo necesario. Sabe perfectamente que aún le queda mucho por aprender y un largo camino por construir, paso a paso, junto a su equipo.


