
Cuando un delincuente cae, sus amigos se lamentan. Y en la Argentina de 2026, lo hacen, invariablemente, por Instagram.
Tomás Ignacio Felice, alias “El Cica” o “Cara de Bebé” fue capturado la semana pasada por el asesinato a golpes de Alberto Espínola Castillo, comerciante, oriundo de Paraguay, dedicado al negocio de la construcción. El 10 de diciembre de 2024, cinco sospechosos entraron a su casa del barrio La Loma para darle una paliza frente a su mujer y llevarse seis mil dólares. Espínola, humillado frente a su pareja, murió poco después por las heridas que sufrió. No le quedaba mucho para jubilarse: cumpliría los 65 años en dos meses.
La UFI N°4 de Lomas de Zamora, con la fiscal Silvana Estevez, decidió intensificar la búsqueda y convocó a la División Homicidios de la PFA, reconocida por su alta efectividad para resolver casos fríos. Así, “Cara de Bebé” cayó en Remedios de Escalada. Entonces, sus amigos comenzaron a postear.

“Hasta la vuelta compañero, te amo”, comentó uno, con el emoji de la Estatua de la Libertad. “Mal ahí compañero R8, que sea en la brevedad (sic) Tomy amigo”, siguió otra story, con el mismo emoji de la Estatua de la Libertad. “R8″ no es otra cosa que “rrocho”, o chorro al revés. “Acá vamos a estar hermanito, sabelo, la concha de la gorra”, dijo otro, sin saber que la gorra monitoreaba sus posteos.
Las imágenes son bastante paródicas: “Cara de Bebé” posa en boliches y en juntadas, en selfies de espejo. Se sabe prófugo y se tapa la cara a medias. Otras stories de sus amigos, precisamente, lo metieron preso.
Tras el crimen, descubrieron los investigadores, había dejado su domicilio en Gerli y cerrado sus redes sociales. Sin embargo, las billeteras virtuales del acusado podrían ser una pista. Parecía que había cerrado todas también, no tenía ninguna activa. Sin embargo, quedaba una, y la empleaba a su nombre. La División Homicidios encontró sus movimientos, pagos chicos.

A quienes Felice les pagaba se convirtió en la pistan siguiente. Los receptores de su plata eran varios jóvenes de la zona de Villa General Balcarce en Remedios de Escalada. Al contrario de “Cara de Bebé”, estos jóvenes, sus amigos, sí usaban sus redes sociales. Posteaban stories en Instagram; la Federal comenzó a monitorearlas.
Allí, vieron cómo el prófugo por el crimen de Espínola posaba con sus amigos. Los murales que se veían en las imágenes dieron las coordenadas. Tras montar una vigilancia, lo encontraron en la calle San Salvador al 3000. Vecinos del barrio intentaron rescatarlo a piedrazos, sin éxito.





