La controversia surgió cuando Jorge Eduardo Barón, hijo del reconocido presentador, compartió en redes sociales un relato sobre un intento de robo en el centro de Bogotá.
El episodio, que pretendía denunciar la inseguridad urbana, tomó un giro inesperado al incluir expresiones que muchos calificaron como clasistas y aporofóbicas. La reacción fue inmediata y la discusión se trasladó a distintas plataformas digitales.
Barón narró que, tras salir del Congreso, “nos topamos con un habitante de calle que nos pidió plata. Yo no tenía cambio, no tenía eso. Entonces le dije: ‘Amigo, no puedo’. Pues bueno, trató de atracarnos el desgraciado a plena luz del día”. Según su versión, aunque había policías y transeúntes cerca, el episodio lo obligó a huir y defenderse. “Afortunadamente logramos salir de su esfera de ataque. Y nada, pues me dañaron el saco primero que todo”, detalló.
Frases y reacciones en redes tras la denuncia
Lo que encendió la polémica no fue solo el relato del incidente, sino la forma en la que Barón se refirió a las personas en situación de calle: “Ellos son personas desechables, miserables, que no le aportan nada a la sociedad, que están en un estado de drogadicción sin precedentes”. Además, sostuvo que “la administración pública tiene que hacer algo” y que la ciudad “necesita mano dura”.

La publicación de Barón rápidamente cosechó respuestas indignadas. Un usuario le replicó: “Decir que todo habitante de calle es delincuente, es tan estúpido como asegurar que todo delincuente es habitante de calle”. Otros optaron por un lenguaje más directo: “Usted es un soberano hijo de putero insoportable. Qué asco la gentuza como usted”.
Entre los comentarios, hubo quienes recordaron el origen del término “desechable”: “La palabra desechable fue inventada por los carteles de la mafia colombiana en los 80, cartel de Cali y Medellín, que utilizaron para hacer masacres de persona indigentes”. Al mismo tiempo, surgieron respuestas irónicas como “Me parece más despreciable ponerse en este plan aporofóbico” o “Le robó el cepillo de dientes al parecer”.
A pesar de las críticas, algunos respaldaron la idea de aplicar medidas más severas: “Exacto ese tema ya se está saliendo de las manos, se debe tomar mano dura”. Otros, en cambio, ironizaban con frases como “Monte el grupo de limpieza social que quiere y listo”.
Debate público y análisis de Juan Lozano
El politólogo Juan Lozano fue uno de los primeros en abordar el caso desde una óptica más amplia. “Es evidente que el hijo de Jorge Barón, Jorge Barón Junior, nunca, nunca ha pasado hambre. Y eso explicaría su falta de empatía. Pero esto va más allá de simplemente indignarse porque lo iban a robar”, reflexionó.
En su análisis, Lozano advirtió sobre el riesgo de generalizar y deshumanizar: “Esto no es solamente un ataque a un individuo, a un delincuente. Esto es la deshumanización absoluta de todo un grupo social. La forma en como los llama... Desechables, miserables, que no le aportan nada a la sociedad. No es la forma de referirse a seres humanos que, voluntaria o involuntariamente, no tienen medios para vivir fuera de la calle”.
Para contextualizar el fenómeno, Lozano recurrió a la teoría de la “ventana de Overton”. Según explicó, “hay cosas que van de lo popular a lo impensable” y explicó esto con cachorros: “Si usted adopta uno, nadie lo va a mirar mal, todo lo contrario. Sin embargo, si usted en lugar de adoptarlos, por ejemplo, los patea, eso sería algo impensable e inclusive ilegal, porque como sociedad determinamos que ese no es un comportamiento aceptable”. Enfatizó que los límites de lo aceptable pueden desplazarse, citando el ejemplo de Donald Trump y su retórica.

El dilema social: ¿cómo abordar la seguridad y la marginalidad?
La reacción a las palabras de Barón se convirtió en un debate sobre seguridad y exclusión social. Lozano señaló: “Ese es un bandido más. Es una frase que además de ser una generalización indebida, busca deshumanizar y justificar cualquier cosa que le pueda pasar a los habitantes de calle”.
En el centro de la discusión, Lozano recordó la diversidad dentro de la población sin hogar: “Tenga en cuenta que hay por lo menos dos grandes grupos que componen los habitantes de calle, que no escogieron su situación y no son necesariamente delincuentes. En uno tenemos aquellos que fueron abandonados en su infancia, que fueron desplazados por la violencia o simplemente marginados por sus condiciones económicas, pobreza, y aquellos adultos mayores que por una u otra razón... terminaron en la calle”.
El politólogo dejó claro que, si alguien comete un delito, debe ser judicializado, pero criticó el discurso que “justifica la limpieza social por algo que no le pasó, porque ni siquiera lo robaron”. Concluyó con contundencia: “Eso es de hijueputas. Mire, la vida de un habitante de calle es dura de por sí. Tienen alta tasa de enfermedades, baja expectativa de vida, son discriminados y excluidos”.