Imagen de la mandíbula de la aristócrata Anne d'Alègre (Journal of Archaeological Science: Reports / Wikimmedia Commons)

Sobre un promontorio rocoso que domina el río Mayenne, al noroeste de Francia, se erige una imponente fortaleza medieval del siglo XI. Durante siglos, una generación de aristócratas tras otra habitó entre los muros del Castillo de Laval y su estancia dejó huellas que han llegado hasta nosotros.

Cuando un grupo de arqueólogos llegó al castillo en 1988 y abrieron uno de los ataúdes, encontraron una mujer que llevaba 350 años fallecida y que, gracias a que había sido embalsamada, se encontraba en óptimas condiciones.

Sin embargo, lo extraordinario no fue el hallazgo del cadáver, sino el estado en el que se encontraban sus dientes. Alrededor de ellos se enrollaba una especie de hilo metálico, pero no supieron ofrecerle una explicación por las limitaciones técnicas del momento.

Fue necesario que pasaran 35 años para que los arqueólogos volvieran a abrir aquel féretro dispuestos a resolver el misterio gracias a los nuevos escáneres. Así descubrieron que el cuerpo pertenecía a la condesa Anne d´Alègre, cuyo entierro en la necrópolis de los condes de Laval había sido rechazado por la Iglesia debido a su fe protestante. Por ello, la tumba de esta aristócrata, que murió a los 54 años, es la única hallada en la capilla del castillo de Laval durante aquella excavación de 1988.

Lo que tenía entre los dientes una aristócrata

Los análisis más recientes no solo revelaron la identidad de Anne d´Alègre, la condesa fallecida en 1619, también explicaron qué era lo que tenía enrollado entre sus dientes. Los resultados del estudio se publicaron en 2023 en la Journal of Archaeological Science: Reports revelaron que Anne d´Alègre utilizaba un alambre de oro para sujetar los dientes y conservarlos. Además, tenía una prótesis dental tallada en marfil de elefante (algo poco frecuente en la Europa de principios del siglo XVII) que reemplazaba el incisivo central perdido.

Vista macroscópica del elemento protésico. A, B y D: Vista vestibular; C: Vista oclusal. B: Vista macroscópica vestibular de la ligadura entre el 14 y el 15 (Colleter et al., J. Archaeol. Sci. Rep. , 2023)

La condesa que sufría de periodontitis avanzada

Los autores aplicaron tecnologías digitales propias de la odontología moderna, como la tomografía computarizada dental (CBCT) y el escaneo intraoral en 3D, lo que permitió reconstruir digitalmente el estado bucal de la paciente, evaluar lesiones periodontales y estudiar con precisión las prótesis encontradas.

Con base en la clasificación de enfermedades periodontales de 2018 (la American Academy of Periodontology y la European Federation of Periodontology), los expertos diagnosticaron una periodontitis avanzada, algo inédito en paleopatología, pues es la primera vez que este sistema se usa para analizar restos arqueológicos.

Según las reconstrucciones digitales, estas piezas artificiales presentan signos de desgaste compatibles con un uso prolongado en vida y no fueron colocadas tras el fallecimiento. Además, los rastros de oro sobre numerosos dientes evidencian intervenciones sucesivas, lo que implicó un “presupuesto de mantenimiento” elevado y acceso a soluciones reservadas a las élites.

Los dientes: una cuestión de salud, estética y estatus social

En la sociedad del siglo XVII, la pérdida de dientes tenía impacto en la apariencia y en el estatus social femenino. De hecho, las crónicas históricas y los médicos de la época, como Ambroise Paré, consideraban que las mujeres desdentadas podían resultar “depravadas” en su discurso y perder respetabilidad.

“Más allá del mero cuidado terapéutico, la importancia concedida a la apariencia en las mujeres aristocráticas sometidas a presiones sociales, como el estrés o la viudez, fue un factor fundamental para entender la implantación de estas prótesis”, recogen los autores.