
El caso Angie Peña sumó este viernes un nuevo elemento que vuelve a enfrentar públicamente a antiguos y actuales responsables de la seguridad en Honduras.
Un video grabado por Dereck Isaac McNeil James antes de su asesinato muestra al testigo protegido asegurando que existía un supuesto plan para matar a Julissa Villanueva, exviceministra de Seguridad y exdirectora de Medicina Forense.
McNeil fue asesinado el 17 de agosto en Roatán.
Ahora, semanas después de su muerte, sus palabras reaparecen justo cuando el ministro de Seguridad, Gerzon Velásquez, sostiene que el homicidio no estaría relacionado con su participación como testigo en la investigación por la desaparición de Angie Peña.
“Hay planes incluso de matar a la doctora Villanueva”
En la grabación, McNeil asegura que temía por su vida y afirma que también existían supuestos planes contra Villanueva debido a su involucramiento en las investigaciones relacionadas con Angie.
El testigo dirigió además acusaciones extremadamente graves contra miembros de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC), a quienes vinculó con narcotráfico, manipulación de evidencias y otros delitos.
Esos señalamientos deben tratarse con una precisión esencial: son afirmaciones de McNeil y no hechos judicialmente establecidos.
Hasta ahora no existe información pública que permita afirmar que las acusaciones contenidas en el video hayan sido corroboradas mediante sentencias o investigaciones concluyentes.
La reacción de Julissa Villanueva
Villanueva respondió este viernes con un duro mensaje dirigido a las autoridades de Seguridad.
La exfuncionaria acusó a la Secretaría de Seguridad y a la Policía Nacional de intentar “desvirtuar la memoria” de McNeil después de su asesinato.
Sostuvo que el testigo identificado como AR1 contaba con un criterio de oportunidad y que su declaración estaba acompañada, según ella, por otras pruebas que respaldaban partes de su versión.
También afirmó que la muerte del testigo estuvo relacionada con la información que poseía y reclamó una depuración urgente del sistema de justicia y seguridad.
Estas afirmaciones también representan la postura de Villanueva y no una conclusión judicial.

Dos versiones completamente opuestas
La disputa pública resulta especialmente llamativa por su timing.
Horas antes, Velásquez había negado que el asesinato de McNeil estuviera vinculado con Angie Peña y aseguró que las investigaciones apuntan hacia otros conflictos personales y presuntas actividades irregulares atribuidas al fallecido.

La versión oficial plantea que, como McNeil ya había rendido una declaración anticipada, matarlo no habría eliminado esa prueba del expediente.
Villanueva sostiene prácticamente lo contrario: que desacreditarlo después de muerto busca restar fuerza a la información que dejó.
Entre ambas posiciones falta todavía el elemento decisivo: la evidencia de la investigación penal.

El video no prueba por sí mismo un complot
La aparición de una grabación póstuma puede tener un fuerte impacto público, pero no equivale automáticamente a una prueba judicial.
Los investigadores deberán establecer cuándo fue grabada, bajo qué circunstancias, qué información adicional entregó McNeil formalmente y si existen documentos, comunicaciones, testimonios o peritajes que respalden alguno de sus señalamientos.
Ese punto resulta crucial porque McNeil ya había realizado otras afirmaciones de alto impacto.
En otro video divulgado esta semana aseguró: “Yo estuve ahí, yo vi a Angie Peña”, declaración que volvió a colocar su testimonio en el centro del caso.
La pregunta ahora alcanza a las propias instituciones
El nuevo material abre una dimensión que ya no involucra únicamente la desaparición de Angie Peña.
También obliga a preguntar si las autoridades investigaron las amenazas denunciadas por un testigo protegido antes de que fuera asesinado y si existe algún elemento que respalde sus acusaciones contra funcionarios públicos.

Seguridad insiste en que su muerte responde a otras circunstancias.
Villanueva sostiene que existe un intento de desacreditar a alguien que dejó información sensible.
Y McNeil ya no puede defender su versión.Por eso, el próximo paso no debería ser decidir públicamente quién tiene razón.
Debería ser establecer qué parte de todo lo que dijo Dereck McNeil puede demostrarse con pruebas.




