
El asesinato del empresario Gustavo Aponte y de su escolta, el subintendente retirado Luis Gabriel Gutiérrez, en el norte de Bogotá dejó a dos familias enfrentando un vacío imposible de llenar. A seis meses del crimen, la captura de uno de los presuntos implicados dio un giro a la investigación.
La Fiscalía General de la Nación estableció que el ataque, ocurrido el 11 de febrero de 2026 en el sector de La Cabrera, habría sido dirigido por error contra Aponte y Gutiérrez.
En este caso, el ente investigador logró identificar a una estructura criminal que utilizó un grupo de WhatsApp, denominado Los Gladiadores, para coordinar el seguimiento y la ejecución del atentado. La investigación permitió la captura de Leonel Enrique Llanos Paternina, señalado de realizar labores de vigilancia y logística previas al crimen. Tras la detención, Llanos fue presentado ante un juez de control de garantías en Villavicencio.
A la vez, las autoridades buscan a otros siete presuntos integrantes de la banda, identificados en comunicaciones de un grupo de mensajería bajo los alias de Moncayo, JJ, Bamb, Pequeño, Junio, Zorros y Carepapa.

La reacción de la familia de Gutiérrez fue de conmoción. Miguel Ángel Gutiérrez, hermano del escolta retirado, dijo a Noticias Caracol que recibió la hipótesis de la Fiscalía “con profunda tristeza” y que el dolor aumentó al conocer que, según esa versión, las víctimas “fueron las personas equivocadas que pagaron por este gravísimo error”.
En su testimonio al medio, Miguel describió una mezcla de tristeza, consternación e impotencia ante un hecho que, sostuvo, no debió ocurrir. “Todos en la familia estamos consternados, tristes y con impotencia, porque queda uno se pregunta, ¿por qué? ¿Por qué pasa esto?”, afirmó.
El hermano del escolta denunció fallas en el esquema de protección
Luis Gabriel Gutiérrez había trabajado entre cuatro y cinco años como escolta privado de Gustavo Aponte después de retirarse de la Policía Nacional. Según relató su hermano, durante ese tiempo él mismo advertía que el esquema de seguridad asignado al empresario era insuficiente.
“Él siempre manifestaba que el esquema de seguridad no era lo suficientemente robusto para cubrirlo, a don Gustavo”, dijo al canal. Añadió que, por lo que hoy se conoce, “solo estaba mi hermano” y que, más allá de que el ataque haya sido una equivocación, faltaba más personal para cubrir la vigilancia.

Miguel afirmó que no ha recibido información suficiente de parte de las autoridades sobre el avance de las pesquisas. Explicó que han intentado comunicarse con la Fiscalía y con los responsables del caso, pero que no han obtenido un acompañamiento ni detalles claros sobre la investigación.
Según su versión, la información “en teoría” le llega a su cuñada Ema, aunque sin un seguimiento que les permita conocer los progresos del proceso. También dijo que desconoce si la familia de Aponte enfrenta la misma situación, aunque cree que podría tener más elementos por la participación del exfiscal Mario Iguarán.
La familia pidió capturas y una respuesta judicial eficaz
La comparecencia de alias Tony no cerró el reclamo de los allegados. El señalado se declaró inocente de los cargos imputados, mientras la búsqueda de los otros presuntos miembros de Los Gladiadores sigue abierta.
Frente a ese escenario, Miguel Ángel Gutiérrez pidió que todos los partícipes sean capturados y judicializados. “Yo lo único que pido es que de verdad se haga justicia, que capturen a todos los implicados”, dijo a Noticias Caracol, y reclamó que las autoridades no permitan que los responsables escapen.

También planteó que el caso debe sentar un precedente por el daño causado a las dos familias. En su relato, no se trata solo de una pérdida individual: habló de padres, hermanos e hijos atravesados por una violencia que, dijo, siguen padeciendo y sufriendo.
El hermano del escolta describió a Luis Gabriel Gutiérrez como un hombre trabajador, honesto y volcado a su familia. Recordó que, tras la muerte de su padre casi un año antes del crimen, él había asumido un papel de apoyo y conducción dentro del hogar.
“La vida de él eran sus hijos, su familia”, sostuvo. Según contó, dejó dos hijos: una niña de 6 años y un joven de 19 años, quienes hoy están al cuidado de su madre con apoyo de sus familiares.
Miguel insistió al final de la entrevista a Noticias Caracol que ninguna decisión judicial reparará el vacío que dejó el crimen, pero remarcó que la familia espera una respuesta eficaz del sistema. “Sí queremos ver que hay una ley, que hay una justicia que es eficaz”, afirmó, y pidió que se identifique y procese a todas las personas que participaron en el ataque.